CONMEMORACION

El desafío de renovarse

Por: Sergio Rubin

El Concilio Vaticano II suscitó grandes expectativas de una modernización en la Iglesia. A 50 años de su inicio, ¿en qué medida fueron satisfechas? ¿Qué falta? ¿Cómo asumir mejor los retos actuales? Opinan tres destacados expertos
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Hace medio siglo, la Iglesia Católica iniciaba con la apertura del Concilio Vaticano II un inédito proceso de apertura al mundo moderno, de actualización de su presencia en la sociedad, de cambios internos y de relacionamiento con las otras religiones que -sin afectar su mensaje, sino a partir de la búsqueda de una mayor eficacia de su anuncio- suscitó grandes esperanzas de una profunda renovacióna tono con los desafíos de los nuevos tiempos. Originada en la gran intuición y audacia del Papa Juan XXIII -que sorprendió al convocarla-, cabe preguntarse 50 años después si la aplicación de aquella magna asamblea de más de 2.000 obispos y que insumió tres años de intensas sesiones respondió a las expectativas o si queda mucho por hacer. En definitiva, ¿cuánto se “aggiornó” la Iglesia? En pos de opiniones autorizadasV, alores Religiosos reunió al padre Gustavo Irrazábal, doctor en Teología Moral; a la hermanaJ osefina Llach, licenciada en Teología y en Educación, y al abogadoN orberto Padilla, experto en ecumenismo y ex secretario de Culto de la Nación.
-Más allá de que las msias dejaron de celebrarse en latín, ¿cuánto cambió la Iglesia tras el concilio? Hna. Josefina: La Iglesia de mi infancia y adolescencia resultaría irreconocible respecto de la de hoy. Realmente, creo que cambió en muchos aspectos. A mi juicio, la Iglesia entró más adentro y salió más afuera. La capacidad de entrar amplió la capacidad de salir. Resumiendo: la Iglesia creció en la capacidad de comunicar  a Dios y de comunicarse con los demás. Como suele decirse, se desarrolló una pedagogía pastoral basada en atender los signos de los tiempos: aprender a mirar, a escuchar, a dialogar y a proponer con los otros. Además, subrayo el gran papel del post concilio en América Latina en el despertar de la opción por los más pobres. Opción que parte de la fidelidad a Jesús y su mensaje. Dr. Padilla: Por un lado, destaco el descubrimiento del Espíritu Santo, el gran desconocido. Por el otro, la idea de Iglesia como pueblo de Dios en marcha, más dinámica y abierta a encontrarse en diálogo con los demás. Por ejemplo, subrayo el hecho de  que la Iglesia se incorpora al movimiento ecuménico, algo que ya venía. En ese sentido, asume un compromiso que no tiene vuelta atrás: la necesidad de la unión plena de los cristianos. Para muchos católicos
no existían los ortodoxos, los anglicanos, los luteranos … Además, descubre la relación con el pueblo judío, otro desconocido para nosotros. Y se abre al Islam. Es cierto que ese camino tiene sus dificultades. En el caso del delicado diálogo ecuménico, algunas son de vieja data y otras nuevas. Muchas veces los problemas surgen de nuestra parte por reticencias, falta de audacia. Pero quiero destacar que el diálogo nunca se cortó. Pbro. Irrazábal: Me parece que más allá del contenido, el hecho en sí del concilio fue de una enorme importancia. Marcó la conciencia de la Iglesia de un modo indeleble. Entre otros aspectos donde esto se nota cito la conciencia de que la Iglesia camina en la historia, de que es un pueblo peregrino que debe responder a los desafíos de cada época. Esa conciencia histórica me parece de las cosas más influyentes y fecundas del concilio. En la temática de la moral, si bien hubo un esbozo de documento que no logró consenso porque era muy legalista, surgieron líneas muy importantes inspiradas  en Cristo y la Biblia. Es cierto que lo moral suscitó mucho  debate interno en las últimas décadas. Por caso, la encíclica Humane Vitae (N. de R.: que rechazó la llamada píldora del día después). Pero hoy se está tratando de hacer propuestas más positivas. -¿Y cuánto más falta cambiar para una mayor actualización? Hna. Josefina: Faltan muchísimas cosas. Voy a decir dos. En primer lugar, es cierto que hay otra Iglesia en cuanto al estilo, marcado por la sencillez y la esperanza. Y en cuanto al modo, reflejado en que nos tratamos mejor, en que la gente puede acercarse al sacerdote, al obispo. Pero esa actitud pastoral, que para el concilio es doctrinal, debe ser muchísimo más desarrollada. En no pocos ámbitos seguimos haciendo diferencias,  inclusiones y exclusiones, cayendo en solemnidades. En segundo lugar, es verdad también que en cuanto al rol de la mujer en la Iglesia se avanzó muchísimo, pero no está resuelto. Es algo que a la Iglesia le resulta muy difícil. Más allá de que la mujer no puede acceder al sacerdocio, ¿cómo participa en la Iglesia? En el último sínodo había 250 varones y 10 mujeres. En cambio, en la lista de catequistas de una parroquia hay 25 mujeres
y un varón. Eso es un drama para la Iglesia, una situación desprolija. Y para resolverla no hace falta que la mujer sea cura, sino encontrar otra forma a su presencia. Dr. Padilla: Hay que trabajar mucho el tema del matrimonio y del laicado. El Catecismo de la Iglesia Católica se queda en lo jurídico, copia el Código de Derecho Canónico. Estoy con lo jurídico, pero hay que insertarlo en otro contexto, sobre todo en tiempos en que el matrimonio está en crisis. Hay que transmitir el por qué vale la pena optar por él. En ciertas épocas el mensaje estuvo muy restringido a los métodos naturales de anticoncepción -que hay que enseñarlos- y nos quedamos cortos en todo el resto. Con respecto al laicado, su papel debería ser más importante. Al igual que el rol de las mujeres, que son precisamente laicas, no termina de saberse cuál es exactamente el papel del laico en general. Además, está claro que en el futuro va a haber menos curas y monjas, y los  laicos -sin ser clericalizados- deberán tener un mayor protagonismo como testigos de la Buena Noticia. Pbro. Irrazábal: Para mí, el grave problema es la falta de libertad para discutir. La Iglesia no encuentra la manera adecuada de ejercer una tutela del diálogo intraeclesial que no sean los documentos, instrumentos cada vez más inadecuados; que no sea la condena de temas, más allá de que tenga o no razón. Por otra parte, hay que distinguir entre la difusión de ideas y la discusión académica, distinción que hoy no existe. Obviamente, no se puede hablar imprudentemente a todo el pueblo de Dios de cosas que pueden confundir. El problema es que tampoco se lo puede hacer en el ámbito académico, ni siquiera en el doctorado. En la investigación  científica sigue habiendo intentos de tutelar muy de cerca el desarrollo del pensamiento teológico. Se hacen observaciones a autores que, más allá de tener razón, carecen de la ductilidad para orientar la discusión teológica. En el fondo, hay un miedo residual a la libertad. -Generalmente, cuando se habla de modernización de la Iglesia se hace alusión al celibato optativo, la comunión a los divorciados … Pbro. Irrazábal: El tema de que la Iglesia se debe modernizar suele dar lugar a veces a ideas bastante poco elaboradas frente a la complejidad de las cuestiones. ¿Debería considerarse el celibato optativo? Si, pero como una discusión amplia porque el tema no es fácil. Tampoco es “el” problema. El tema de la comunión a los divorciados no está cerrado. Benedicto XVI dijo en 2006 que requería más estudio. Habrá que compaginar el no debilitamiento de la indisolubilidad con la misericordia. El concilio es todavía una agenda pendiente. Ahora, no me preocupa tanto que la Iglesia esté atrasada respecto de la marcha del mundo porque no sé bien qué significa eso, pero sí que lo esté respecto de sí misma. Porque la Iglesia tiene una riqueza que aún no pudo poner en práctica plenamente. Hna. Josefina: Es cierto que falta mucho, como dije, pero hay temas que no son negociables. ¿Vamos   negociar el aborto? Hoy el Evangelio no es políticamente correcto. Ser católico, tampoco. Los laicos que se presentan como católicos corren con desventaja en muchos lugares. Además, hay mucha superficialidad. ¿Qué es avanzar?  Creo que es meterse más en el mundo con el lenguaje más claro y de avanzada que es la cercanía.Estar al lado de la persona que sufre. La Iglesia debe poner límites, pero eso no es lo más importante. Lo más importante es anunciar la maravilla de Dios. Dr. Padilla: Más allá de los temas pendientes, el gran tema es cómo anunciar a Jesús de un modo atractivo, que provoque un cambio en la vida de la gente.