El chusmerío y el uso ético del habla

Por: Daniel Goldman

Enseñanzas. La Torá, un Midrash y un rabino bielorruso invitan a dejar de lado el chisme y las cizañas.
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El lunes 4 de octubre, Facebook, Instagram y WhatsApp dejaron de funcionar. Para muchos, esto resultó una catástrofe planetaria. Pero otros descubrieron cuán alienados estaban a sus celulares, y por unas horas se sintieron liberados. Algunos con quienes conversé del tema me indicaron la neurosis que les produce el bombardeo de información constante y también, un detalle no menor, la ventaja de haberse podido desintoxicar de chismes, rumores y habladurías durante el tiempo que duró el corte.

Es a esto último a lo que quiero referirme hoy: en el idioma hebreo se denomina Rejilut, acto de chusmerío en general, y siempre se lo considera una falta grave. A su vez, la legislación hace referencia a dos categorías. A la primera se la conoce como Lashon hará, cuya traducción literal es “lengua para el mal”. Se utiliza cuando los argumentos pueden ser verdaderos, pero se los usa con la intención de producir daño. La segunda es la llamada Hotzaat shem-ra, y se refiere al acto de difamar al otro utilizando mentiras. Obviamente que la gravedad de la misma es mayor a la primera.

La tradición rabínica clásica nos enseña que cada vocablo que surge de nuestra boca queda grabado en el cielo, y que algún día se nos va a hacer escuchar cada dicho que hayamos pronunciado. Entonces, ante excusas tales como “yo no era consciente de la gravedad” o “no tuve la intención”, se nos responderá: “¡Demasiado tarde! Era tu deber descubrir que tanto lo bueno como lo malo que dijiste queda eternamente registrado”.

Otra parábola asigna el lugar que Dios le otorgó a la lengua en el cuerpo humano. De manera simpática refiere a que el Señor la encerró con dos muros (los dientes y los labios) para que se detenga antes de producir daño y solo sea utilizada para enseñar a orar y difundir palabras de Torá.

Según otro Midrash, la habladuría se asemeja a un triple asesinato, ya que mata a quien habla, a quien lo escucha y a la persona de quien se está hablando. La sugerencia del sapiencial libro de Proverbios (21:23) declara: “El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias”, ya que cualquier comentario ausente de ética puede perjudicar a un otro de manera física, psicológica, familiar, social o económica.

Por último, quiero destacar la notable labor de un rabino del siglo XIX llamado Israel Meir Kegan, a quien se lo conoció con el apodo de Jofetz Jaim. Nacido en Bielorrusia en 1838, cuentan que tenía un pequeño almacén, y que por su impresionante honestidad su tienda se llenaba y por eso la cerraba temprano para no quitarle el sustento a sus competidores. Su primer y más conocido libro (publicado en 1873) es un compendio que refiere a las prohibiciones bíblicas contra la difamación y los aspectos filosóficos del uso ético del habla. Una de sus famosas frases reza: “Simplemente piensa antes de hablar, de modo tal que domines tus impulsos para la construcción”. Con este espíritu, los invito a ser responsables con nuestras palabras, sanando vínculos y nutriendo positivamente las relaciones en la sociedad.