UN APORTE AL DEBATE

El desafío de transformar los planes sociales en trabajo

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En propuestas y objetivos de distintos sectores gubernamentales y sociales se pueden encontrar muy a menudo las ideas de “favorecer, promover, generar, etc., el trabajo genuino”. Pero ¿qué es el trabajo genuino?

En una de sus acepciones, el diccionario de la RAE (Real Academia Española) dice que “trabajo” significa “Ocupación retribuida”. Para el término “genuino”, el mismo diccionario devuelve la siguiente definición: “Auténtico, legítimo”. Podríamos decir entonces que el término significa trabajo remunerado y registrado (es decir, en blanco). En las últimas semanas el término se ha vuelto a emplear a partir de la idea de que los planes sociales sean transformados en trabajo. ¿Es esto posible?

Supongamos que simplemente se asigna una tarea o responsabilidad a cumplir por quienes actualmente reciben planes. Esto no resolvería del todo la cuestión, ya que además de determinar qué planes estarían dentro de este cambio, hay que tener en cuenta qué tareas serían asignadas, cómo sería el control de su cumplimiento, y si la compensación recibida (el plan social transformado ahora en una remuneración) retribuye el esfuerzo realizado ahora, por defecto o por exceso, para no generar injusticias con los demás trabajadores.

También habría que considerar la posible situación de “canibalismo” en contra de otros trabajadores (porque podrían reemplazarse los trabajadores existentes para esas actividades por estos nuevos trabajadores), sin modificar el empleo total.

¿Qué sector articularía este cambio? Si lo hiciera el sector estatal exclusivamente, este cambio no contribuiría a la reducción del déficit ni a un menor peso del sector público en la economía, y podría tener el problema de la estabilidad laboral (un cambio de signo político podría nuevamente modificar el sistema, dependiendo de cómo se lo instrumente), aunque sería una señal importante de que se valora la contraprestación realizada, es decir, el trabajo.

Para que el sector privado sea el motor de esta transformación, debe pensarse en alguna articulación para que coexistan ambos sistemas durante un periodo de transición, luego del cual todos los trabajadores de la economía realicen las tareas necesarias y reciban una compensación justa por el esfuerzo realizado. Es decir, que los recursos se asignen de la manera más eficiente.

Quienes hoy reciben planes sociales y están en condiciones de realizar una actividad productiva remunerada, probablemente deban recapacitarse previamente para que luego del periodo de transición puedan incorporarse al universo de trabajadores sin ningún tipo de diferencias en cuanto a remuneración por igual tarea realizada. ¿Cómo lograr que voluntariamente deseen recapacitarse y que prefieran tener una actividad laboral que remunere su esfuerzo a seguir recibiendo un plan social sin contraprestación?

Las empresas probablemente no desearán incorporar nuevos trabajadores si no los necesitan, y menos aún si saben que cualquier medida que los ayude a incorporar nuevos empleados es temporal. ¿Cómo hacer que las empresas contraten más trabajadores de manera permanente sin que la actividad económica aumente y que puedan seguir subsistiendo?

La política de planes sociales ha sido necesaria, pero muchas veces el estado ha recurrido a utilizarla con fines electoralistas de corto plazo, acarreando un problema de mayor déficit para el largo plazo. ¿Cómo cambiar la forma de pensar de quienes toman las decisiones de política, para considerar un plan económico y social de largo plazo, y no solo parches para aliviar la coyuntura?

El desafío es realmente grande, y requiere de importantes reformas. En Economía aprendemos que la clave para lograr cambios en las decisiones está en los incentivos correctos. Encontrar estos incentivos para cada uno de los sectores mencionados será imperativo para transformar nuestro país y nuestra sociedad.

Prof. Verónica Manrique
Dto. Economía y Finanzas
UADE