Miércoles 16.01.2019

El lugar de la mujer en las comunidades

Por: Daniel Goldman

Rabina Silvina Chemen. Nombrada Personalidad Destacada, es un ejemplo de la lucha por la igualdad de géneros.
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En la tarde de ayer, la Legislatura porteña abrió sus puertas para homenajear a la rabina Silvina Chemen como Personalidad Destacada de los Derechos Humanos.

Su constante tarea educativa en contra de toda discriminación y su labor pastoral a favor del diálogo la hacen merecedora de este importante reconocimiento de la Ciudad de Buenos Aires. Su afán comunicacional, su dedicación y su compromiso durante más de una década en la Comunidad Bet El, ocupando el púlpito de la congregación siendo mujer, permitió superar prejuicios atávicos instalados en el seno de la colectividad.

A Silvina no le habrá sido fácil luchar contra una cultura ancestral reservada al varón. Más de una vez escucho cómo los hombres, tratando de disimular vicios machistas de la tradición judía, alegan que la mujer tiene reservado otros derechos que ellos no poseen, y para ocultar esta confusión invocan el argumento de que a través de los siglos la “rabina” ha sido la esposa del rabino. Esa tendencia es solo una licencia para disimular preconceptos intencionales y no superados todavía a la luz del siglo XXI. Por suerte, ha habido quienes en oposición a esas posturas elevaron su viva voz.

Una de ellas es Rachel Adler, autora de “Engendrando el judaísmo”. Con el objeto de equiparar el plano de derechos para la mujer, Adler ha escrito este libro para aquellos que buscamos el igualitarismo sin apartarnos de la ley judía. Con un apreciable virtuosismo, la investigadora combina y re- interpreta las fuentes, proponiéndonos reconstruir un aspecto del pensamiento teológico-moral.

Por eso el sugestivo título de “engendrar” requiere un esfuerzo de dos niveles: a) disponerse a una relectura de los textos clásicos, atendiendo al impacto del género en las experiencias vividas por el pueblo de Israel; b) abordar las preguntas que tenemos que responder como producto de una ética que nos interpela tanto a hombres como mujeres, en aras de un renovado compromiso. Adler ilustra su relato con un personaje del folklore idish llamado Skotsl, quien sube a una torre hecha de mujeres para hablarle al mismísimo Dios y reclamarle su lugar.

Otra obra de la literatura judía que recuerda la lucha de la mujer es Yentl, escrita por Isaac Bashevis Singer. Llevado también al cine, el cuento relata la vida de una joven que debe ocultar su género para estudiar en una escuela rabínica. No por casualidad, el síndrome de Yentl es el nombre que Bernadine Healy apodó al hecho de que la probabilidad de que una mujer no reciba tratamiento adecuado para una enfermedad cardiovascular es mucho mayor que para un hombre.

Famosa es también la historia de Jana Verbermacher, nacida en Ucrania a principios del siglo XIX y conocida como la Doncella de Ludmir. Venerada por sus seguidores como líder, esta maestra de la Cábala fue acusada por sus detractores de estar poseída por un espíritu maligno. La investigación sobre este personaje, realizada por Nathaniel Deutsch, ilumina la necesidad de que el debate en torno a la igualdad no sea solo académico sino también comunitario, convirtiéndose así en una meditación provocadora sobre las complejas relaciones en la trama de nuestros prejuicios.

Aquí es donde vuelvo a estas latitudes y al espacio que ocupa la rabina Silvina Chemen, destacando que su tarea nos es indispensable para seguir creciendo como sociedad. El reconocimiento a su labor acompaña nuestra alegría por esta distinción.