JUDIOS

Cómo se divertía el pueblo hebreo en la antigüedad

Por: Norma Kraselnik

El Talmud y la Biblia mencionan muchos juegos de ingenio y destreza implicados en sus célebres pasajes.
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El pueblo hebreo ha dejado evidencias de los múltiples tipos de juegos con los que solía entretenerse en sus tiempos de ocio.

La raíz hebrea que expresa la condición lúdica es “S.J.K” (Lesajek, jugar) y así aparece en la Biblia hebrea. También encontramos el verbo “TZ.J.K” (Litzjok, reír) denotando una situación de juego, aunque en ocasiones más cercanas a la burla o mofa. El joven Ismael “juega” con el pequeño Isaac; los hebreos en el desierto esperan el descenso de Moisés con la Ley, mientras danzan y “juegan”; el profeta Zacarías, en una visión futura, se imagina las calles de Jerusalén repletas de niños y niñas “jugando”.


Enigmas, acertijos y adivinanzas son otras formas de juego en donde el lenguaje ocupa un primer plano. En la celebración de su boda, Sansón propone un enigma a los habitantes de Timná (Jueces 14:12) y la reina de Saba pone a prueba al rey Salomón a través de adivinanzas (I Reyes 10:1-3).

A partir de las excavaciones arqueológicas, han salido a la luz evidencias de juegos de mesa de la época bíblica. En las ciudades de Beit Sheán, Beit Mirsim y Beit Shemesh, se hallaron tableros de más de 3500 años de antigüedad, que hoy en día están expuestos en el Museo de Jerusalén y en el British Museum.

De la época post-bíblica registramos la práctica de juegos con una clara influencia de las culturas babilónica, persa y grecorromana. La Misná da cuenta de juegos acrobáticos y malabares realizados con antorchas, cuchillos y huevos. En el Talmud se citan juegos con pelota, nueces, huesos y piedras. Y aparecen varias menciones a juegos de tablero similares al dominó y las damas. Nardshir es el término con el que se conoce en esta época a un juego de mesa que más tarde sería traducido como Ishkakish, ajedrez. La alusión de este juego en una página del Talmud resulta simpática para nuestros días ya que hay un hombre quejándose ante un Rabí de que su esposa juega al Nardshir en exceso y no se ocupa de sus quehaceres domésticos. Algún comentarista posterior puso en duda que se trate del ajedrez y lo identificó como backgammon o Shesh-Besh por requerir de menor sofisticación intelectual, lo que justificaría la participación de una mujer.

En el S. II a.e.c. se construyó en la tierra de Israel un gimnasio deportivo de estilo griego, con la intención de practicar disciplinas, como la lucha y la natación a la usanza helénica. Años más tarde, en pleno apogeo del Imperio Romano, Herodes, el Grande, construyó en Cesaria un teatro, una arena y un hipódromo; y en Jerusalén, un teatro y un anfiteatro, y decretó la celebración de juegos cada cuatro años en honor al César, como se realizaba en otras ciudades romanas. Es sabido que allí se llevaron a cabo conciertos, carreras de caballos y luchas al mejor estilo romano.

Capítulo aparte merecen los juegos de apuestas, que van desde el juego de Kubiá o Pesipas (dados) hasta las competencias de vuelos de palomas. Muchos son los calificativos peyorativos que aluden a los ludópatas en las fuentes y las condenas que pesan sobre ellos, desde considerarlos parásitos hasta anularlos como testigos
en algún juicio; pero, sin dudas, la lectura y el estudio fueron el motor dominante de esta cultura, que superó ampliamente cualquier entretenimiento que tuvieran a disposición.