MURIÓ TRAS CONTAGIARSE EL COVID POR AYUDAR

El padre Bachi, un profeta en su tierra

Por: Virginia Bonard

Nacido en una humilde familia de paraguayos que emigró al país, era párroco en la villa de La Matanza donde creció.
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El 29 de agosto falleció por Covid19 el padre Basilicio Brítez, Bachi para todos. Conozcámoslo. Su vida tiene mucho para enseñar.

Había nacido en 1968 en Villa Rica, Paraguay. Toda esa raigambre guaraní lo acompañaría siempre: amaba el Paraguay, su gente, a quienes migraron como su familia a la Argentina (1971), a la patrona del Paraguay, la Virgen de los Milagros de Caacupé. Sus padres, Julia Espínola (empleada doméstica) y Basilicio (zapatero), se instalaron en una villa ubicada en el barrio porteño de Belgrano. En épocas del intendente Cacciatore ese barrio fue erradicado y los Brítez se fueron a vivir a Villa Palito, en San Justo, partido de La Matanza. Palito marcaría para siempre la vida de Bachi: ahí se amasó su personalidad, sus elecciones, su corazón. “Palitos” eran los que sostenían las pobres y flacas chapas del primer rancherío que se armó como barrio.

En 1997 se ordenó sacerdote y en 1999 fue designado párroco en “su” Palito, de la iglesia San Roque González y compañeros mártires. Bachi, ya cura, viviendo y trabajando en la villa, puso mucho de su empeño para que esos “palitos” trocaran en urbanización; él la peleó y llevó el agua potable al barrio. Luego vendría el Hogar de Cristo para “recibir la vida como viene”, y acompañó a cuanto pibe pudo para sacarlos del sufrimiento de las drogas. Cuando llegó la pandemia, lo encontró listo para hacerle frente porque ya conocía esa periferia social, las trincheras de su propia gente, sus necesidades y también sus enormes fortalezas.

Estuvo casi tres meses internado por Covid-19. Finalmente, su cuerpo robusto, pero tan débil y debilitado por sus enfermedades de base, dijo basta el 29 de agosto.

“En este momento de dolor y tristeza del pueblo de Dios que vive en los barrios y en las villas de Gran Buenos Aires quiero asegurar mi cercanía y mi oración. Rezo por el padre Bachi, por su obispo, por el pueblo fiel al que dedicó su vida, por vos y todos los curas villeros”. Así se dirigió a través de una carta el Papa Francisco al vicario para las villas de AMBA, Gustavo Carrara. Cuánto que conoce el Papa a estos curas, a estos vecinos, sus vidas.

Conteniendo las lágrimas, su obispo, Eduardo García, lo describió así: “Eso es lo que Bachi sembró en este barrio y en la Iglesia de San Justo: Con Dios se puede. Bachi es un hombre de Iglesia. Se metió el barrio en el corazón y desde el corazón metió al barrio en el corazón de la Iglesia”.

También el padre Pepe Di Paola -cabal referente de los curas villeros- lo evocó: “Hace muchos años, antes que se iniciara el Hogar de Cristo, lo visité en Palito. Yo estaba en la Villa 21 y vi cómo estábamos trabajando en sintonía. Y cómo caminando por las calles de Palito lo iban a abrazar, a saludar, a pedir cosas y él respondía con una tranquilidad y una paz que le eran muy propias. Esa imagen me quedó para siempre. Después, cuando lo fui conociendo más, pude ver grandes cosas: su riqueza espiritual, la paz que transmitía a todos incluso en momentos difíciles”.

Su sacerdote amigo, el Tano Angelotti escribió: “A Bachi no lo perdimos, lo ganamos, lo agrandamos, es nuestro para siempre. Está en medio nuestro”.

Su papá, sus cinco hermanos, sus veintiún sobrinos y nueve sobrinos nietos pueden estar muy orgullosos de su Bachi. “Se fue un santo”, dijo una religiosa al despedirlo en el sanatorio en el que falleció. Un médico que lo trató durante su internación reconoció haber vuelto a rezar de solo mirarlo cuando estaba dormido y de ser testigo de su lucha cuando despertaba “y parecía un león”. Julia, su mamá, ya se abraza con su hijo en la eternidad: murió tres días después, el martes 1 de septiembre, casi como un signo que cada uno sabrá enriquecer.

“Querido samaritano, que la Virgen de Caacupé te reciba y abrace en tu nueva casa donde todo es luz”, expresaron en conjunto la Comisión Nacional de Pastoral de Adicciones y Drogadependencia y el Equipo de Sacerdotes de Villas y Barrios Populares del AMBA.

¡Tereho porãite, pa’i Bachi! ¡Aguije nde rekovere!
¡Buen viaje, padre Bachi! ¡Gracias por tu vida!