OPINION - AUTOR: DANIEL GOLDMAN

Ejercicio contra la omnipotencia

Por: Daniel Goldman

Reconocer nuestra fragilidad, una clave de la rica tradición del Iom Kipur recién celebrado.
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El sábado pasado, el pueblo judío conmemoró la fecha más sagrada del calendario. El Iom Kipur o Día del Perdón reviste de un carácter absolutamente distintivo del resto de los días del año. Es la jornada en que como Comunidad nos reunimos para reconocer los errores que hemos cometido a sabiendas o involuntariamente.
La ley judía establece cinco prohibiciones que se deben cumplir ese día, entre las cuales se encuentran las de comer, beber y la de utilizar calzado de cuero. Todas ellas son una suerte de representación de la muerte y la finitud, ya que los muertos no ingieren alimento, ni pisan el suelo. Dicho de otro modo, es como si en este día simbólicamente cayésemos en un pozo e imploramos al Eterno poder escalar en nuestro espíritu para poder salir del fondo. El ejercicio fundamental de nuestra alma se concentra en el reconocimiento de nuestra fragilidad con la intención de superar nuestra propia omnipotencia
cotidiana. También en este día recordamos a seres queridos que no nos acompañan físicamente en este mundo. La tradición hebrea comparte la idea de que todo perdón se sostiene únicamente a través del valor de la memoria que se entrama con la justicia. Después del momento del recuerdo, durante la tarde se lee a toda la congregación el libro bíblico de Jonás. La alegoría que representa el texto es clara. Jonás simboliza al individuo que evade su compromiso de profetizar, escapándose de su ciudad a través de un barco que naufraga, y siendo tragado por una ballena. En las profundidades del mar y estando en el estómago del pez, ante la más absoluta oscuridad, el profeta clama por su arrepentimiento y asume sus obligaciones humanas.
El toque del shofar, el cuerno del carnero, al llegar la noche, indica que el día concluye. Y es a partir de ese momento que nuestro año comienza a vivenciarse con plenitud.