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El diálogo como un sentimiento

Por: Daniel Goldman

El insustituible valor de la relación personal a partir del testimonio de amistad con un islámico.
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Sin querer ser análogo con el antisemita que para justificarse siempre dice “tengo un amigo judío”, tengo la obligación de ponderar mi ami-s tad cultivada con un musulmán. A Omar Abboud lo conocí hace algunos años atrás en una convocatoria realizada por el Ministerio de Acción Social, y descubrimos que nuestro origen era similar. Idéntica geografía: comprábamos en la misma carnicería Kosher del barrio de Flores, ya que el faena - miento de la carne “Jalal” a la usanza musulmana no difiere en demasía de aquella que establece la ley judía. Este tema tan domé-s tico hizo que nuestra conversación continúe descubriendo sus lecturas sobre Averroes y la mías sobre Maimónides, quienes habitaban la Córdoba ibérica y, seguramente, con sus pasos recorrían las mismas callejuelas medioevales. La guerra en Medio Oriente no nos alejó. Por el contrario, confirmó nuestras convicciones de paz. Pero por sobre todas las cosas, ambos descubrimos que son los vínculos humanos aquellos que pueden establecer los c-i mientos de la conversación franca, de la disidencia sana y de la eventual superación de los conf lictos. Porque no son las instituciones las que dialogan, sino los hombres que ocasionalmente participan de esa ins - titucionalidad, quienes pueden superar los trances que las co- yunturas territoriales presentan como problemáticas. Celebro que a los dos nos guste el café negro, la risa fuerte, la m-i rada sincera, y la construcción de proyectos que unan a las personas en plenitud. El Judaísmo y el Islam transitaron en la historia por vías similares. Es tiempo que quienes habitamos en ambas creencias vislumbremos, uno en el otro, un destino parecido.