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“Debemos ir en busca de la gente”

En el libro “El Jesuita”, de reciente aparición, Bergoglio habla de los desafíos que afronta la Iglesia ante la pérdida de fieles y la escasa práctica religiosa.
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Creo sinceramente que la opción básica en la actualidad no es disminuir o quitar prescripciones o hacer más fácil esto o lo otro, sino salir a la calle a buscar a la gente, conocer a las personas por su nombre”. Así piensa el cardenal Jorge Bergoglio sobre el desafío que afronta la Iglesia, al terciar con aquellos que consideran que hoy lo prioritario en el catolicismo debería ser “modernizar” varias de sus posiciones para conseguir una mayor adhesión.  Bergoglio lo dice en el libro “El Jesuita” (Ed. Vergara), de reciente aparición, que recoge una serie de charlas que el cardenal mantuvo con los periodistas Francesca Ambrogetti y Sergio Rubin a lo largo de más de dos años. Salpicado con recuerdos de su vida, relatos de hechos puntuales y testimonios de gente que lo conoce bien, Bergoglio se adentra en las cuestiones religiosas y sociales, pero también en el papel de la Iglesia durante la dictadura y su propia actuación en los años de plomo.
En la introducción, además de presentar al personaje, los autores ensayan una aproximación a la actuación  de Bergoglio en la última elección papal en base a la opinión de destacados observadores internacionales, que lleva a concluir que fue el más votado después de Joseph Ratzinger.
Los retos que el mundo le depara a la Iglesia son desarrollados en el capítulo 7 “El desafío de salir al encuentro de la gente”. Allí se aborda el tema de la pérdida de fieles que habría sufrido el catolicismo a expensas de las comunidades evangélicas y la escasa práctica religiosa. A la pregunta acercade si la  Iglesia está haciendo bien su trabajo, responde: “Las Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización, que los obispos difundimos en 1990, comenzaban señalando la importancia de una ‘acogida cordial’. La tentación en la que podemos caer los clérigos es la de ser administradores y no pastores. Esto lleva a que, cuando unapersona va a la parroquia para pedir un sacramento u otra cosa, ya no la atiende el sacerdote sino la secretaria parroquial que, en ciertas
oportunidades, puede resultar una arpía. En una diócesis había una secretaria a la que la feligresía llamaba ‘la tarántula’. El problema es que este tipo de personas no sólo espantan a la gente del cura, de la parroquia, sino de la Iglesia y de Jesús. No debemos olvidarnos que para mucha gente la parroquia
de la vuelta de su casa es la ‘puerta de acceso’ a la religión católica. Así de importante”.
Los periodistas le acotan luego que en las comunidades evangélicas no sólo hay una acogida cordialidad, sino que se sale a buscar a la gente. Entonces, Bergoglio dice que “es clave que los católicos (tanto los clérigos como los laicos) salgamos al encuentro de la gente. Una vez me decía un sacerdote muy sabio que estamos frente a una situación totalmente opuesta a la que plantea la parábola del pastor, que tenía noventa y nueve ovejas en el corral y fue a buscar a  a que se perdió: tenemos una en el corral y noventa y nueve que no vamos a buscar”.
Más adelante, se le consulta cómo aplicar esto en grandes ciudades. Bergoglio contesta: “Nuestros sociólogos de la religión nos informan que la zona de influencia de una parroquia es de seiscientos metros a la redonda. En Buenos Aires la distancia entre una parroquia y otra es, ordinariamente, de dos mil metros. Por eso, una vez les propuse a los sacerdotes que alquilen un garage y, si encuentran un laico disponible, lo envíen allí a que se quede un poco con la gente, que imparta catequesis y hasta que dé la comunión a los enfermos   a los que están dispuestos.
Un párroco me dijo que si hacía eso los fieles no iban a ir más a misa. ‘¡Cómo es eso’, exclamé. ‘¿Es que ahora van muchos a misa?’, le pregunté. Salir al encuentro de la gente es también salir un poco de nosotros mismos. de los propios pareceres”.