OPINION - AUTOR: DANIEL GOLDMAN

Educación, un valor esencial

Por: Daniel Goldman

Es una de las asignaciones medulares de la tradición judía y se remonta a tiempos bíblicos.
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La educación fue y es una de las asignaturas medulares de la tradición judía. Vale la pena destacar este principio, ya que la trasmisión de ideas, creencias y leyes religiosas, junto a su aprendizaje permanente,
el cual abarca desde el período del nacimiento hasta la ancianidad, se transformó en uno de los valores esenciales, enfatizándose su importancia como si fuese un contenido en si mismo.
El libro de Proverbios puntualiza la educación diciendo: “Hijo mío, no te olvides de mi enseñanza, y permite que tu mente conserve mis mandamientos, para que estén a tu disposición los días y los años de vida y bienestar” (Prov. 3:1-2).
Según nuestras fuentes, la idea de la educación se remonta a tiempos bíblicos. Una de las obligaciones elementales de un padre para con su hijo es proporcionarle instrucción. 
Este compromiso surge de la oración diaria que se recita dos veces al día donde dice: “Amarás a tu Dios y le enseñarás a tus hijos, cuando estés en casa y cuando viajes, al acostarte y al levantarte” (Deuteronomio 6:6).
En el Talmud se hace hincapié en la importancia de la educación. Este texto antiguo establece que los niños deben comenzar la escuela a la edad de seis años. Los rabinos de aquella época dispusieron pedagógicamente que los estudiantes mayores deben ayudar a los más jóvenes. De acuerdo con 
Rabi Iuda ben Tema, a los cinco años de edad se está preparado para el estudio de la Biblia, a los diez para su interpretación a través del estudio del Talmud, y a los trece años para el cumplimiento de los preceptos establecidos por ambas fuentes. Siendo que el padre o la madre no podrían ocuparse específicamente 
del alcance en la mayor sofisticación del estudio, la comunidad invita a sus participantes a construir escuelas y contratar profesores para el noble objeto de la educación. Por lo general las escuelas eran anexos a los edificios de las sinagogas o estaban ubicadas cerca de ellas. 
Relatan los libros de la antigüedad que los estudiantes más avanzados se reunían en la Corte Legal Judía (en hebreo Bet Din) donde se sentaban en tres filas, mirando y escuchando a los grandes legalistas, y
avanzaban en sus asientos en la medida en que iban adelantándose en sus estudios. 
Después que por persecuciones el sistema judicial formal fuera abolido, las llamadas Yeshivot, o Escuelas Rabínicas se convirtieron en los principales espacios de estudio. Es allí donde las grandes luminarias
y sabios destacados desplegaban todos sus conocimientos y sus destrezas en los campos de la didáctica y la lógica. Así se llegó a la constitución de la escuela judía, que a partir del siglo XIX alcanzó en la
Europa Oriental la forma en la que hoy la conocemos y que en nuestro país compone una red importantísima que abarca más de 40 establecimientos primarios, secundarios y universitarios que se destacan por su alto nivel a escala mundial.