Ángelus y despedida de Hungría

El Papa a los húngaros: "Abracen a los sedientos de nuestro tiempo"

"Isten, áldd meg a magyart! (¡Que Dios bendiga a los húngaros!)", expresó en el idioma nativo antes de hacerles esa petición. También Francisco los exhortó a mantener firmes las raíces y alentó particularmente a los cristianos a ir hacia la unidad plena.
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"Isten, áldd meg a magyart! (¡Que Dios bendiga a los húngaros!)". "Abramos los brazos a los sedientos de nuestro tiempo". El Papa Francisco se despidió del pueblo húngaro rezando el Ángelus con la multitud que se había congregado en la Plaza de los Héroes, y recordando la beatificación que en Varsovia se eleva a los altares a "dos testigos del Evangelio: el cardenal Esteban Wyszyński e Isabel Czacka".

"Quisiera dar gracias de todo corazón", dijo el pontífice, a "la gran familia cristiana húngara, que deseo abrazar en sus ritos, en su historia, en las hermanas y hermanos  católicos y de otras confesiones, todos en camino hacia la unidad plena". Con un especial saludo al patriarca Bartolomé "que nos honra con su presencia".

"Mi bendición, desde esta gran ciudad, quiere llegar a todos, en particular a los niños y a los jóvenes, a los ancianos y a los enfermos, a los pobres y a los excluidos".

"Esto es lo que les deseo, que la cruz sea su puente entre el pasado y el futuro", proclamó pontifice, quien reivindicó "el sentimiento religioso, que es la savia de esta nación, tan unida a sus raíces".

Junto a ello, aclaró, "la cruz extiende sus brazos hacia todos; exhorta a mantener firmes las raíces, pero sin encerrarse; a recurrir a las fuentes, abriéndose a los sedientos de nuestro tiempo".

"Mi deseo es que sean así: fundamentados y abiertos, arraigados y respetuosos. Isten  éltessen! [¡Felicidades!]", culminó el Papa, reclamando que la cruz de la misión "los lleve a anunciar con la vida el Evangelio liberador de la ternura sin límites que Dios tiene por cada uno. En la carestía de  amor de hoy, es el alimento que el hombre espera".

Recordando a los nuevos beatos, el Papa los evocó como "dos figuras que conocieron de cerca la cruz: el primado de Polonia, arrestado y segregado, fue siempre un  pastor valiente según el corazón de Cristo, heraldo de la libertad y de la dignidad del hombre; sor Isabel, que perdió la vista muy joven, dedicó toda su vida a ayudar a los ciegos. Que el ejemplo de los nuevos beatos nos estimule a transformar las tinieblas en luz con la fuerza del amor".

Fuente: Agencias