UN INSTITUTO QUE INTEGRA LA VICARÍA DE EDUCACIÓN PORTEÑA

El cuidado de la “Casa Común” hace escuela

Por: María Montero

Un colegio capacita en producción de ladrillos ecológicos, reciclado de residuos y formación en consumo sustentable.
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La preocupación por el cuidado del medio ambiente o “la casa común” a la que se refiere el Papa en la encíclica Laudato Si’ -en la que advierte hasta qué punto son inseparables la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la pazsirvió de marco para que desde el colegio Nuestra Señora de la Unidad, del barrio de Agronomía, asumieran el desafío de sostener proyectos que involucraran a docentes, estudiantes y familias. “Decidimos trabajar con los chicos un proceso permanente de educación pensado desde un enfoque integral donde no solo hagamos una mirada crítica del impacto negativo de la acción del hombre sobre el ambiente o de desarrollo de una conciencia ambiental, sino involucrarlos para que sean empáticos con los valores que queremos transmitir”, explica Claudia Del Águila, rectora de la institución educativa.

“En una palabra –define Ariel González, geógrafo y director de estudioses concientizar y sensibilizar a nuestros jóvenes para que sean replicadores en sus familias y en sus amigos del cuidado del ambiente. Es decir, trascender las paredes de la escuela para que llegue a la comunidad”.

Para Del Águila, la identidad de la escuela parroquial perteneciente a la Vicaría de Educación, tiene que ser de solidaridad. “Creemos y sostenemos la importancia del cuidado del hermano de diferentes maneras, una de ellas es cuidando el medio en que vivimos y tomando conciencia social de las problemáticas, de esa manera se puede empatizar y acompañar. Es decir -agrega-, tiene que ver con tener en cuenta al otro con una mirada generosa, entender que hay que cuidar los recursos de la naturaleza que son limitados y que impactan en todas las personas”.

Con 20 divisiones en el nivel secundario, el colegio formó, en 2019, una comisión ambiental con delegados de todos los cursos y docentes de diferentes áreas, que se divide en varias subcomisiones de trabajo, como educación ambiental, difusión de noticias, paisajismo, huerta orgánica, observatorio territorial, separación de residuos y reciclajes. Desde esta última, se vinculan con la cooperativa de recuperadores urbanos El Álamo, debido a que la escuela produce muchos residuos de papel y cartón.

Cuenta González que “el año pasado con el aislamiento, a través de la subcomisión de reciclaje, se pensó en producir ecoladrillos”, que son botellas plásticas llenas con bolsas o papeles plásticos compactados dentro que sirven como bloques de construcción reutilizableles. Para ello hicieron encuentros por Zoom una vez por mes para capacitar a los estudiantes y un día de fin de año abrieron la escuela para recibirlos.

Ante la sorpresa de los directivos, se juntaron 145 ecoladrillos. “El compromiso fue tan positivo que comunitariamente se decidió utilizarlos para hacer bancos para los patios, conseguimos quien nos asesore desde lo técnico y esto fue sumado a las familias y a la comunidad en general”.

Pero además de la comisión, la escuela avanza en otras instancias. Los alumnos de 2° año tienen una materia que se llama ACRS (Aprendizaje para el consumo responsable y sustentable). “Se plantea desde la cosmovisión del consumidor responsable para tener un consumo con una mirada social, ecológica y económica, o sea, entender que mis acciones como consumidor, tienen consecuencias en los otros”.

La rectora afirma que el aprendizaje para el consumo responsable, como dice la encíclica Laudato Si’, que usan como marco para todas sus propuestas, potencia una cultura más solidaria porque nadie se salva solo. “Queremos que los chicos desarrollen una cultura no asistencialista sino del bien común –afirma-, que trascienda el interés particular y que puedan ocupar espacios de liderazgo con esta conciencia”.

También pueden optar por los talleres de reciclaje, donde les enseñan técnicas para que los residuos vuelvan a ser útiles. Y con ello, confeccionaron cestos para la escuela.

Con el mismo sentido, los proyectos se extienden, incluso, hasta el ámbito internacional a través de un modelo de Naciones Unidas. Los estudiantes investigan las diferentes posturas de los países sobre cuestiones como el problema del agua, el cambio climático o los refugiados, donde con la orientación de una docente, realizan un simulacro de la ONU para argumentar y generar propuestas.