Cuando mentir está permitido

Por: Daniel Goldman

Excepciones. Los libros sagrados, profetas y rabinos defienden la llamada “verdad piadosa” que perpetúa la paz.
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El engaño es un delito grave en todas las tradiciones religiosas. En el caso de la Torá, parece ser inequívoca con respecto a la mentira: “No darás falso testimonio” (Éx. 20:16), “no negarás falsamente, ni mentirás unos a otros” (Lev. 19 : 11) y “aléjate de un asunto falso” (Éx. 23: 7). Nadie admitiría que una sociedad pueda sostenerse en base a la mentira. El rabi Shimon ben Gamliel expresa en el Talmud: “El mundo perdura por tres cosas: la justicia, la verdad y la paz”. El profeta Miqueas recita: “Cumplirás la verdad a Jacob”. Sin embargo, en el libro de Génesis leemos cómo Jacob, citado por el profeta, se disfraza de su hermano mayor Esaú para poder recibir las bendiciones que Isaac había tenido intención de darle al primogénito. Siguiendo esta línea, ¿hay situaciones en las que se permite mentir? Esta pregunta resulta de gran interés para filósofos, teólogos y líderes religiosos de todos los tiempos. Recuerdo que Alfred Adler, el destacado psicoterapeuta vienés, solía comentar que la verdad a veces puede ser un arma tan peligrosa, que es posible mentir, e incluso asesinar, con la verdad.

Como puntapié inicial para introducir este tópico polémico, quisiera traer otro pasaje del Talmud en el que los maestros se preguntan: “¿Cómo se baila ante una novia?” (es decir, si el día de su casamiento puede decírsele que está fea). La Escuela de Shammai sostiene que se le expresa la –supuesta– verdad, independientemente del acontecimiento, mientras que la Escuela de Hillel indica que siempre debemos comentar que una novia es hermosa”. Este texto, obviamente, generó polémica. Personalmente, me guío en la dirección que manifiesta el rabino Isaiah diTrani, un prominente intelectual italiano del siglo XIII, quien señala que la opinión prevaleciente debe ser la de la Escuela de Hillel, ya que uno debe guiar a la gente a transitar la senda de la paz, incluso si eso significa tener que mentir. A tal punto, de manera encantadora, en una suerte de licencia idiomática, a la “mentira piadosa” en hebreo se la denomina “verdad piadosa”. En este sentido, amerita dar algunos ejemplos más en los que esa verdad piadosa pueda ejercerse: 1) Mentir para preservar la paz brindando consuelo y no hiriendo los sentimientos de otra persona. Cuenta el Midrash que Aarón, el Sumo Sacerdote, empleaba este método cuando trataba de hacer las paces entre cónyuges o entre amigos en disputa. 2) Mentir en una situación en la que la verdad pueda causar daño a uno mismo o a otra persona. Los rabinos sostienen que si una persona padece una enfermedad, y el informarle de ello sería perjudicial para su salud, resulta apropiado ocultarle esta información. 3) Mentir por modestia o para no parecer arrogante. Uno puede alegar ignorancia de cierto tratado talmúdico, incluso si realmente lo conoce. 4) Mentir por el bien de la decencia. Es decir, no revelar la verdad sobre asuntos absolutamente íntimos. Cabe señalar que estos son ejemplos aplicables a situaciones excepcionales y de los cuales no hay que abusar, ya que “la verdad” debe ser la premisa suprema e invariable.