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El Gauchito Gil y la Difunta Correa, desafíos para la Iglesia

Se trata de devociones no católicas que congregan multitudes. Los obispos de las diócesis donde están los santuarios decidieron en los últimos años acompañar estos fenómenos populares levantando capillas en la cercanía y bendiciendo a los devotos.
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Virginia Bonard

Cada 8 de enero miles y miles –algunos señalaban 300.000 la cantidad que fue este año-- concurren al santuario de la Cruz Gil, en memoria del Gauchito Gil –su nombre real fue Antonio Cruz Mamerto Gil Núñez--, ubicado a 7 km de la ciudad de Mercedes, Corrientes. Pero también hay nutridas manifestaciones populares en distintos puntos de la Argentina para este “santo de los pobres” como fue bautizado por la misma gente.  A su vez, la Difunta Correa en San Juan convoca multitudes cada primero de noviembre.  Así como en otros momentos del año. Ambas devociones -teñidas de leyenda- nacieron del corazón mismo de esos pueblos, pero no integran el santoral católico. En otra palabras, surgieron por fuera de la Iglesia católica y no tienen ningún reconocimiento de la institución. Sin embargo, los obispos con jurisdicción en los sitios donde se los venera hace tiempo que decidieron  acompañar estos fenómenos, no de ignorarlos, ni mucho menos combatirlos. Una actitud que contó con el apoyo y el aporte de orientaciones clave del mismísimo Papa Francisco.

Ahora bien: ¿Por qué son venerados? El padre Eduardo Farell, de la diócesis de Merlo-Moreno, explica que “cuando hablamos de la devoción al ‘Gauchito Gil’ (como lo nombra cariñosamente nuestro pueblo) o a la ‘Cruz Gil’, evocamos a ese gaucho que había sido detenido cuando participaba de la fiesta de San Baltasar. Lo llevaban a Goya para entregarlo a la justicia por desertor. Pero en el camino hubo cambio de planes y lo degollaron. Eran tiempos de la presidencia de Sarmiento. El centralismo porteño se había propuesto acabar con las expresiones de los caudillos federales que, portando el rojo en sus banderas, representaban el fallido intento de un país federal derrotado en Caseros”. Completa monseñor Ricardo Faifer, obispo emérito (retirado) de Goya, la diócesis en cuya jurisdicción está el santuario: “Se debe contextualizar este personaje en la época de la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay (1864-1870) en esta zona bendita del noreste argentino”.

Fue el mismo Faifer quien cuando llegó a la diócesis en 2005 dispuso la Novena (o Novenario) -los nueve días de oración previos a la fecha en que se evoca una muerte- a la Cruz Gil. En diálogo´c on Valores Religiosos Faifer señaló los valores que representa la “Cruz Gil” y el Gauchito Gil: “La cruz en sí misma es un signo cristiano; el anhelo de libertad, de fraternidad, tan arraigado en el interior del país; el respeto de la vida humana. Pensemos que Antonio Gil no aceptó matar a los hermanos y por eso se hace desertor de esa guerra fratricida de la Triple Alianza”. Los estudiosos  del fenómeno obserban también valores como el perdón al enemigo; el compartir con sus ocasionales compañeros de ruta los animales que mataba para comer; una búsqueda de justicia y solidaridad; un respeto a las propias raíces de la vida, a la propia madre y a los mayores, y el recuerdo y oración por los difuntos.

Con no poca emoción monseñor Faifer recuerda que “era el 7 de enero del 2005 cuando el paí Julián Zini, mi Vicario Episcopal para la Cultura y experto en el tema, me animó a acompañar a los peregrinos de la Cruz Gil. Comprendí que debía hacerme presente a pesar de mis dudas y resistencias interiores. Al día siguiente estaba allá, el sol partía la cabeza. Me puse en la cola de los peregrinos, camisa blanca de cura y sombrero pajizo. Cuando se dieron cuenta que soy sacerdote empezaron a pedirme que los bendiga a ellos, a sus familiares, a sus enfermos; me presentan fotografías de los suyos y objetos de devoción para que también los bendijera… Muchos llevaban el Rosario en el cuello… Entonces me dije: ‘esta es gente nuestra, son hijos de la Iglesia Católica’ ”.

Muchos obispos y sacerdotes aportaron para la confección de la Novena a la Cruz Gil: los monseñores Guillermo Rodríguez Melgarejo y Andrés Stanovnik; los Luis María Adis y el mencionado Zini, músico y poeta . Hasta el mismísimo por entonces cardenal Bergooglio.¿ Pero qué tuvo que ver el Papa Francisco con la Cruz Gil? Desde septiembre de 2015, el actual obispo de Goya, monseñor Adolfo Canecín asumió su gran “desafío-oportunidad” que le plantea la devoción al Gauchito Gil.  “Durante un viaje a Roma, acompañado por monseñor Jorge Torres Carbonell (obispo auxiliar de Lomas de Zamora), consigo una audiencia con el Papa y ahí le dije: ‘Santo Padre, le pido que usted me indique, como Pedro que es, cómo acompañar a los peregrinos y devotos’ ”.

El Papa le respondió: “Es muy simple. Te voy a dar un ABC. Primero: es una obra de misericordia rezar por los difuntos; si Antonio Gil ha existido, es una obra de misericordia rezar por él como rezamos por tantos queridos fieles difuntos, familiares conocidos o no. La Iglesia nos enseña a rezar también por las almas del purgatorio, aunque no conozcamos a las personas fallecidas. Segundo: el entonces obispo Faifer llevó adelante la confección de un novenario para rezar por los difuntos y también por Antonio Gil. Vuelvan a imprimir ese novenario, reedítenlo, recen con él por los difuntos y por Antonio Gil, y a partir de allí vean cómo concretar el abordaje. Yo conocí ese novenario cuando estaba en Argentina, hice algunos aportes, está muy bien hecho. Tercero: ustedes como diócesis habían comprado un terreno a unas cuadras de donde está enclavada geográficamente la devoción a la Cruz Gil. Construyan allí el templo a la Santísima Cruz, ya que ella es uno de los grandes amores del pueblo correntino y desde ese templo ustedes como Iglesia ofrezcan todos los servicios que la Iglesia ofrece a los peregrinos y devotos de las distintas expresiones religiosas, en este caso la Cruz Gil’”. Ya en los años 90 había sido el destacado teólogo Lucio Gera quien sugirió levantar un templo a la Santísima Cruz para encauzar la tarea evangelizadora. Lo cierto es que monseñor Canecín cumplió con el ABC del Papa desde que asumió como obispo de  la diócesis en septiembre de 2015. Y resume: “Nuestra actitud es de una presencia, de estar, acompañar; después viene todo lo demás”.

Con respecto a Diolinda “Difunta” Correa, el actual arzobispo de San Juan, monseñor Jorge Lozano, cuenta que su marido fue llevado a la fuerza a la guerra cuando hacía muy poco que  habían tenido un hijo. Un comisario comenzó a querer seducirla. Deolinda quiso permanecer fiel a su esposo y decidió ir a buscarlo con su niño pequeño en brazos. Fatigada durante el caminar murió y la encontraron tirada  y con su hijo con vida mamando de su pecho. Lozano considera que esta historia  contiene varios valores. “La fidelidad matrimonial y el amor a su hijo, enfrentarse al poder sin doblegarse El pueblo ve en esto un gesto heroico del cuidado de la vida y la opción por el amor”, dice. También la Iglesia en San Juan decidió acompañar este fenómeno. De hecho, frente al sitio donde está la imagen de la Difunta Correa se levanta una capilla, hay bendiciones, confesiones y hasta un Via Crucis  el Viernes Santo, multitudinario. Dentro del predio hay también otras ermitas con imágenes de la Virgen María y de santos. Porque Lozano dice que se debe tener en cuenta que todos los devotos son católicos, no hay de otras religiones.

El padre Farrell reflexiona a modo de cierre: “Es interesante observar la estrecha relación que hay entre la devoción al Gaucho Gil, del mismo modo que en la Difunta Correa, con el camino. Son dos ejemplos de personas que han quedado en el camino en situaciones de injusticia. El camino también nos refiere a la vida misma como camino, con otros, en comunidad hacia la Vida Eterna”.


Fuente: Clarin / VR