LA FE EN TIEMPOS DE CRISIS

Creer lleva a ver las cosas de otra forma

Una encuesta de la Universidad Abierta Interamericana revela que los creyentes son más optimistas que los no creyentes y se sintieron más contenidos por su religión frente a los sobresaltos que vivió el país últimamente.
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Los argentinos no ganamos para sustos. A los problemas locales -el conflicto del Campo, el recrudecimiento de la inflación, la pelea electoral- se sumó en el  ultimo año una crisis financiera que estremeció al mundo. Sin embargo, una encuesta del Programa de Estudios de Opinión Pública de la Universidad Abierta  Interamericana determinó que a los creyentes la angustia los ganó menos -o bastante poco- y, entre quienes se angustiaron muchos encontraron una contención en su religión y las estructuras religiosas. Más aún: los creyentes -en términos genera - les- tienen una actitud más esperanzada sobre la superación de los
problemas que los no creyentes. O, si se quiere, menos pesimista.
La encuesta, confeccionada especialmente para Valores Religiosos, confirma los datos del releva - miento realizado el año pasado por el CONICET y cuatro  universidades nacionales en cuanto al alto porcentaje de personas que man-i fiesta creer en Dios y la preponderancia numérica de los católicos, pese a la impresión de que la Iglesia Católica habría perdido no pocos fieles. Los datos   recogidos en diversos puntos del país por el Programa de Estudios de Opinión Pública de la Universidad Abierta Interamericana arrojan que un 88,4 % de la población cree en la existencia de un ser superior. En la muestra -de 1.830 casos efec-ti vos- se corrobora, al mismo tiempo, que solamente el 62.4% reconoce que practica regularmente alguna religión. Si se recalcula sobre el total de los habitantes resulta que más de la mitad de todos los argentinos (54,4%) realiza algún tipo de práctica más o menos regular. En cuanto a estos, el 84,1% dice hacerlo dentro de la Iglesia Católica.
Acerca del contexto internacional y los problemas del país, tres de cada diez argentinos adultos, creyentes o practicantes, dice sentirse presionado por la crisis financiera mundial y el rosario de sobresaltos vernáculos. Hasta aquí, entonces, parecería claro que la fe no evita la angustia que provoca lo mundano y, al mismo tiempo, clausura aquella vieja no - ción de que la religión es un  mecanismo de auto engaño que sirve de consuelo. Una perspectiva que alguna veztomó Chesterton al afirmar que “enseñar a la gente a creer en Dios puede ser una ardua tarea, aún entre los cristianos. Pero impedir que la gente piense en Dios  sería una tarea imposible aún entre agnósticos”. El estudio revela dentro del campo de las diferenciaciones que casi la mitad de los creyentes practicantes consultados que dijeron sentir el impacto de las crisis, encontraron un apoyo en su creencia que les permitió sobrellevar su angustia. Porcentaje que surge de sumar los que percibieron ese apoyo totalmente (15,2 %) y los que lo percibieron mucho (31,2%).
Respecto del futuro, el optimismo de los creyentes es casi el doble respecto del que tienen los no creyentes. Entre los primeros, el 30,7 % sostienen que encontraron un apoyo en su creencia que permitió avizorar una más pronta  solución, mientras que entre los no creyentes el porcentaje de optimistas solamente alcanza el 16,4. En el otro grupo, el de los pesimistas, los no creyentes suman un 57,4 %, mientras que entre los creyentes trepan al 48, 3%.
En definitiva, los creyentes tienen a la mano elementos para sobrellevar mejor los problemas: su confianza en un ser superior, el sentirse acompañados por su  entorno religioso (el clérigo, el grupo o movimiento). Y, en medio de tanto desencanto y temor por el futuro, una parte importante cree que los problemas se superarán y lo que viene será mejor. Así sea.