con motivo de su 26º Capítulo General

El Papa alienta a los redentoristas a transformarse y repensar su carisma

En un discurso que grabó para ellos, Francisco los exhorta a no quedarse aferrados a sus seguridades y a dejarse llevar por la acción renovadora del Espíritu Santo para convertirse en misioneros de esperanza, sin sucumbir a la mundanalidad y al egoísmo.
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“Celebrar un Capítulo General no es una formalidad canónica. Es vivir un Pentecostés, que tiene la capacidad de hacer nuevas todas las cosas (cf. Ap 21,5)”. Lo reafirmó el Papa Francisco en su mensaje a los miembros de la Congregación del Santísimo Redentor, más conocida como redentoristas, con quienes se encontró al mediodía de este sábado 1º de octubre en el Vaticano.

En la tercera semana de su 26º Capítulo General, que han definido como la más importante porque se ha elegido el nuevo Gobierno General de la Congregación, los capitulares fueron saludados con alegría por el sucesor de Pedro. Francisco también se dirigió a quienes están en camino de formación, a las religiosas redentoristas, y a toda la familia carismática, así como a los laicos vinculados a la misión. A su vez, saludó con afecto al nuevo Superior General, el padre Rogério Gomes, y le agradeció las palabras que compartió.

El pontífice recordó que, “en el Cenáculo, los discípulos de Jesús tenían dudas, inseguridades, miedos, querían quedarse quietos y protegidos; pero el Espíritu que sopla donde quiere (cf. Jn 3,8) les provoca a moverse, a salir, a ir a las periferias para llevar el kerigma, la Buena Noticia”.

El sucesor de Pedro retomó los cinco puntos que están abordando en la reunión congregacional: la identidad, la misión, la vida consagrada, la formación y el gobierno. Francisco resaltó la importancia de ellos, “para repensar vuestro carisma a la luz de los signos de los tiempos”.

“Este discernimiento comunitario está enraizado en la capacidad de cada uno de vosotros de buscar el misterio de Cristo Redentor, que es la razón de vuestra consagración y de vuestro servicio a los hombres y mujeres que viven en las periferias existenciales de nuestra historia hoy”, afirmó. “Está enraizado en la fecundidad del carisma alfonsiano, como la savia que alimenta la vida espiritual y la misión de cada uno y la hace florecer”.

El Papa invitó a los redentoristas a tener como único límite el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia, a no tener miedo de recorrer nuevos caminos, de dialogar con el mundo, a la luz de su rica tradición de teología moral. “No tengan miedo de ensuciarse las manos al servicio de los más necesitados y de la gente que no cuenta”, exclamó.

Bergoglio se refirió a las Constituciones de esta institución, en las que hay una expresión que considera hermosa, en la que se dice que los redentoristas están disponibles para afrontar toda prueba con el fin de llevar la redención de Cristo a todos (cf. Const. 20). “Disponibilidad”, enfatizó. Y añadió: “No demos por sentada esta palabra. Significa entregarse enteramente a la misión, con todo el corazón, dies impendere pro redemptis, hasta las últimas consecuencias, con la mirada puesta en Jesús que, "aunque tenía la condición de Dios [...], se despojó de sí mismo asumiendo la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres" (Flp 2,6-7); y se hizo buen samaritano, siervo (cf. Lc 10,25-37; Jn 13,1-15)”.

En relación con el contexto que atraviesan en la actualidad, Francisco les dijo que tienen la oportunidad de renovarse para responder con fidelidad creativa a la misión de Cristo. Esta renovación, aclaró, pasa por un proceso de conversión del corazón y de la mente, de intensa metanoia, y también por un cambio de estructuras.

El obispo de Roma reivindicó que “a veces hay que romper las viejas ánforas (cf. Jn 4,28), heredadas de nuestras tradiciones, que han llevado tanta agua, pero que ya han cumplido su función”. No obstante, reconoció que “romper nuestras ánforas, llenas de afectos, de costumbres culturales, de historias, no es una tarea fácil, es dolorosa, pero es necesaria si queremos beber el agua nueva que sale del manantial del Espíritu Santo, fuente de toda renovación”.

En otra cita a las Constituciones, Francisco trajo a colación el punto 96, que establece que la congregación, conservando siempre su propio carisma, debe adaptar sus estructuras e instituciones a las necesidades del ministerio apostólico y a las peculiares de cada misión. "Vino nuevo en odres nuevos" (Mc 2,22). "Una renovación que es incapaz de tocar y cambiar las estructuras y los corazones no conduce a un cambio real y duradero. [...] Requiere una apertura para imaginar formas proféticas y carismáticas de seguimiento, vividas en patrones apropiados y quizás inéditos".

En este proceso de reimaginación y renovación, el Santo Padre les pidió no olvidar los tres pilares fundamentales:  la centralidad del misterio de Cristo, la vida comunitaria y la oración.

Por último, el pontífice deseó humildad, unidad, sabiduría y discernimiento al nuevo gobierno general, recordando que "la obra es del Señor" y "nosotros solo somos siervos que hemos hecho lo que teníamos que hacer (cf. Lc 17,10). Los que se apropian de la función de liderazgo por interés propio no sirven al Señor que lavó los pies de los discípulos, sino a los ídolos de la mundanidad y el egoísmo".

Francisco confió la congregación a la protección de la Madre del Perpetuo Socorro, para que los  acompañe siempre como acompañó a su Hijo al pie de la cruz (cf. Jn 19,25). "No están solos, sean hijos amados y queridos. Pido al Señor que sean fieles y perseverantes en vuestra misión, sin olvidar nunca a los más pobres y abandonados a los que sirven, y a los que anuncian la Buena Noticia de la Redención".

De corazón, el Papa bendijo a todos los asistentes, a las hermanas y a los fieles laicos que comparten el carisma, solicitándoles, como es costumbre, que no se olviden de rezar por él.

Fuente: Vatican News