LAS CLAVES DE LA RECIENTE ENCÍCLICA

Economía con rostro humano

Por: María Montero

Un empresario, un sindicalista y una socióloga comentan el reciente documento de Benedicto XVI, quien subraya la repercusión moral del proceso económico y recomienda una autoridad económica global
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La última encíclica de Benedicto XVI, “Caritas in Veri - tate” (Caridad en la verdad) contiene un llamado de atención a los ámbitos sociales, económicos y políticos mundiales, siguiendo los lineamientos trazados por dos documentos anteriores de sus antecesores, Pablo VI y Juan Pablo II. Cuestiones como la globalización, la crisis mundial, la solidaridad y subsidiariedad entre las naciones fueron abordadas en el texto, tanto como la problemá-tica de los migrantes, la sexualidad y la ecología.
Uno de los puntos centrales es el de la ética económica y la dign-idad humana, en el que exhorta a los gobernantes y empresarios a encaminarse hacia una “economía solidaria” con leyes y formas de redistribución justas.
“Como trabajador y representante de mis compañeros –opina el sindicalista Luis Cejas , presidente de la Obra Social de Viajantes y de la Fundación Universalista Social Argentina- creo que nunca fue tan oportuna una encíclica, porque es un llamado a comprometerse con generosidad en la tarea de la justicia y la paz, además de darnos fuerza para luchar por el bien común; para que la caridad no sea hipocresía y que el hombre tenga una vida digna en el trabajo”.
Siguiendo en la misma línea, la doctora Beatriz Balian de Tagtachián, directora del departamento de Sociología de la UCA, cree que “esa perspectiva de la acción orien - tada al ‘desarrollo de todo el hombre y todos los hombres’ implica no sólo su promoción, sino la bús - queda de una auténtica fratern-idad”. En este sentido, agrega que en la encíclica “se advierten criterios que merecen especial atención como los principios de subs-i diariedad y solidaridad, donde se plantea que sólo debe ayudarse en lo que el otro no puede hacer. De esta forma, se respeta la dignidad de cada persona, evitando el as-is tencialismo, la reafirmación de la desigualdad y, en términos polí-ti cos, también el clientelismo”. En su Carta, el Papa sostiene que esos mismos principios deben ser aplicados  internacionalmente y propone la creación de una auto - ridad mundial que coordine la a-r quitectura económica y financiera hacia un bien común global. “El Santo Padre no se opone a la globalización”, señala el empresa - rio Luis Bameule, ex presidente de la Asociación Cristiana de Dir-i gentes de Empresa (ACDE). “Por el contrario -agrega-, rescata m-u chas de sus ventajas, pero alerta sobre algunas consecuencias no deseadas, como la circulación de estupefacientes, la desordenada migración o los fenómenos especulativos mundiales”. Según el documento, todo desarrollo humano, sea económico, político, tecnológico o científico debe tener como centro y fin al hombre. Y para ello, opina Tagta - chián, “se necesitan personas de ‘buena voluntad’, como señalara Pablo VI, con profundas reflexiones, que ayuden a descubrir d-imensiones espirituales en la labor cotidiana”. Por eso para Bameule, “esta encíclica debería ser leída especialmente por quienes tienen responsabilidades relevantes en la sociedad. La importancia de la v-erdad como punto de partida de cualquier acto, da sentido y valor a la caridad”, asegura.