Educación por el bien común

Por: Consejo de Pastoral Educativa

Comparte

La vida escolar por sí misma va trazando un itinerario, en el cual van caminando juntos tanto alumnos como profesores, directivos, familiares, personal que trabaja en el colegio, etc.

Y en ese recorrido que van haciendo juntos se van generando lazos y una cierta comunión entre ellos: una comunión que se da de modo interno, entre quienes forman parte de la comunidad educativa, pero también de modo externo, ya que la escuela prepara para la vida en sociedad

Esto que se da en la escuela como tal, se acrecienta dentro de la escuela católica, donde se hace un recorrido que no termina en quinto año. La escuela como comunidad eclesial, como Pueblo de Dios, va caminando hacia la vida eterna. El Concilio Vaticano II señala: “La escuela católica, a la par que se abre como conviene a las condiciones del progreso actual, educa a sus alumnos para conseguir eficazmente el bien de la ciudad terrestre”.

En ese camino también va generando una comunión entre sus miembros. Una comunión más profunda, porque trasciende los años de escolaridad, y sobre todo, porque se ve llamada a vivir una comunión a través de la caridad: “Su nota distintiva es crear un ambiente comunitario, animado por el espíritu evangélico de libertad y de caridad”, señala el Vaticano II. Este llamado a la caridad es respuesta a vivir como Jesús, nuestro Maestro, amándonos unos a otros como Él nos amó. Es el camino que nos lleva a una comunión plena, como la que tienen el Padre con el Hijo y el Espíritu Santo.

Es decir que la educación cristiana no sólo nos prepara para una comunión entre los hombres (en una dimensión horizontal), sino también para una comunión con Dios (en una dimensión vertical). Estas dos dimensiones, la vertical y horizontal, se realizan en la cruz de Cristo, gracias a la cual todos los hombres somos atraídos hacia Dios.

De esta manera, la escuela católica, bajo el signo de la cruz, forma a sus alumnos para vivir como Jesús vivió y para vivir en una comunión que trasciende las meras posibilidades humanas.