HACIA LA JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

Cuando la escuela va más allá de brindar formación

Por: María Montero

Los colegios de la Vicaría de Educación porteña en las villas dan contención a los alumnos y su familia.
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“En un mundo donde hay tantas riquezas, tantos recursos para dar de comer a todos, no se puede entender cómo hay tantos niños hambrientos, que haya tantos niños sin educación, y no hablamos sólo de asegurar a todos la comida, o un ‘decoroso sustento’, sino de que tengan ‘prosperidad sin exceptuar bien alguno’. Esto implica educación, acceso al cuidado de la salud y especialmente trabajo”.

Quien lo dijo es el Papa Francisco.

El próximo domingo 14 se celebra la 5° edición de la Jornada Mundial de los Pobres instituida precisamente por Francisco, que bajo el lema “A los pobres los tendrán siempre con ustedes” tiene como objetivo estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad.

En la ciudad de Buenos Aires la urgencia por responder a este llamado se concreta cada día en las aulas y patios de los colegios de las villas, donde se recibe a cada chico con todas sus necesidades y situaciones familiares.

“Buscamos que la escuela dé respuesta a sus vivencias con toda la diversidad, el dolor, la orfandad, el destrato y desamor que viven como familia, que puedan poner en valor toda la riqueza que ellos traen, su religiosidad popular, su creatividad en la fe, su solidaridad comunitaria, cosas de las que no se habla cuando se refiere a la pobreza o a las villas”, dice Victoria Scarci, directora de estudios del secundario Madre del Pueblo, de la villa 1-11-14, en el Bajo Flores.

En estos barrios la educación se contempla de una manera más amplia que los contenidos dentro del aula. Hay una dinámica donde la vida del barrio y la escuela impactan una en la otra. No reciben a un chico, sino a toda la familia y tratan que esa respuesta sea preventiva sobre situaciones que les afectan, armando una red de contención para que no estén solos o en los pasillos. “Les ofrecemos espacios donde pueden sentirse seguros a través del club, el oratorio los sábados y el movimiento infantil los domingos, es decir, potenciar un círculo virtuoso donde las familias sepan que encuentran amor y acompañamiento para tener mejor educación y calidad de vida”, señala Mariano Delio, director de la primaria.

En esta unidad que existe entre el colegio, el club y la parroquia hay un valor de lo comunitario que se refleja en cada ámbito. Nadie es ajeno a lo que vive el otro, todos se conocen con todos los conflictos y las fortalezas que ello implica. “Los talleres y materias específicas como Educación para la salud o Proyecto de vida en el secundario son espacios para poder decir qué me pasa y qué necesito –describe Delio-, donde la palabra pueda ser validada para solucionar los problemas y que no sea a través de la violencia. Tratamos que puedan soñar en un futuro, porque dada la marginalidad, su vida es furtiva, solo presente y supervivencia. Y ante situaciones más complejas recurrimos al gran trabajo de otras instituciones como el Hogar de Cristo que se especializa en adicciones y la Casita San José, en violencia infantil”.

“Esta es una población empobrecida y vulnerada en sus derechos, por eso ponemos foco en su riqueza”, apunta Scarci. Y agrega: “Traen cosas muy valiosas como la solidaridad, la vida entre vecinos, una comunidad que se conmueve con el otro, donde alguna familia cría a los hijos de un vecino si tiene que ir a trabajar, comparten la comida si no tienen, se conocen, saben los problemas y eligen acompañarse. Además tienen una gran capacidad para reinventarse, enfrentan las injusticias que a veces viven con solidaridad y se involucran con la vida del de al lado”

El Papa destaca que a menudo los pobres son considerados como una categoría que requiere un particular servicio caritativo. En nuestro país, con un índice de pobreza que roza el 47%, la propuesta de la próxima Jornada de los Pobres es asumir un cambio de mentalidad, el reto de compartir y participar. Como lo vive cada docente y directivo de las escuelas de las villas, “ellos tienen mucho que enseñarnos”. Como dice Francisco: “Los pobres de cualquier condición y de cualquier latitud nos evangelizan, porque nos permiten redescubrir de manera siempre nueva los rasgos más genuinos del rostro del Padre”.