UNA POLÍTICA, UN ABOGADO, UNA MONJA Y UNA EMPRESA

El compromiso con la fe y la convivencia fue premiado

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En el marco de la celebración del vigésimo aniversario, Valores Religiosos distinguió a personas y empresas por el compromiso con su fe y el aporte a la convivencia interreligiosa. En el ámbito profesional fue galardonado el abogado Andrés Prieto Fasano, doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales, Premio a la Excelencia Académica del Colegio de Abogados de la Ciudad. “Nuestro deber es transmitir los valores religiosos a nuestra gente y promover el diálogo buscando puntos en común”, dijo al recibir el galardón. Entre sus acciones organizó una visita de abogados a Francisco.

En el quehacer político la distinguida fue Carmen Polledo, que presidió la Cooperadora de Acción Social (COAS) -la ONG que ayuda a los hospitales porteños-, legisladora de la Ciudad y diputada nacional por el PRO. Y votó en contra de la legalización del aborto. “Estoy convencida de que el diálogo es el camino, como dice el Papa -afirmó- y todos sabemos del esfuerzo que hay que hacer y la humildad que se necesita parta hablar con quien piensa distinto, pero debemos buscar puntos en los cuales estar de acuerdo”. E invitó a los jóvenes con vocación política a involucrarse.

Del medio empresario fue premiada Sancor Seguros que el 27 de marzo pasado inauguró en medio de un amplio parque un Espacio de Diálogo Interreligioso, una construcción moderna abovedada para albergar seminarios, curso y talleres no solo sobre cuestiones religiosas, sino también sociales. Temáticas como la fe en la pospandemia, la resiliencia desde la espiritualidad tras una experiencia traumática y el acompañamiento a los que sufren ya fueron abordados. “Estamos convencidos de que podemos trabajar en conjunto y apoyar las iniciativas de los credos en bien del país”, dijo Gastón Corral, gerente de Relaciones Institucionales”.

En lo religioso, fue premiada la religiosa coreana Cecilia Lee, de la congregación de las Hermanas Misioneras Franciscanas de María. La hermana Cecilia llegó al país en 2001 y se radicó con su comunidad en Villa Itatí, Quilmes, un asentamiento con más de 70 mil habitantes. Por la crisis fundó una cooperativa de cartoneros y organizó el apoyo escolar a los hijos de los trabajadores. En la pandemia -la villa estuvo aislada más de un mes- se ocupó de la asistencia alimentaria y sanitaria a sus habitantes con la ayuda de Cáritas y Seamos Uno. “En la Argentina la solidaridad silenciosa se multiplica día a día, sin descanso”, dijo. Y agradeció a “todos los compañeros y compañeras cartoneras, a los educadores populares, a las mujeres y jóvenes del barrio que con alegría comparten y caminan por el reino de paz, justicia y caridad”.