ANTE EL IMPACTO DE LOS CAMBIOS CULTURALES

El desafío de hablar hoy de Dios en los colegios

Por: María Montero

Dos sacerdotes de escuelas confesionales porteñas cuentan sus nuevos caminos para llegar a los alumnos.
Comparte

Cuando se consulta sobre la intensidad de la religiosidad de los jóvenes hoy en día, las investigaciones dan cuenta de que es realmente muy bajas. Aunque este fenómeno no es exclusivo de nuestro país, también se advierte que -en rigor- no reniegan de los cultos, sino de sus prácticas.

Por lo tanto el desafío para las religiones es descubrir cómo llegar a ellos con un mensaje que los cautive y los convoque.

En el caso de los sacerdotes jóvenes que transitan los patios y las aulas de las escuelas católicas, este desafío los impulsa a desarrollar su vocación de acompañarlos en el camino de su vida, animándolos a ser “la alegría de la vida nueva en Jesús”, como exhorta el Papa Francisco en sus mensajes.

El padre Arturo Bas cree que, si bien cambiaron muchas cosas, entre ellas la sociedad y la cultura, lo que no cambia es el modo de acercarse a los jóvenes. “Los chicos buscan ser oídos, que alguien los escuche, y para eso hay que estar en los espacios donde ellos se mueven, en el patio, en el aula, en los campamentos”.

La convocatoria surge generalmente de cosas sencillas. De una invitación a sumarse a los grupos de fe después de un partido de fútbol, una charla, un momento para compartir sus historias. Y después, como explica Arturo, “las vidas se van uniendo y allí está Jesús sosteniéndolas".

El sacerdote, que trabaja en la escuela Nuestra Señora del Carmen, del barrio porteño de Villa Urquiza, y pasó sus últimos cuatro años en los colegios Patrocinio de San José y San Cayetano de Belgrano, dice que en estas últimas, como maestro de catequesis de 7° grado, tuvo la oportunidad de descubrir una puerta de acceso a los preadolescentes y acompañarlos en el secundario. “Al tener poca diferencia de edad con ellos –explica-, con el tiempo fui aprendiendo la difícil tarea de ser cercano pero no un par. Es decir, animarme a poner límites y descubrir que de esa manera se sentían acompañados”.

Esta cercanía le permitió crear lazos que se sostienen en el tiempo y en algunos casos llegar a ser parte de sus familias. De hecho, es padrino de uno de sus alumnos. Es que –como señala- “en la escuela están unos años, pero los vínculos son eternos, porque también lo es el amor”.

La experiencia de ser sacerdote joven entre jóvenes hace que las batallas culturales a las que se enfrentan sean las mismas. “La cultura está en constante renovación, y necesitan información y formación”, explica el padre Oscar Mercado, del colegio Nuestra Señora del Pilar y del Instituto Corazón de Jesús, del barrio de Palermo. “Esto provoca una sana desestabilidad –continúa-, salir de una estructura caduca o del miedo a abordar ciertos temas porque las respuestas fundamentales no se encuentran en la currícula de la escuela. Por lo que no hay que detenerse en lo que dicen o quieren, sino en lo que necesitan; hayque decodificar esa sed de respuestas”. Los sacerdotes coinciden en que es fundamental propiciar espacios para escuchar a Dios con los jóvenes y a los jóvenes entre sí. En esto también valoran el trabajo con los docentes, que son el canal hacia los chicos. “Un ejemplo patente –dice Oscar- fue cuando propusimos un cine debate sobre preguntas frecuentes que plantean los jóvenes y asistieron cinco. Pero cuando sobre la misma temática propusimos una recreación que consistía en compartir entre ellos lo que les afectaba, junto a juegos colectivos y deportes, vinieron 50”. Esto ayudó a reconocer que los mismos jóvenes desestiman lo virtual y tienen un deseo de una catequesis experimental.

También Arturo pudo comprobarlo acompañando a un grupo en uno de los viajes de egresados de 7° grado a Tandil. “Con los directivos habíamos acordado que íbamos a oficiar la misa en la cumbre de un cerro que la subida requiere bastante esfuerzo. Con uno de los chicos íbamos conversando sobre la fe y su idea de tomar la primera comunión y se me ocurrió proponerle hacerlo en la cumbre con sus compañeros. Y así, en medio de la montaña, recibió emocionado el sacramento rodeado de sus amigos”. Tanto Arturo como Oscar fueron descubriendo su propia identidad sacerdotal en las escuelas y con los jóvenes. La manera de ser padres, pastores y maestros al estilo de Jesús. Desarrollar la vida sacramental y acompañar al equipo pastoral, docentes y no docentes al crecimiento en la fe.