islamicos - autor: Omar Abboud

El fundamentalismo y la Real academia

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En Argentina, cuando surge alguna duda en cuanto a una expresión o palabra, muchos debates culminan cuando alguien certifica que “está aceptada por la Real Academia”. Pero a veces los diccionarios no aciertan del todo con las definiciones, o por lo menos tales definiciones dejan lugar a dudas.
Según la Academia el término fundamentalismo se define como “Movimiento religioso y político de masas que pretende restaurar la pureza islámica mediante la
aplicación estricta de la ley coránica a la vida social”. Otra definición dice: “Exigencia intransigente de sometimiento a una práctica”. En términos históricos el fundamentalismo fue un movimiento conservador surgido entre los protestantes que se inició en Estados Unidos a nales del siglo XIX , se propagó en la década de 1920 y fue más fuerte su aceptación en las áreas rurales, particularmente en California, en los estados fronterizos y en el Sur. En estas áreas, los fundamentalistas describieron con claridad el tema de la infalibilidad bíblica en asuntos históricos y científicos. La controversia se hizo más intensa en la esfera secular cuando los fundamentalistas exigieron a muchos gobiernos estatales una ley que prohibiera la enseñanza de la teoría de la evolución en las escuelas públicas.
 Los movimientos y las agrupaciones fundamentalistas, que difieren entre sí, intentan sentar a través de los denominados congresos bíblicos una base común que les permita “mantenerse en estado de guerra permanente contra toda forma de modernismo”. En esta lucha por la “ortodoxia” se acaban produciendo, sin embargo, procesos inquisitoriales y cismas. Por analogía con este fenómeno propio de la historia eclesiástica americana, en el ámbito teológico alemán y escandinavo se ha calificado de fundamentalista el rechazo impulsivo de la exégesis histórico-crítica y la tendencia al pla-nteo dogmático enfrentado a esta.
En el Islam, el “fundamentalismo” representa, en principio, una determinada escuela cientíca y de investigación dentro de las ciencias del islamismo (usuliyun). Los
teólogos que a ella se dedican estudian las fuentes primarias y los fundamentos (usul) de su religión, que son el Corán y la Sunna. Son teólogos que pueden estar abiertos a otras religiones y culturas. De ningún modo, confundirlos con los grupos o los partidos políticos que se titulan islámicos radicales o con algunos movimientos islamistas, que también reclaman para sí llamarse fundamentalistas. Finalmente, son precisamente aquellos a los que en rigor se les puede aplicar la caracterización de fundamentalista que aquí usamos.En ejemplos y actitudes, el mundo moderno está repleto.D ecir que alguien pretende restaurar la “pureza islámica” es un error que hasta podemos tildar de histórico. Todos sabemos que la fuente más importante y reguladora de la vida del musulmán es el Sagrado Corán. Entre otras cosas inherentes a su propia naturaleza y que el creyente conoce, es decirl a pureza islámica no necesita ser restaurada porque jamás perdió su condición de tal. Quizás pierdan la pureza islámica algunos creyentes, pero es un juicio que no nos compete. La ley islámica no sólo se nutre de la fuente coránica sino también del ejemplo profético, el consenso de los sabios y la razón humana. El mensaje para el musulmán, en su credo a través de la palabra del Profeta Muhammad (BP): “Los
preceptos de la religión son flexibles. Aquel que impone severidad en ellos es vencido por ellos”. STodas las religiones han tenido grupos más allá de la ortodoxia que, en lo político y social, tratan de imponer sus verdades en abierta oposición a cualquier forma de convivencia, pero lo cierto es que el mundo está lleno de actitudes fundamentalistas, desde lo deportivo hasta lo político. En el diálogo quizás hallemos soluciones para crear denominadores comunes a lo humano, lejos de cualquier tipo de fundamentalismo.