Miércoles 24.04.2019

PROYECTOSOLIDARIO

El “banquito” de los pobres

Por: María Montero

En Formosa, Cáritas otorga créditos para microemprendimientos con la palabra como única garantíaL. os beneficiarios son grupos de diez o más familias, en su mayoría aborígenes pertenecientes a las comunidades tobas, wichis y pilagás.
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Lucy no es joven, pero cuatro veces por semana camina 4 kilómetros por tierra hasta la ruta y de allí recorre “a dedo” otros 15 hasta la parroquia Nuestra Señora de la Merced de Las Lomitas, donde ayuda “en lo que haga falta”. Siente que es su forma de retribuir la ayuda que recibió del “banquito de los pobres”
en el momento que más lo necesitaba y que le permite, junto a su marido, llevar adelante el microemprendimiento de venta de huevos.
Las Lomitas, igual que Ibarreta, Namqon y San Jorge, son barrios ubicados a 300 km de la capital de Formosa, habitados en su mayoría por comunidades tobas, wichis y pilagás. Y también por familias provenientes de Santiago del Estero, Salta y Paraguay.
Los “banquitos” fueron creados por Cáritas dos años después de que la crisis de 2001 sumiera a la población en una extrema pobreza. “Al comedor comunitario llegaban diariamente mil niños y nos dimos cuenta que a ese paso íbamos camino a convertirnos en una Cáritas asistencialista”, recuerda José Rodríguez, director de Cáritas parroquial de Las Lomitas.
“Era necesario buscar otras formas de ayudar a las familias del pueblo -continúa el responsable de la Cáritas parroquial-, así se creó lo que la gente misma denominó el “Banquito comunitario de los pobres”, un proyecto que brinda microcréditos y donde lo más valioso no es el dinero sino el respeto por la palabra dada”.
Uno de las personas que recurrió a esa ayuda fue Antonio, un artesano de la madera de la comunidad pilagá. En su taller, al que llama “un trozo de tronco a la sombra de un árbol” instalado al lado de su casa, fabrica sillas, mesas y bancos con el arte heredado de sus antepasados, como es costumbre de los pueblos originarios. Sin más respaldo que el valor de sus manos se animó a acercarse al “banquito” y obtuvo un microcrédito que le permitió aumentar la
comercialización de sus productos.
Los “banquitos de los pobres” se componen de grupos de diez o más familias que se unen para recibir pequeños créditos que les permiten encarar sus  ropios proyectos ofreciendo como garantía el compromiso de su palabra. Cada grupo elige a una tesorera, una secretaria y una coordinadora que presenta los proyectos de su grupo para ser aprobados ante un concejo de coordinadoras, que sereúne una vez al mes. Como cada decisión afecta e involucra a todos, cada nuevo paso se acuerda en comunidad.
 Hoy existen 27 “banquitos” con 350 socios quienes, en muchos casos, participan también de otros espacios generados por Cáritas como el plan de inclusión educativa Emaús. A través de este programa se otorgan becas para que los hijos de esas familias reunidas en los “banquitos” puedan terminar
la escuela o la universidad, desarrolla actividades con jóvenes mochileros y ofrece talleres de alfabetización para adultos.
Según la capacidad de los grupos existen diversos microproye-c tos. Las panaderías, talabarterías, artesanías, huertas, servicios de peluquería, limpieza de patios, remiserías, venta de cosméticos por cartilla, reventa de ropa, tienen en común la riqueza de la diversidad comunitaria y el trabajo de cada familia para vencer la adversidad. En estos barrios, como otras comunidades que viven en situación de pobreza, abandono o marginación social, la presencia de Cáritas
Argentina es muy importante. Con 32.000 voluntarios distribuidos en 3.500 Cáritas en todo el país, la Institución encargada de la pastoral caritativa de la Iglesia Católica, ayuda a que se gesten proyectos de promoción humana que permitan una mejor calidad de vida y donde los pueblos originarios puedan integrarse al resto de las comunidades, sin perder su cultura ni sus tradiciones. Porque en definitiva, los valores de la justicia, la dignidad y la solidaridad,
son comunes a todos.