Domingo 14.04.2024

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

Dios, el único que puede salvarnos

Por: P. Guillermo Marcó

En tiempos de crisis. Con frecuencia depositamos nuestras esperanzas en un líder, libros de autoayuda o una terapia. Todo eso puede ayudar. Pero la salida es el Señor.
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Se habla con frecuencia de la necesidad que tenemos de estar salvados. “De la que te salvaste”, es una exclamación que escucho con frecuencia. Si profundizamos un poco en esa idea diríamos que “salvarse” es verse sustraído de un peligro en el que estaba por perecer. Tengo presente que una vez a mis 5 años estuve a punto de ahogarme en una pileta y cuando casi había dejado de luchar vi penetrar en el agua el brazo de mi padre que me sacó de un tirón y me salvó.

La religión es el camino que recorre el hombre para buscar a Dios. A veces en esa búsqueda se pierde o da una respuesta equivocada. La Revelación se produce, en cambio, cuando Dios sale a la búsqueda del hombre para salvarlo. En el libro del Éxodo, en el capítulo 3, se narra la historia de Moisés que mientras apacentaba el rebaño de su suegro Jetró, “vio que una zarza estaba ardiendo sin consumirse. Entonces dijo: voy a contemplar este extraño caso .. Cuando Dios vio que se acercaba lo llamó desde la zarza diciéndole: “Moisés, no te acerques aquí; quítate la sandalias porque estas pisando tierra sagrada”. Dios es un misterio fascinante y a la vez tremendo; atrae al hombre, pero a su vez le marca esa distancia.

Continúa el texto con la presentación de Dios: “Yo soy el Dios de tu padre Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Se le presenta en el hoy, pero le  misión: “He visto la aflicción de Mi Pueblo, cómo lo maltratan los egipcios y quiero llevarlos a una tierra que mana leche y miel”. Le encomienda una misión casi imposible. Él está desterrado, se fue lejos por miedo a que lo maten, es tartamudo y lo manda a liberar al pueblo y a hablar con el faraón.

A veces pareciera que Dios nos hace u chiste. Tantas veces nos salva de situaciones de manera inverosímil. Otras tantas nos manda a salvar a otros casi sin recursos, pero a nosotros nos gusta autosalvarnos dejando a Dios de lado. Nos va a salvar el nuevo presidente, los libros de autoayuda, el gurú de moda, tal terapia, etc. Esas cosas pueden ayudar, pero no son suficientes. Solo el encuentro con ese Dios personal y trascendente, capaz de entrar en nuestro corazón. Entonces sí podemos descalzarnos porque, de verdad, estamos pisando tierra sagrada.

Tan preocupados por “lo de afuera”, de cómo nos ven los emás, pendientes de que nos pongan “me gusta” en nuestras publicaciones de Facebock o de Instagram, a veces queremos que nos salven del anonimato la opinión de los otros, el ser considerados. La salvación opera en otro plano: es como si Dios mirara el “no me gusta” de nuestra vida, nuestra angustia, nuestra soledad; todo eso que no queremos mostrar ni que otros vean y allí nos ve Dios y allí es donde nos ama, redime y salva.

Es como si tuviésemos que ser conscientes y atrevernos a mirar nuestra sombra, esa que nos persigue a todas partes, y ser consientes de ella para asumirla plenamente, entrar en diálogo con lo que no nos gusta de nosotros y mostrarselo a Dios. Él es el que crea, salva y santifica. Dios mira tu antiperfil, las fotos que jamas subirías a Facebook o Instagram por más feas o lamentables que te parezcan y ahí te ama. Y por eso trae paz. Porque solo ama de verdad quien ama nuestros defectos. Aunque nos quiere mejores, sabe -porque Él nos hizo- de que seríamos capaces si nos dejaramos transformar por Él. Ama nuestra miseria, pero también nuestro potencial.

Es por eso que no podemos salvarnos solo por nuestros medios por más esfuerzo que hagamos. Es Su fuerza, Su gracia la que nos eleva a dónde no podemos llegar. San Agustín decía: “Haz lo que puedas, reza por lo que no puedas, Dios hará que puedas”. En tiempos de desesperanza o de mala racha, donde la vida se serenar el corazón y llegar a Él. Dejémos que nos inunde con su presencia y gocemos de su paz en medio del desasociego de este mundo.