Lunes 27.05.2024

UNA PROPUESTA INSPIRADA EN EL PAPA FRANCISCO

Educación para sentir, pensar y hacer

Por: María Montero

Scholas Occurrentes busca que los jóvenes combinen el lenguaje de la mente, el corazón y las manos.
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La visión del Papa Francisco respecto a la educación tuvo siempre una mirada humanizante. Desde que era arzobispo de Buenos Aires apoyó iniciativas que tuvieran que ver con una escuela que traspasara sus límites geográficos y sus muros, es decir, que fuera abarcadora para ayudar a romper el individualismo, descubrir la fraternidad desde las diferencias y responsabilizarse por el medioambiente. En definitiva, fomentó una cultura que trascienda los límites de cualquier institución de modo tal que no esté limitada a ninguna creencia, paradigma o interés.

Esta particular mirada se hizo concreta a través del trabajo de Scholas Occurrentes, la Fundación Internacional de Derecho Pontificio que responde al llamado de crear y promover la cultura del encuentro reuniendo a los jóvenes en una educación que genere sentido. En síntesis, tiene que ver con la búsqueda de lo interreligioso a través de las vivencias y no a partir de charlas, conferencias o congresos. “Educar es vivir”, dice Francisco, y por lo tanto confía en Scholas para que jóvenes de diferentes creencias y religiones alrededor del mundo puedan vivir de otra manera porque, como afirma, “si no
cambiamos la educación no podemos cambiar el mundo”.

La experiencia educativa que se gestó en Buenos Aires fue puesta a prueba por Scholas en diferentes países y comprobaron que, con matices, era la misma. “Que jóvenes de realidades tan distinta se encuentren antes de cualquier contenido o tarea con un espacio de escucha, donde comience a florecer la belleza de cada uno, donde se pierdan los miedos, que encuentren el coraje de ser uno mismo y desde ese encuentro auténtico puedan salir a transformar su realidad y la que los rodea”, explica Ezequiel Del Corral, director de contenidos de Scholas.

Ezequiel señala que esto “ fue hecho en distintos países de Latinoamérica, Europa y África. En Jerusalén, entre palestinos e israelíes y en Japón educando sin lenguaje o con otro tipo de lenguaje, y la experiencia es igual de transformadora en cada lugar. Volver a sentir la vida, a asombrarnos de la realidad, volver a agradecer la existencia, de eso se trata educar”. Señala que el Papa dice que “no es solo transmitir conceptos, esto sería un patrimonio de la ilustración que hay que superar. Porque la persona, para sentirse como tal, tiene que sentir, tiene que pensar, tiene que hacer estos tres lenguajes tan sencillos: el lenguaje de la mente, el corazón y las manos”.

Considera que hay que “dar vuelta la educación que conocemos, que te enseña a tener conocimientos, títulos, herramientas para salir a hacer un trabajo, un lugar entre los demás y luego ser alguien en la vida. Con esta concepción muchos quedan descartados –dice-, otros entraron en moldes, llegaron a ser alguien sin ser ellos mismos y esto genera mucha violencia, frustración, ansiedad, buscando cosas superficiales. Por eso lo que proponemos  agrega- es que primero somos y en toda experiencia descubrir que no tienen que demostrarle nada a nadie, que valen por sí mismos y por eso hacen unos con otros y no necesitarán más ni menos. Aquello que tengan será su propia creación, será auténtico”.

En concreto, Scholas busca, en lo educativo, llevar la propuesta del Papa para que los jóvenes se dejen tocar por la realidad. Escuchen, creen y celebren la vida en medio de la alegría y el dolor. Esto, como observa Ezequiel, es profundamente religioso, porque “es un modo de comprender que no se necesita hablarlo sino vivirlo, pero para eso hay que cultivar la sensibilidad, la escucha y nosotros lo hacemos a través del lenguaje del juego, el arte y el pensar contemplativo, poético, religioso”. Estos tres lenguajes están en el corazón de todos los proyectos educativos de Scholas, entrelazándose en los ámbitos del deporte, el arte y la tecnología.

La propuesta de renovación educativa que Francisco legó a Scholas sugiere además un antídoto natural para la cultura individualista, capaz de entender la diversidad como una bendición para la propia identidad. De esta forma, podrá germinar la cultura del diálogo, del encuentro, de la fraternidad y de la inclusión.