EL TEMPLO DE LOS JESUITAS CUMPLE 300 AÑOS

Cómo sobrevivió la iglesia más antigua de Buenos Aires

Por: Lara Salinas

San Ignacio sufrió una quema, inundaciones y hasta vibraciones por el tránsito que casi causan su derrumbe.
Comparte

En la era colonial, la viuda de un conquistador español donó el predio de la “Manzana de las Luces” a la Compañía de Jesús. Allí, medio siglo más tarde, el arquitecto jesuita Juan Krauss comenzaría la construcción de la iglesia más antigua de Buenos Aires que sigue en pie hasta hoy.

Este año, la iglesia San Ignacio de Loyola cumple exactamente 300 años desde que se terminó su edificación en Bolívar y Alsina. Esta parroquia de Montserrat es testigo de la historia argentina, pero también fue abandonada a su suerte a lo largo de los años, por lo que estuvo a punto de derrumbarse y se convirtió en blanco de disputas políticas y vandalismo.

San Ignacio fue un espacio de resistencia y vio nacer a la República. Durante las invasiones inglesas, sus túneles sirvieron como estrategia y táctica militar: los defensores de la ciudad los usaron para desplazarse, atacar por sorpresa y esconderse. Por el gran interés que despiertan estos inmensos pasadizos bajo tierra, la iglesia ofrece visitas guiadas a través de ellos. También el templo fue lugar de reunión de Cabildos Abiertos previos a la Revolución de Mayo. Era un espacio predilecto para nuestros próceres, ya que muchos de ellos completaron sus estudios en el establecimiento lindante –en la actualidad, Colegio Nacional de Buenos Aires– y tomaron en la parroquia la primera comunión. Cornelio Saavedra, Juan José Paso y Mariano Moreno fueron algunos de ellos. También, en San Ignacio, Bernardino Rivadavia optó por inaugurar la Universidad de Buenos Aires. Y en uno de los altares laterales de la iglesia, fue sepultado el prócer Juan José Castelli, vocal de la Primera Junta de Gobierno.

El “Templo de las Luces” fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1942 en un decreto por el cual la Nación se comprometió a asegurar su conservación y la protección del patrimonio. Pero en junio de 1955 esta fue una de las iglesias incendiadas en la ciudad durante el conflicto de Perón con la Iglesia. Al ver el edificio en llamas, el párroco Alberto Lattauda pidió ayuda al ejército, pero los militares se negaron a asistirlo. Una vez finalizada la revuelta, los bomberos controlaron el fuego, pero aun así se perdieron cuatro siglos de actas de sacramentos.

En 1994, la sacristía y los túneles se inundaban con las fuertes lluvias y el templo se llenó de humedad. Y las reparaciones estaban sujetas a los tiempos de la burocracia estatal, que no daba respuesta. A fines de los noventa, la estructura había cedido hacia el frente y también, como consecuencia de la vibración producida por el paso de los autos y colectivos, la fachada de Alsina se agrietó: San Ignacio estaba por derrumbarse. Fue entonces cuando el padre Francisco De la Mer, junto a una docena de feligreses, cortó la calle para protestar y concientizar acerca del problema. En 2013, durante una toma del Colegio Nacional, la iglesia fue vandalizada. Cinco alumnos entraron por los túneles y pintaron el piso con frases insultantes e incendiaron un banco y un altar del siglo XVIII.

A pesar de todos los embates sufridos a lo largo de los años, San Ignacio no cerró sus puertas y sigue recibiendo visitantes todos los días del año.