Miércoles 22.05.2019

EL INCENDIO EN NOTRE DAME REACTUALIZÓ UNA SITUACIÓN INQUIETANTE

El estado de templos históricos del país, en serio riesgo

Por: Sergio Rubin

Es por la falta de mantenimiento y por obras aledañas que amenazan sus estructuras. El Estado es responsable de los más valiosos.
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Quizá ya pocos recuerden que una noche, en el año 2000, cayó sobre la acera desde 106 metros de altura una de las cruces de las dos cúpulas de la basílica de Luján como consecuencia del viento y el deficiente estado de conservación, sin provocar -de milagro- una tragedia. Por otra parte, de haber caído hacia adentro hubiese destrozado el techo y los vitrales. Casi nadie sabe, además, que la medianera posterior -lindante con el altarde la catedral de Buenos Aires, corrió el riesgo de derrumbarse a comienzos de la década del ‘90 debido a la vecina construcción de una torre destinada a ser la sede de un banco y que obligó a rediseñar la obra, dejando un espacio de separación y fortaleciendo los cimientos del sector del templo amenazado. En cambio, bastante conocido por la polémica que suscitó fue el caso de la edificación de otra torre con seis subsuelos en un terreno vecino al colonial monasterio de Santa Catalina, en el microcentro porteño, frenada por la Justicia en 2013 ante el serio peligro de afectarlo.

No son los únicos episodios, pero acaso sean los más emblemáticos del peligro que en las últimas décadas corrieron importantísimos templos católicos que forman parte del patrimonio no solo religioso, sino cultural del país por falta de conservación o de una cabal conciencia del riesgo al que pueden ser expuestos. Y si bien no suele ser el estado de los templos de gran valor histórico y artístico una problemática debidamente debatida en estas tierras, el reciente incendio en la catedral de Notre Dame, de gran impacto no solo en Francia, para los expertos locales debería ser aquí una ocasión para crear una mayor conciencia sobre su preservación. Como lo dijo tras el siniestro de París el delegado para los Bienes Culturales de la Iglesia en el país, el obispo Ariel Torrado Mosconi: “Debe ayudarnos a tomar conciencia de la necesidad y relevancia de preservar y contribuir al mantenimiento de nuestro patrimonio religioso en sus manifestaciones culturales, arquitectónicas y de tantas otras artes, ya que muchos de ellos de gran valor corren serios peligros de manteniento”, señaló.

En la misma línea se pronunció la secretaría ejecutiva de ese equipo, Vanessa Pedreira, quien le dijo a VR que los bienes y espacios de fe “permanecen rodeados de múltiples amenazas: desde los templos emblemáticos, enclavados en las ciudades más populares de nuestro país hasta las pequeñas capillas que iluminan la soledad de nuestras extensas latitudes. Debemos decir –añadió- que, al igual que los bienes pertenecientes a otros segmentos culturales, el patrimonio eclesiástico requiere recursos humanos y materiales que, lamentablemente, no están disponibles en la medida que son necesarios. Cita “una realidad ineludible: lo urgente, muchas veces, quita lugar a lo importante”. Además, advirtió acerca del constante robo de imaginería religiosa (imágenes de vírgenes y santos, coronas, mantos, etc.). “Cuántos hurtos podrían evitarse con una inspección pautada de los bienes al alcance de la mano, obstaculizando así el ‘accionar hormiga’ de quienes se sirven impunemente de ello”, indicó. De hecho, su área avanza en la realización de un relevamiento patrimonial. Ahora bien: la preservación de las catedrales, parroquias, santuarios y capillas declarados “monumento histórico nacional” corresponden al Estado: son 115 entre los más de mil bienes (muebles e inmuebles) igualmente protegidos por su relevancia histórica, cultural o artística. El organismo encargado de reconocerlos y vigilarlos es la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos, creada en 1940. Pero la dependencia que se ocupa de las restauraciones edilicias y de cuyo presupuesto salen los fondos para las obras es la Dirección Nacional de Arquitectura, que está en la órbita de la secretaría de Obras Públicas. Históricamente, las necesidades de restauración de los templos declarados “monumento histórico” –como del resto de las edificaciones y bienes que están en la misma categoría, pero no son de la Iglesia católica- muchas veces no son atendidas con la debida celeridad por el Estado, debido a la escases de fondos, que lo obliga a priorizar las asignaciones, según argumenta.

Situaciones desgraciadas como la aludida caída de una de las cruces de la basílica de Luján encienden las alarmas en los despachos oficiales y terminan apareciendo las partidas. Incluso el incendio en Notre Dame aceleró un aporte de más de 55 millones de pesos del gobierno de la Provincia de Buenos Aires para obras en la bellísima catedral de La Plata, de estilo neogótico, la más grande de Sudamérica. Así, se dio respuesta a los reclamos de los expertos y de los propios vecinos, conscientes de la necesidad no solo de que se termine el templo (falta concluir una de las torres, que incluirá un ascensor vidriado para una vista desde lo alto), sino de preservarlo mejor mediante un nuevo servicio de mantenimiento y de optimizar su seguridad con la instalación de otro sistema detector de fuego. En base a los protocolos de preservación, los expertos advierten que los trabajos de mantenimiento, que deberían hacerse cada cinco años, llevan más de dos décadas de demora.

Con todo, el secretario de Culto de la Nación, Alfredo Abriani, aclara que el aporte económico del Estado para esas obras no debe imputarse al sostenimiento a la Iglesia católica, que es menos del 10 % del presupuesto de la institución –y en relación al cual el Episcopado anunció el año pasado su “renuncia progresiva”-, sino en orden a la preservación del patrimonio cultural de la nación. “Cuando el Estado coopera económicamente con la puesta en valor de un templo de significación no está financiando a la Iglesia católica u otra confesión, sino que está favoreciendo el cuidado del acervo patrimonial histórico, artístico y cultural del país”, afirma. Actualmente, los templos católicos que están siendo restaurados con el aporte de la secretaría de Obras Públicas son la basílica de Luján –en su etapa final-, las iglesias de San Francisco, en el microcentro porteño, y San Pedro Telmo, en el barrio de San Telmo, y la capilla San Pedro, en la localidad de Fiambalá, Catamarca.

El director del Instituto de Derecho Eclesiástico de la UCA, Octavio Lo Prete, cree “necesario conciliar los deberes e intereses de todos” en la preservación. “De parte del Estado –dice-, tutelando el patrimonio cultural, pero sin perder de vista que tratándose de bienes de índole religiosa habrá de garantizarse el respecto de tal condición. De parte de las confesiones -señala-, asumiendo que, más allá de la afectación al ‘culto’, gran cantidad de los bienes integran el `patrimonio cultural´ de la sociedad de que se trate y por ello deben aceptar limitaciones al dominio. Así, por ejemplo, su apertura a la comunidad (por el mero goce o para fines de estudio)”. A la vez que considera que “sería muy beneficioso para la sociedad la suscripción de acuerdos de cooperación entre el Estado y las confesiones sobre aspectos como la responsabilidad de cada parte en la preservación, custodia y conservación”

Con todo, Lo Prete dice que “el empeño debe ser mancomunado y, si bien la responsabilidad primera recae en el Estado, también deben involucrarse la empresa, las organizaciones del tercer sector y las confesiones”. Y concluye:

“En la Argentina, sin perjuicio de los avances, aún es escasa la `cultura` tendiente a salvaguardar el patrimonio cultural”.