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El judaísmo y la clonación

Por: Daniel Goldman

Junto a la fertilización y la ingeniería genética pueden ayudar a cumplir el mandato de Dios
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En un capítulo del Talmud, se relata que cierta vez los Rabíes Ismael y Akiva se toparon con un enfermo que les dijo: Mis maestros ¿Qué debo hacer para sanarme?. Ellos le contestaron que tome cierto remedio hasta que se cure. Entonces el enfermo les respondió: ¿quien me ha golpeado con esta enfermedad? Le contestaron que Dios. Entonces él dijo: Ustedes ¿se adentraron en un asunto que no les concierne?¿El me enfermó y ustedes me intentan sanar? ¿Acaso no están ransgrediendo Su voluntad? Ellos le preguntaron ¿Cuál es tu oficio?. El respondió que era agricultor. Entonces le dijeron: ¿Quién creó la tierra y el viñedo? Y él dijo que obviamente fue Dios. Ahí los rabíes contestaron: ¿Te estás entrometiendo en una tarea que El sólo hace? Así como el árbol que si no es abonado y podado no se desarrolla, y si se desarrolla y no bebe agua no puede vivir, lo mismo ocurre con el cuerpo del hombre. Al igual que el árbol, el abono es el remedio y el agricultor es el médico. En este sentido se debe hacer todo lo necesario para superar la infertilidad, entendiéndola como una dificultad tanto para el varón como la mujer que necesitan una ayuda. Mi amigo, el Rabino Abraham Skorka, sostiene que al ayudar a una pareja a superar sus problemas de infertilidad, se le está procurando lo necesario para el cumplimiento de la procreación, mandato divino que se encuentra entre los 613 preceptos que fueron prescriptos por Dios al pueblo hebreo. Acorde con la tradición judía, y de modo general, la técnica de fertilización y el avance en ingeniería genética es admitida y celebrada. En relación a la fertilización “in Vitro”, los especialistas en bioética judía mayoritariamente opinan que el procedimiento es totalmente permitido. En cuanto a la clonación, Azriel Rosenfeld, afirma que debe ser permitida, argumentando que si ese hijo clonado puede salvar la vida de otro, entonces no está haciendo más que dos buenas acciones: procrear y salvar vidas. Nuevos desafíos en el corazón del hombre y en la creación.