Lunes 26.02.2024

MUSULMANES

Diez años en los que la hermandad se profundizó

Por: Ricardo Elía

Francisco no solo estrechó los lazos con el Islam, sino que impulsó un trabajo conjunto por la paz.
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El cardenal primado de Argentina y arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Mario Bergoglio (1936), fue elegido pontífice de la Iglesia católica el miércoles 13 de marzo de 2013. Eligió el nombre de Francisco I por Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana, el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que amó y custodió la creación, y que protagonizó el primer gran encuentro islamo-cristiano cuando se reunió en Egipto con el sultán ayubí Malik al-Kamil en septiembre de 1219 para buscar la paz y la concordia entre cristianos y musulmanes.

El papa Francisco en su primera exhortación apostólica, llamada en latín Evangelii gaudium (La alegría del Evangelio), el 24 de noviembre de 2013, año I de su Pontificado, mencionó específicamente las relaciones entre cristianos y musulmanes: “En esta época adquiere gran importancia la relación con los creyentes del Islam, hoy particularmente presentes en muchos países de tradición cristiana donde pueden celebrar libremente su culto y vivir integrados en la sociedad. Nunca hay que olvidar que ellos, ‘confesando adherirse a la fe de Abraham’, adoran con nosotros a un Dios único, misericordioso, que juzgará a los hombres en el día final”.

El sábado 29 de noviembre de 2014, Francisco I visitó la Mezquita Azul en Estambul, Turquía. En una imagen que valió mil palabras, el papa rezó en dirección a Meca. Su plegaria la realizó descalzo, con las manos entrelazadas y los ojos cerrados. Era un mensaje simbólico para todos los musulmanes. Junto a él, lo acompañaba en la oración el Gran Muftí de Estambul, Sheij Rahmi Yaran. La Mezquita Azul, lugar emblemático, fue construida entre 1609 y 1616 por el arquitecto Sedefkar Mehmet Agá (1540-1617) según instrucción del sultán otomano Ahmet I (r. 1603-1617). Fue llamada Azul por los 21.043 azulejos de color azul-turquesa que revisten sus paredes y cúpula.

Francisco es el tercer pontífice católico que visita una mezquita. El primer papa en haber ingresado a una mezquita fue San Juan Pablo II en Damasco, Siria, en mayo de 2001, al visitar la Mezquita de los Omeyas. El segundo fue Benedicto XVI, en su visita a la Mezquita Azul de Estambul, en noviembre de 2006. Y el tercero fue el propio Francisco al visitar la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, el domingo 25 de mayo de 2014.

Sin lugar a dudas, uno de los más grandes mensajes del Papa Francisco a la humanidad es cuando dijo en el Ángelus dominical del domingo 1 de septiembre de 2013: “Queremos un mundo de paz, queremos ser hombres y mujeres de paz. Queremos que en nuestra sociedad destrozada por divisiones y por conflictos, estalle la paz. Nunca más la guerra”.

El lunes 4 de febrero de 2019, se produjo el encuentro entre el Sheij Ahmed el Tayyeb, Gran Imam de la Universidad de Al-Azhar en El Cairo (República Árabe de Egipto), y el Papa Francisco I, en Abu Dabi, en los Emiratos Árabes Unidos. Ese viaje histórico significó la primera visita de un pontífice católico a la península arábiga. Ese día, los representantes del Islam y la Catolicidad firmaron el documento sobre ‘La fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común’. En el prefacio de esa declaración se lee: “La fe lleva al creyente a ver en el otro a un hermano que debe sostener y amar. Por la fe en Dios, que ha creado el universo, las criaturas y todos los seres humanos —iguales por su misericordia—, el creyente está llamado a expresar esta fraternidad humana, protegiendo la creación y todo el universo y ayudando a todas las personas, especialmente las más necesitadas y pobres”. Y luego dice: “El Occidente podría encontrar en la civilización del Oriente los remedios para algunas de sus enfermedades espirituales y religiosas causadas por la dominación del materialismo. Y el Oriente podría encontrar en la civilización del Occidente tantos elementos que pueden ayudarlo a salvarse de la debilidad, la división, el conflicto y el declive científico, técnico y cultural”.

El abrazo de Abu Dabi que tiene como precedente el encuentro de San Francisco de Asís con el Sultán tiene el alto valor simbólico de una nueva alianza sellada que en el futuro podrá brindar frutos fecundos para la entera convivencia humana.

Como musulmanes y cristianos, nuestra obligación es erradicar la violencia y que se establezcan la Paz, la Justicia y la Fraternidad entre todos los pueblos, culturas y religiones, ya que eso significa nada más y nada menos que proteger las criaturas de Nuestro Señor y Creador. Por eso la Biblia y el Corán sintetizan nuestra misión más encomendada: “No nos cansemos de hacer el bien, que a su tiempo cosecharemos. Mientras haya tiempo, hagamos bien a todos”. (El Nuevo Testamento, Gálatas, 6:9-10); “Anticipaos rivalizando en hacer el bien. Dondequiera que estéis, Dios os reunirá a todos”. (Al-Baqara, “La Vaca”, 2:148).