Martes 16.06.2026

Cuestionó las fracturas entre generaciones

El Papa advierte sobre la soledad e insiste en cuidar a los ancianos

Durante la audiencia con los participantes del Segundo Congreso Internacional de Pastoral de los Ancianos, León XIV afirmó: "Los ancianos son un don, una bendición que hay que acoger”. Además, instó a anunciar a Cristo en todas las edades y etapas.
Comparte

León XIV instó a no abandonar a los ancianos ni permitir que se sientan inútiles, al recibir a los participantes del Segundo Congreso Internacional de Pastoral de los Ancianos, celebrado este viernes 3 de octubre. En su discurso, destacó que los mayores son “un don, una bendición que hay que acoger”, y que la prolongación de la vida representa “uno de los signos de esperanza de nuestro tiempo”.

El encuentro, organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, se desarrolla bajo el lema “Sus mayores soñarán” y celebra hasta el 4 de octubre en la Curia General de la Compañía de Jesús.

El Pontífice recordó el valor de la pastoral de las personas mayores, que debe ser "evangelizadora y misionera" y alentó a los presentes a anunciar a Cristo en todas las edades y etapas de la vida.

León XIV remarcó que la soledad es “el gran enemigo de la vida de las personas mayores” y llamó a llevarles “el alegre mensaje de la ternura del Señor”. En este sentido, exhortó: “¡Que nadie sea abandonado! ¡Que nadie se sienta inútil!”.

El Papa también abordó las tensiones intergeneracionales, como un recordatorio de las enseñanzas de Francisco, lamentando que en la actualidad se perciban fracturas entre jóvenes y mayores. Rechazó las visiones que critican a los ancianos por ocupar espacios laborales o consumir recursos, y afirmó que la longevidad no es un defecto, sino un fenómeno histórico que exige discernimiento y comprensión.

“Los Ancianos son un don, una bendición que hay que acoger, y la prolongación de la vida es un hecho positivo; de hecho, es uno de los signos de esperanza de nuestro tiempo, en todo el mundo”, puntualizó.

“La vejez es ante todo un recordatorio beneficioso de la dinámica universal de la vida”, expresó el Pontífice. Cuestionó los modelos que valoran la vida solo por su productividad y poder, y reivindicó la fragilidad como parte de “la maravilla que somos”. Según León XIV, reconocer y cuidar esa fragilidad puede convertirse en “un puente hacia el cielo”.

En este sentido, destacó que la fragilidad y la debilidad no deben ser motivo de vergüenza, sino un impulso para buscar la ayuda de nuestros hermanos y de Dios. La salvación, sostuvo, no reside en la autonomía, sino en la humildad de reconocer las propias necesidades y saber expresarlas libremente.

En este sentido, afirmó que los ancianos enseñan esta lección al mostrar que “la medida de nuestra humanidad no es lo que podemos lograr, sino nuestra capacidad de dejarnos amar y, cuando sea necesario, incluso ayudar”.

El Papa destacó el papel de los “jóvenes ancianos”, personas mayores activas que participan en la vida parroquial. Señaló la importancia de ofrecerles propuestas adecuadas y de involucrarlos como protagonistas de la evangelización, no como receptores pasivos.

Asimismo, recordó que muchos llegan a la fe en la vejez, otros regresan tras años de alejamiento, y algunos han perseverado toda su vida. Para todos ellos, señaló, “la pastoral de las personas mayores debe ser evangelizadora y misionera, porque la Iglesia está siempre llamada a anunciar a Jesús, Cristo Salvador, a todo hombre y mujer, en cualquier edad y etapa de la vida”.

Finalmente, el Papa reafirmó que “anunciar el Evangelio es el principal compromiso de nuestra pastoral: al involucrar a las personas mayores”. Enfatizando "en esta dinámica misionera, también ellas serán testigos de la esperanza, especialmente con su sabiduría, devoción y experiencia".

Fuente: VN