ISLAM

El aporte de un médico y un viajero musulmanes ante la Peste Negra

Por: Ricardo Elía

Uno educó a sus contemporáneos para prevenir el contagio y el otro se reunió a orar con judíos y cristianos.
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A mediados del siglo XIV la Peste Negra asoló Asia, África y Europa causando millones de muertos. Un medico en Almería y un viajero en Damasco, ambos musulmanes, tuvieron experiencias muy distintas que han quedado registradas en la historia.

La gran pandemia del siglo XIV, la “muerte negra”, provocada por la peste bubónica (del griego bubón: bulto, tumor, que se produce en las zonas ganglionares del cuerpo), que se cobró las vidas de por lo menos cien millones de personas entre 1330 y 1353 de un total en el mundo de 450 millones, constituye la mayor catástrofe que registra la historia de la humanidad. En cuatro años solamente causó la muerte de 50 millones de seres humanos en Europa, o sea entre el 45 y 50% del total de la población.

Ibn Jatima (1300-1369) fue un médico hispanomusulmán de Almería. Vivió los peores tiempos de la plaga en su ciudad, que fue el puerto de entrada de la calamidad en la España musulmana, entre los años 1347-1353. A esta pandemia dedicó su principal obra, “Consecución de la finalidad en el análisis de la enfermedad que sobreviene”, aparecida en febrero de 1349. En ella se dan consejos a los habitantes del sultanato de Granada para que se protejan para evitar el contagio y se aventura la teoría de que las enfermedades se transmitan a través de “organismos minúsculos” que pasan de un cuerpo a otro, lo que constituye un anticipo del descubrimiento de los virus y las bacterias. Será recién 300 años después, en 1674, cuando el holandés Antonie van Leeuwenhoek observe por primera vez con su microscopio los microorganismos.

Hay que tener presente que la doctrina de las enfermedades contagiosas no fue tratada por los médicos griegos y romanos y pasó casi desapercibida para los escritores latinos de medicina medievales y renacentistas.

Este tratado es el más importante de los tres andalusíes compuestos a mediados del siglo XIV, con una información muy superior en calidad y en cantidad a los del médico granadino Ibn al-Jatib (1313-1375) — “Lo que convence a quien pregunta acerca de la terrible enfermedad”— y al-Saquri (siglo XIV) — “El consejo”, un resumen de la obra perdida “Verificación de la noticia acerca de la epidemia”. Junto a su amigo Ibn al-Jatib, se adelanta Ibn Jatima a sus colegas de la Europa latina, en la hipótesis de la infección microbiana y en la importancia del aislamiento en las epidemias. Será recién en 1894 cuando dos bacteriólogos, uno alemán y otro japonés, descubran la causa de la peste bubónica: la responsabilidad del gran terror negro era una bacteria que vivía dentro del estómago de las pulgas de la rata; estos agresivos insectos la transmitían con sus picaduras a los humanos. Con la aparición de los antibióticos se logró neutralizar la amenaza.

Por otro lado, Shamsuddín Ibn Battuta (1304-1368) está considerado el mayor viajero de la historia. Entre 1325 y 1354 atravesó tres continentes recorriendo 120 mil kilómetros, visitando lugares exóticos como las islas Maldivas, Sumatra, India, China y Malí.

Una de las más grandes anécdotas de Ibn Batutta se refiere a su viaje a Damasco en julio de 1348. Allí tomó plena conciencia de la terrible pandemia que se había adueñado de casi todo el mundo: la Peste Negra. En Damasco la muerte se llevaba un promedio de dos mil almas al día. Pronto toda la actividad se paralizó en la milenaria urbe, y todos comenzaron a suplicar al Altísimo para que la calamidad se detuviese.

Ibn Battuta narra que los damascenos ayunaron durante tres días y finalmente se apiñaron delante de la Gran Mezquita de los Omeyas, la que estaba abarrotada de creyentes de ambos sexos. Éstos pasaron la noche en vigilia, rezando y suplicando. Luego de cumplir con la oración del alba salieron descalzos en procesión llevando los Coranes en sus manos. Toda la población se sumó a la procesión, incluso los judíos con su Torá y los cristianos con su Evangelio, llorando e implorando a Dios a través de Sus Escrituras y Sus Profetas (Ibn Battuta, “A través del Islam”. Madrid: Alianza Editorial, 2005, pp. 209-210).

Ibn Battuta nos dejó uno de los testimonios más conmovedores que habla de la manifestación más sincera y masiva de las tres religiones monoteístas a la largo de la historia. Tras llegar a Meca en 1349, cumpliendo así su cuarta peregrinación, nuestro esforzado Shamsuddín (en árabe “Sol de la Fe”) decidió volver a su Marruecos natal, casi un cuarto de siglo después de salir de allí.