MUSEO DE LA SHOÁ DE BUENOS AIRES

El horror del Holocausto recordado por un rabino, un sacerdote y un musulmán

Los fundadores del Instituto de Diálogo Interreligioso visitaron un sitio imprescindible tras su remodelación.
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Recorrer el Museo del Holocausto de Buenos Aires es una experiencia sobrecogedora y un ejercicio de memoria histórica imprescindible. Particularmente emotiva resultó la visita que le realizaron los fundadores del Instituto de Diálogo Interreligioso (IDI) –el padre Guillermo Marcó, el rabino Daniel Goldman y el musulmán Omar Abboud-, porque desde la fraternidad interreligiosa dejaron más expuesto aún –por si hacía falta el sinsentido atroz del genocidio más grande de la historia.

Acompañados por el presidente del museo, Marcelo Mindlin, y los directores Fabiana Mindlin y Jonathan Karszenbaum, Marcó, Goldman y Abboud recorrieron sus tres pisos. “El museo es un espacio de aprendizaje para la coexistencia, una de las mayores enseñanzas que nos deja el Holocausto”, expresó Mindlin. Y, en línea con el espíritu del Instituto de Diálogo Intereligioso, manifestó el orgullo de ser “un lugar de encuentro que fomenta la convivencia entre todas las religiones de la Argentina”

A su vez, Marcó afirmó que “cuando uno escucha ‘museo’ piensa en el pasado, en objetos, pero yo definiría este lugar más como una ‘experiencia’ que busca a través de uno de los hechos más vergonzosos de la humanidad –la eliminación sistemática de seres humanos- recrear también su memoria transformándola en una experiencia formativa para evitar los pensamientos totalitarios. Rescata también –añadió- historias de sobrevivientes y de quienes los salvaron. Es una extraordinaria experiencia educativa para el diálogo y la convivencia”. Por su parte, Abboud expresó que “siempre cuando uno recorre estos lugares te vas con la misma sensación: ¡Cómo pudo haber pasado! Porque más allá de que esto no debe volver a ocurrir, y que no puede ni si quiera llegar a pensarse que ocurra, cuesta creer que el ser humano haya descendido a semejante monstruocidad. Por eso –agregó-, visitar este museo es una experiencia que ayuda a ponernos en alerta, a estar siempre atentos, a interpretar eventuales señales y tener mucho cuidado para que esta catástrofe no se repita con ningún grupo humano”

Finalmente, Goldman –que es hijo de sobrevivientes de la Shoá- sostuvo que “los gestos de mis hermanos Omar Abboud y Guillermo Marcó reconfirman permanentemente aquello de que nada del sufrimiento humano nos puede ser ajeno”. Para el rabino, perteneciente a la Comunidad Bet El, la visita de los fundadores del IDI al Museo de la Shoá “es un símbolo del compromiso de diálogo, en el que el hombre debe poner en práctica el sentido profundo de lo fraterno”.