Miércoles 24.04.2019

El manto del compromiso

Por: Daniel Goldman

La prenda Talit recuerda los 10 Mandamientos, uniforma lo externo y eleva espiritualmente.
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Si bien toda palabra produce un impacto, su significado adquiere mayor relevancia cuando se encuentra estimulado por algún elemento visible recordatorio. Y así como mi colega Bar Itzjak hace referencia en su artículo a la kipá, a mí me gustaría acompañar sus enseñanzas con otro símbolo: El talit. El mismo es un manto en forma de chal que se utiliza en los servicios religiosos matutinos diarios, y también en los del sagrado día sábado, en las festividades y conmemoraciones. La característica de este manto es que en sus cuatro puntas debe llevar unos hilos en forma de flecos que representan los puntos cardinales, para indicar la autoridad de Dios en todo el mundo. Los flecos son llamadas tzitzit. Su origen reside en el pasaje bíblico del libro de Números 15:37-41 en el que Dios le habla a Moisés y le dice: “Indícales a los hijos de Israel que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos, para que cuando los vean se acuerden de todos los mandamientos y sean santos a vuestro Dios. Esta prenda, que con el tiempo se convirtió en la estola usada en el culto cristiano, representa para el judío el ropaje visible de la responsabilidad.

Ya que el talit cubre prácticamente toda nuestra ropa superior, resulta un modo de demostrar a la congregación que no importan las alienantes modas que impone el mercado, y por lo tanto uniformiza lo externo para destacar y elevar nuestro espíritu. La mística judía nos enseña que el talit es una metáfora de la luz trascendentemente infinita de Dios. Los f lecos del mismo aluden a la luz divina inmanente que permea cada elemento de la creación. El mismo es fabricado en lana o seda. Generalmente es de color blanco y lleva estampada a los costados, rayas negras o azules. Cuando el judío se coloca el talit debe decir una bendición recordando el lugar que ocupa en su vida el Creador del Universo.