Evangelicos

Crece la asistencia en las cárceles

Por: María Montero

La presencia evangélica en las unidades penitenciarias bonaerenses creció fuerte en la última década. El éxito de la experiencia llevó a que se replicara en otras provincias e, incluso, en otros países. El impacto sanador de la fe.
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La cárcel “Cristo, la única esperanza” que funciona en la localidad bonaerense de Lisandro Olmos, es un penal exclusivamente para inter-nos evangélicos. En sus 26 pabe-llones no hay motines, disminuyó la agresividad y la reincidencia. Allí 980 cristianos comparten estudios y practican laborterapia en una convivencia pacífica.
En sus comienzos, en el año 2000, el Gobierno de la provincia le propuso al pastor Juan Zuccare-lli, presidente de la Federación de Consejos pastorales bonaerenses (Fecopeba), abrir una cárcel total-mente cristiana. Para ello le cedió una Unidad para 110 internos.
El trabajo fue tan exitoso que al poco tiempo le ofrecieron una pa-ra 300. Como no tenía nombre oficial, bautizó la unidad como “Cristo, la única esperanza”, con la certeza de que Dios tiene poder para transformar a los peores delincuentes. Este fue el origen de la Unidad 25 de Olmos. Rápidamente, su experiencia se extendió a otras provincias e incluso a muchas ciudades de diversos países, como Johannesburgo y Pretoria, en Sudáfrica, donde se adoptó el mismo nombre.
Gracias a su visión, de los 28 mil presos que tienen las cárceles de la provincia de Buenos Aires, 9800 son evangélicos y hay pabellones cristianos en todas las cárceles. La estrategia dentro del penal se basa en cuatro puntos fundamentales: La familia, el trabajo, la educación y la espiritualidad. Habitualmente visitan las unidades penitenciarias hombres y mujeres que tienen una vocación de servicio. Pero además, dentro de los penales, hay pastores y líderes in-ternos que asisten cotidianamente a la población.
También ofrecen ayuda a las familias. Por caso, cada sábado, durante las frías noches de invierno, por ejemplo, los jóvenes de la con-gregación reparten café, leche, tortas fritas, pan casero y golosi-nas a los familiares de los internos de la Unidad 1 de Olmos, que esperan hasta el día siguiente para visitar a sus seres queridos que están presos.
En la Unidad 33 de Los Hornos, donde se alojan madres con sus hijos, una vez al mes, con autorización de los jueces, un grupo de mujeres llevan a los niños a dife-rentes lugares de recreación.Pero la tarea con los presos no termina dentro del penal. En Mag-dalena, por ejemplo, la comunidad evangélica posee una granja de 6 hectáreas destinada a la rehabilita-ción, donde alberga a ex internos y les enseña diferentes oficios para que puedan reinsertarse en la sociedad. Busca disminuir así el ni-vel de reincidencia. El número impresiona: En 10 años pasaron por este programa 30 mil internos.