Jueves 13.06.2024

MUSULMANES

El médico del califa, una noble personalidad judía

Por: Ricardo Elía

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El polímata Hasday Ibn Shaprut (ca. 915 – ca. 979), apodado en árabe al-Jianí (el jienense, natural de Jaén), fue el médico de la corte del califa cordobés Abd ar-Rahmán III (r. 912-961) y su hijo al-Hákam II (r. 961-976). Esta eminente personalidad judía alcanzó una posición de relevancia política que ningún otro judío había logrado hasta entonces en la España musulmana y es el primer personaje hispano-hebreo cuya vida y obra conocemos con detalle. Pertenecía a una importante familia judía de Jaén y fue su padre Itzhak Ben Ezrá Ben Shaprut, un hombre muy rico y piadoso, quien decidió trasladarse a Córdoba, la capital del califato omeya en al-Ándalus, y establecerse allí.

Recibió Hasday una esmerada educación judía y musulmana y puso su empeño en estudiar medicina, sobresaliendo notablemente en esta ciencia. También mostró un gran interés por los estudios lingüísticos y asimismo dedicó su tiempo al aprendizaje de las lenguas árabe y latina. Aunque parece que su principal cargo fue ser médico del califa cordobés, desempeñó también otras importantes funciones. Su conocimiento de las lenguas le permitió realizar en ocasiones misiones diplomáticas de éxito para la corte de Córdoba, de modo que también se dejó sentir su influencia en la política exterior del califato.

La convivencia en al-Ándalus, entre judíos y musulmanes está testimoniada por una carta que en el año 955 Hasday Ibn Shaprut envía a Iosef, jan de los judíos jázaros de etnia turca que poseían un imperio entre el mar Negro y el mar Caspio. Esta es una parte de la carta, pero el texto es más que suficiente para darnos cuenta de la confianza que Abd ar-Rahmán III depositó en este sabio judío que gobierna sus finanzas y, por otra parte, el cariño y la admiración con que Hasdai describe a al-Ándalus que siente como propio. Esta situación es especial mente significativa y tendríamos que admitir que más allá de una simple tolerancia, nos encontramos con la evidencia de un profundo respeto y confianza por el otro, o sea la plena aceptación como seres humanos. El párrafo dice así: «El país en que nosotros... los restos de Israel en el exilio... habitamos, se llama en hebreo Sefarad, pero en la lengua de sus habitantes ismaelitas al-Ándalus. La capital del reino es Qurtuba (Córdoba). El nombre de nuestro soberano es Abd ar-Rahmán; se le da el nombre de “Príncipe de los creyentes”. Su nombre es conocido en todas partes y no tiene parangón con los soberanos que le precedieron».

Respecto al talento diplomático de Hasday y sus logros en este campo destacaremos su intervención en las negociaciones con el embajador de Otón I, Juan de Gorze (900-974), que llegó a la capital califal en 953. Por entonces, la presencia musulmana en la Costa Azul en el enclave de Fraxinetum que formaba parte de sus dominios llevaron a Otón I el Grande (912-973), rey de Germania (936-973) a enviar una embajada a la corte del califa Abd al-Rahmán en Córdoba para efectuar el reclamo correspondiente. La misma estuvo encabezada por dos sacerdotes benedictinos, Juan de Gorze, más tarde abad del monasterio de Gorze en Lorena, y Garamannus (llamado Hermann en alemán).

Aquí lo sobresaliente y ejemplar fue ver a un judío, el canciller, hayib (“chambelán”) y médico Hasday Ibn Shaprut presentar a un monje cristiano como Juan de Gorze, a Abd al Rahmán III, musulmán y califa omeya de Córdoba. «A lo largo de la conversación que se desarrolló con la máxima cortesía, el monje agradó tanto al califa como el califa al monje. Y en las conversaciones sucesivas, que se celebraron sin solemnidad alguna, el califa pidió información sobre el Imperio germano, censuró la política de Otón I por no haber sometido totalmente a la nobleza, y mostró tener tal conocimiento de la naturaleza humana que Juan de Gorze volvió a su tierra sintiendo el máximo respeto ante su sabiduría y extensa cultura. Más tarde, el abate Juan de Gorze escribió: “Todavía no he encontrado un hombre de tan fino entendimiento como el judío Hasday”» (Raúl Romero Bartolomé, “Hasday, el hagib del Califa: Breve historia de los judíos de Sepharad hasta el siglo X”. Madrid: Editorial Visión Net, 2007, p. 247).

El encuentro de Córdoba fue un ejemplo de cómo la diplomacia puede pacificar los espíritus contumaces y de cómo el diálogo abre los corazones y lleva a la paz y la concordia.