Miércoles 24.04.2019

JUDIOS. TRAS LA ENCICLICA LAUDATO SI DEL PAPA FRANCISCO

Diez enseñanzas ecológicas

Elaborado por el rabino Lawrence Troster, un decálogo judío aborda la complejidad del compromiso con “la Casa Común” que habitamos.
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- Por Tzvi bar Itzjak -

A partir de la comprometida encíclica Laudato Si, que difundiera el papa Francisco el año pasado, reapareció en los ambientes teológicos el tema del compromiso con “la Casa Común” que habitamos.

El rabino Lawrence Troster se encargó de proponer un decálogo judío sobre el tema, al que –claro está– vale la pena darle una mirada para nuestra propia concientización.

1. Dios creó el universo. Los primeros capítulos del libro de Génesis nos enseñan que los seres humanos debemos darnos cuenta de que no tenemos la libertad del mal uso de la Creación, ya que el mundo no es un propiedad privada. Todo lo que tenemos es Dios. Incluso nosotros mismos.

2. La Creación es buena. Cuando en el Génesis (1: 31) Dios expresa que toda la Creación es “muy buena”, ello significa: a) que la Creación es satisfactoria, estructurada y ordenada; b) que es armoniosa; c) que existe para servir a Dios; d) que refleja Su Sabiduría; e) que la misma está más allá de la comprensión humana; f ) que ese orden está sujeto a su naturaleza; g) que nosotros somos parte de ese orden.

3. Los seres humanos fuimos creados a Su imagen. Los seres humanos fuimos puestos en la tierra para concretar la presencia de Dios en la Creación. Ello tiene implicancias éticas: usar con absoluta responsabilidad nuestro poder, nuestra conciencia, nuestros vínculos, nuestra voluntad, nuestra libertad y nuestra vida.

4. La humanidad debe ver su lugar en la Creación con amor y respeto. La Torá y la Creación pueden ser vistas como producto de la re- velación. Ellas nos ayudan a percibirnos a nosotros mismos como seres vivos conectados con los ritmos de la tierra, con los ciclos biogeoquímicos, con la gran diversidad y con la complejidad de los sistemas ecológicos. El amor y la humildad son las herramientas para invocar en nosotros un sentido de reverencia y de modestia frente a la inmensidad de todo lo existente.

5. El día de reposo y oración nos ayuda a lograr este estado de ánimo. El Shabat es una manera de empezar a generar el sentimiento de amor y humildad ante lo creado. Este sentimiento nos debe conducir a vivir un modo de vida sostenible. Un día de cada siete, limitemos el uso de los recursos. Permitamos que la oración de esa jornada cree una conciencia de lo sagrado, encontrándonos con la naturaleza.

6. La Torá prohíbe el derroche de consumo. El precepto de Bal Tashjit (No destruir) se basa en el Deuteronomio 20/19-20: “Cuando sitias una ciudad no se debe destruir sus árboles, empuñando el hacha contra ellos. Puedes comer de ellos, pero no puedes cortarlos”. Esta ley fue ampliada en las fuentes jurídicas posteriores incluyendo la prohibición de destruir arbitrariamente objetos para el hogar, ropa, edificios, alimentos o simplemente el derroche sin sentido.

7. La Torá nos obliga a salvar la vida humana. La tradición judía prescribe la obligación de preservar la existencia (llamada en las fuentes legales judías: pikuaj ne-fesh). Numerosas fuentes encomiendan la protección de los espacios ante residuos industriales.

8. La Torá prohíbe la extinción de las especies no humanas. “Si a lo largo del camino usted ve un nido de pájaros, con las crías o huevos y la madre echada sobre los polluelos o sobre huevos, no tome la madre con su cría. Deje ir a la madre, y tome sólo los jóvenes, con el fin de que es posible que vaya bien y tengan una larga vida” (Deuteronomio 22: 6-7).

9. La Justicia ambiental es un valor judío. El valor de la Justicia exige que seamos capaces de crear una economía mundial sostenible y equitativa en la distribución de bienes y recursos.

10. Tikun Olam: la reparación del mundo está en nuestras manos. “Cuando Dios creó a los primeros seres humanos, no los llevó por el Jardín del Edén y les dijo: ‘Miren mis obras’. Les ordenó: ‘No destruyan mi mundo; porque si lo hacen, no habrá nadie para repararlo.” (Midrash Kohelet Rabá, ba- sado en Eclesiastés 7:13).