Dejarnos guiar por los jóvenes

Por: Consejo de Pastoral Educativa

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En varias oportunidades el Papa Francisco, refiriéndose al pastoreo, ha mencionado lo importante que resulta que los pastores “sepan estar ante el rebaño a fin de indicar el camino, en medio del rebaño para mantenerlo unido y detrás del rebaño para evitar que nadie se quede atrás, porque el rebaño mismo tiene, por así decirlo, el olfato de encontrar el camino. ¡El pastor debe moverse así!”. Los sacerdotes jóvenes que trabajan en nuestras escuelas muchas veces tienen el olfato juvenil para conocer por dónde y cómo caminan los jóvenes de hoy. Saben moverse en el ámbito de lo virtual y de las redes sociales, porque ellos mismos son contemporáneos a su surgimiento. Tienen la sensibilidad estética para presentar la belleza el Evangelio al modo que la contemplan las nuevas generaciones. Los presbíteros jóvenes hacen el esfuerzo en nuestras escuelas de “integrar el mensaje mismo en esta ‘nueva cultura’ creada por la comunicación moderna” (San Juan Pablo II).

De los pastores más noveles aprendemos a dejarnos guiar por los jóvenes, a escucharlos en sus anhelos y búsquedas. En el camino sinodal que estamos transitando como Iglesia de Buenos Aires queremos “caminar juntos en el Espíritu para renovar la misión en Buenos Aires” y esto implica hacernos eco de lo que los jóvenes nos han manifestado en las distintas consultas sinodales. Así lo manifiesta el documento sinodal preliminar en uno de sus puntos: “El modo de vincularse, el lenguaje, las nuevas tecnologías, los medios de comunicación social, son algunas de las cuestiones que invitan a agudizar el oído y la vista en orden a dar una respuesta evangélica. Éste es el entorno en el que viven a diario los niños y los jóvenes de Buenos Aires” (nro. 185). El mismo documento de escucha sinodal resume que a partir de las consultas hechas “en el ámbito escolar
las actividades pastorales son poco significativas para los jóvenes, inclusive aquellas que exceden la catequesis o los sacramentos como, por ejemplo, las actividades solidarias” (nro. 138). Esto último refleja una invitación de los jóvenes que nos piden modificar nuestro lenguaje, repensar nuestros gestos y símbolos, resignificar las acciones pastorales para que sean vitalmente evangelizadoras y los ayuden a crecer en su Fe. En esta tarea, jóvenes consagrados y laicos, quizás tengan mejor agudizado el sentido para buscar las mejores maneras de trasmitir el Evangelio.