Miércoles 16.01.2019

LA INCLUSIÓN DE CHICOS CON DISCAPACIDAD

El desafío de crear escuelas para todos

Por: María Montero

La Vicaría de Educación porteña busca generar espacios para integrar y hacer accesible el aprendizaje.
Comparte

El creciente número de alumnos con dificultades en el aprendizaje, en desventaja por problemas emocionales, madurativos o por razones socioculturales, y la demanda constante de inclusión dentro del amplio abanico de las necesidades educativas especiales, son un desafío para la escuela, ya que implican un cambio importante tanto en la forma de concebir la educación como en las prácticas docentes.

Conseguir una escuela para todos viene siendo el trabajo sostenido de muchas instituciones, profesionales, docentes y familias que buscan incluir a niños y jóvenes con discapacidad, gestando “lugares” para que esa inclusión sea posible.

El prefacio de la Declaración de Salamanca -marco de acción para las necesidades educativas especiales- está inspirado en el “reconocimiento de la necesidad de actuar con miras a conseguir ‘escuelas para todos’, instituciones que incluyan a todo el mundo, celebren las diferencias, respalden el aprendizaje y respondan a las necesidades de cada cual”. Pero en la práctica, la llegada de un chico con discapacidad siempre presenta un desafío y de ahí que los colegios que pertenecen a la Vicaría de Educación del arzobispado porteño se esfuercen por buscar alternativas para resolverlo.

La licenciada Ilda Domínguez, coordinadora del postítulo de formación docente del Instituto Nuestra Señora de las Nieves y referente en estos temas, afirma que “hoy existe una concepción social de la discapacidad que entiende que parte de esa discapacidad es el resultado de la interacción entre las características de una persona y el entorno en el que vive”. Y como ejemplo, señala: “En una conferencia donde hay intérprete de Lengua de Señas, una persona sorda no tendría discapacidad y en una escuela donde hay apoyos para aprender y participar, un chico clásicamente considerado con discapacidad intelectual, no sería discapacitado. Por consiguiente –agrega- si la discapacidad se da sólo cuando alguien que tiene ciertas características se enfrenta con un obstáculo a la participación, si eliminamos esa barrera, las características de la persona quedan, pero no hay discapacidad”.

Según su experiencia, son los mismos chicos los que demuestran cada día cómo se puede pensar una educación que “invite a desplegar y potenciar lo mejor de sí, en la que se aprenda de diferentes formas, se alcancen las metas en distintos tiempos y se haga visible la riqueza de lo único e irrepetible de cada uno”.

“A mí me gusta una palabra que cobra mucha fuerza en el acompaña- miento de los procesos –señala- que es ‘aún’. Poder leer las posibilidades con un ‘aún no ha logrado’, es muy diferente a decir ’no puede, no logra ́.

Ese aún toma la fuerza de pensar y gestionar los recursos, flexibilizar las posiciones, marcar metas y unir voluntades para que sea posible”.

Hace muchos años, Domínguez recibió en un colegio a una familia con un niño de tres años cuyos papás recién estaban comprendiendo de qué se trataba la problemática de su hijo. Con mucha angustia le contaron todo lo que el chico no podía hacer y, según les habían advertido sus médicos, lo que no sabían si alguna vez llegaría a poder. “Con el paso de los años –relata-, Santi nos fue mostrando que muchos “saberes escolares” que creíamos lejos de sus posibilidades los fue adquiriendo. Hubo días de sol y muchos otros de sombra, hubo pro- puestas que resultaban sencillas y veíamos claro el progreso y otras que nos desanimaban porque creíamos que no se lograrían. De eso se trata – afirma-: de creer en un ‘aún’ que genera oportunidades”.

Acompañar el desarrollo de los chicos en general siempre es un reto y mucho más cuando esos chicos se encuentran con discapacidades que son verdaderas barreras para su progreso. Pero para Domínguez no es algo negativo para los colegios, porque advierte que “estos niños y jóvenes nos han dado la oportunidad de pensar más estrategias didácticas para nuestras escuelas, que respeten esa diversidad y resultan un desafío permanente para delinear modos de hacer accesible el aprendizaje en beneficio de ellos y de muchos otros”.