UN DEBATE QUE CRECE

Cuando la Iglesia pide la palabra

Por: Sergio Rubin

¿Cómo deben los católicos exponer sus ideas en una sociedad plural y democrática? La pregunta se planteó durante el tratamiento de la ley de matrimonio gay. Los obispos decidieron estudiar el tema. El vocero del Episcopado, padre Jorge Oesterheld; la directora del Instituto para la Familia de la UCA, Zelmira Bottini de Rey, y el director de la revista Criterio, José María Poirier, opinan convocados por VR.
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- ¿Cómo evalúan el papel que jugó la Iglesia ante el debate por el matrimonio gay?
Pbro. Jorge Oesterheld: La Iglesia tiene el derecho a manifestar lo que piensa y lo que siente como toda la gente. Además, tiene el derecho a que esas expresiones sean respetadas. Que debe mejorar la comunicación es obvio. Pero los problemas para hacerse entender no son sólo de la Iglesia. También
lo tienen, por caso, los políticos. Ahora, mejorar la comunicación no es mejorar el lenguaje, sino el lugar desde el que se habla. Porque nadie está dispuesto a que se le hable “desde arriba”. Sino de igual a igual, en una sociedad plural y democrática. Es que hay una hipersensibilidad, probablemente
muy justificada por una larga historia de autoritarismos.
Zelmira Bottini de Rey: La Iglesia no sólo tiene el derecho, sino el deber de expresarse. Coincido en que la comunicación debe darse de un modo horizontal, propositivo y dialogante, no como principios que “se bajan” porque no se lo acepta o es difícil que se lo acepte. Ahora, ¿quién comunica? Seguramente, los miembros del clero deben manifestarse, pero no solo ellos. En el debate sobre el matrimonio gay fue fantástica la intervención de muchos laicos y son interesantes las iniciativas que surgieron en ese ámbito. Hacia adelante, habrá que ver cómo comunicar mejor, de modo sencillo
y didáctico. Pero es clave que tomemos conciencia de que todos los católicos somos Iglesia. 
José María Poirier : También estoy de acuerdo en que hay una gran sensibilidad y un rechazo a lo que pueda sonar a autoritarismo y “bajada de línea”. Y que todo tiene que ser dicho con gran respeto por las diferencias y nunca desde el púlpito. Esto plantea un desafío porque púlpito siempre fue un sinónimo de Iglesia jerárquica. Pero, como se dijo, el mismo problema lo tienen otros, como los docentes en la universidad. Quizá en el debate sobre el matrimonio gay no se advirtió que no bastaba la exposición de argumentos y principios, sino que también era importante la posición desde la que se hablaba y el modo. Lo cual llevó a que no siempre se acertara.
— ¿Creen importante que los principios se presenten destacando sus bondades en vez de criticando las otras posiciones?
ZBR: Eso me parece fundamental. No sólo debemos traducir de forma fácil y docente los mensajes, sino tener una actitud pro activa. Porque siempre parece que nos estamos defendiendo. Creo que el debate sobre el matrimonio gay posibilitó una gran oportunidad para plantearnos el tema y, como 
dije, surgieron iniciativas para la acción. De cara al futuro, Dios quiera que, por caso, no hablemos más del aborto, sino de la defensa de la vida, de la maravilla de la vida porque sino acotamos el tema. Además, debemos tener muy en cuenta el tipo de destinatario. Lo que puede ser bárbaro para algunos, hasta hablarles del demonio, para otros puede resultarles todo lo contrario.
JMP: Creo que hay que diferenciar entre el plano político y social y el eclesial. Una cosa es hablarle a los católicos practicantes y otra a la sociedad en general. Ahora, la transmisión de valores religiosos profundos tiene un trasfondo testimonial muy fuerte. Si nos vamos al Evangelio, la propuesta es “miren
como se aman …” “miren como se quieren …” Toda la dogmática aparece después. Y si esa dogmática es percibida como escindida de lo testimonial crea un profundo rechazo. No podemos olvidar que la Iglesia venía golpeada por los escándalos de pedofilia. Y que en el pasado hubo una actitud injustamente dura hacia los homosexuales. Me parece que hay que comprender las razones profundas por las cuales puede haber  usceptibilidad.
Y después decir claramente cuáles son las posiciones que la Iglesia católica tiene al respecto.
JO: Coincido. Los católicos, a mi modo de ver, nos hacemos incomprensibles cuando lo que transmitimos son conceptos o ideas peladas, no vinculadas a testimonios. O nos embarcamos en discusiones muy sofisticadas y sin generar tecosa es la exposición de la doctrina y otra, cuando se la manifiesta en función de una situación determinada como puede ser un proyecto de ley. Cuando ambas cosas van juntas, la primera cae y la cuestión se termina reduciendo a quién gana la partida. Es el riesgo de aceptar la agenda y los tiempos que impone la política. Por eso, por ejemplo, yo definiría una agenda
a favor de la vida para el año que viene sin esperar lo que hagan los partidarios de la despenalización del aborto.
JMP: Tampoco podemos dejar de decir, a la hora de cualquier evaluación, que el debate sobre el matrimonio gay estuvo viciado por circunstancias ajenas a las argumentaciones propias del tema. Porque hubo presiones políticas muy fuertes a los senadores. Hubo legisladores que cambiaron su postura, o que se ausentaron, o que dijeron cosas insostenibles. Y hubo también deseos de propinarle una derrota a la Iglesia. El tema no estaba en la agenda, ni era una cuestión urgente en un país que tiene problemas mucho más graves. Estas son imperfecciones de la sociedad política de la que los políticos deben hacerse cargo. Todos debemos hacernos cargo de la parte que nos toca porque eso es crecer en conciencia ciudadana.
 — ¿Debe la Iglesia sólo proclamar valores o procurar que se expresen en leyes?
JO: La Iglesia acepta y promueve la democracia –que considera un eco temporal del Evangelio- como marco que regula la convivencia. Y, como dijimos, tiene el derecho de expresarse y, en ese sentido, de hacer política con mayúsculas. Ahora, la acción política concreta debe ser hecha por los laicos a través de los partidos políticos. Es su lugar en democracia. Me parece legítimo otro tipo de expresiones laicales, como pueden ser las marchas, pero deben ejercitarse con mucho cuidado, casi de un modo excepcional. Además, en democracia todos somos iguales. Incluso, una institución como la Iglesia, con 2000 años de historia. Esto es una virtud, no una limitación. Por tanto, nuestra propuesta debe e-s tar alejada de todo lo que pueda verse como una imposición autoritaria. En síntesis, la Iglesia puede influir en la redacción de leyes a través de la participación de los laicos con vocación política en los partidos políticos.
JMP: No estamos diciendo nada novedoso. La jerarquía de la Iglesia desalienta y hasta prohíbe que el clero participe en política. Lo que pasa es que a veces pueden plantearse conflictos, digamos, de autonomía. Hay un terreno en el que se mueve el clero y otro, los laicos en función política. Existe 
un caso paradigmático que puede ayudar a entender las cosas. Fue el fuerte desencuentro que hubo entre Pío XII y un gran católico como De Gasperi, en Italia, referido a si éste debía o no realizar una alianza con el partido comunista. Y De Gasperi reafirmó que, si bien respetaba la posición del Papa, como
político elegido por el pueblo, la decisión dependía de él.
— ¿Cómo hacer para que en todo el accionar prime la caridad?
ZBR: Como se dijo, lo importante es el testimonio porque la verdad no se demuestra, sino que se muestra. Hay que encarnarla. Pero también hay que decodificarla verbalizándola. Y eso, tal como se patentizó en esta charla, es un desafío. Ahora, es importante tener mucha claridad en los principios,
pero salvando a las personas. Un hecho puede ser criticable, pero no somos quiénes para juzgar a las personas. Los laicos debemos hacernos cargo de nuestra hora. 
JMP: Además, esto plantea un tema muy importante para la Iglesia que es cómo realizar un verdadero acompañamiento espiritual de las personas homosexuales. O de una chica con un embarazo no deseado o, incluso, fruto de una violación. Para mí es clave que las personas perciban un interés que brota de la caridad. Y me da esperanza que los obispos hayan decidido analizar su papel durante el debate por el matrimonio gay.
JO: La clave de la presentación de valores pasa por creer en ellos; por presentarlos, no como conceptos, sino como testimonio; por hacerlo con mucha humildad, no como estrategia de comunicación, sino como virtud evangélica. Jesús vaya si comunicó y comunica valores, pero jamás cayó en la imposición. Siempre se detuvo ante nuestra libertad. En fin, hay que ser muy claros en los principios y muy misericordiosos en las situaciones individuales.