El Santo Padre, León XIV, inició este jueves una visita sin precedentes a las Islas Canarias, concluyendo su viaje a España, en un programa destinado a abordar directamente la realidad de la migración y las estructuras de acogida locales.
La visita que incluye dos islas, Gran Canaria y Tenerife y tiene el foco puesto en la realidad migrante que se vive en el archipiélago español. Esta mañana, desde el muelle de Arguineguín en Gran Canaria donde llegan constantemente “vidas heridas”, “despojadas de casi todo”, “pero nunca de su dignidad”, el Papa se ha reunido con quienes acogen a los migrantes, aquellos que han sabido “reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar”.
El pontífice aterrizó en Las Palmas de Gran Canaria, la capital del archipiélago, y se dirigió desde el aeropuerto a la costa sur, al puerto de Arguineguín. En España, este puerto es considerado un "puerto de la vergüenza" desde que unos 3.000 migrantes llegaron allí en una sola semana en 2020, obligados a pasar días en tiendas de campaña en el muelle debido a la crisis del coronavirus.
El Papa dirigió su intenso discurso a los centros de acogida de migrantes reunidos en el puerto de Arguineguín, en el que exigió la creación de vías legales y seguras para la migración, advirtiendo a Europa que no convierta el océano en un cementerio.
Además, ha destacado que “la Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana” y ha explicado que, en la actualidad, el peligro para los migrantes no es solo el océano, sino quienes se aprovechan de su vulnerabilidad.
"Esta tragedia debe convertirse en un momento de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear las condiciones para la paz, la justicia y el desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no dejar a los más débiles en manos de redes criminales", denunció León XIV en su primera parada en el archipiélago canario.
"Europa no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; la comunidad internacional está llamada a participar en una cooperación eficaz y persistente", añadió, provocando aplausos entre los presentes.
No dignidad humana no tiene pasaporte
"No podemos acostumbrarnos a contar los muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte y no pierde valor al cruzar una frontera", señaló.
La reunión comenzó con testimonios de migrantes y de quienes les prestan asistencia, quienes relataron las dificultades a las que se enfrentan quienes intentan llegar a Europa.
"Incluso en el presente, hay monstruos que acechan en estos mares: mafias que trafican por desesperación, traficantes que esclavizan a mujeres y niños, y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean engullidos por la explotación o el olvido", declaró.
El Papa condenó el lucro obtenido a costa de la desesperación humana, refiriéndose a ello como "industrias de la muerte".
"No le crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo, su dinero, su silencio o su libertad", añadió, dirigiéndose directamente a los migrantes.
Canales legales y seguros
El pontífice exigió responsabilidades a los organismos internacionales, afirmando que "cada barco que llega trae consigo algo más que migrantes".
"¿Qué clase de mundo hemos construido si tantos hermanos y hermanas tienen que arriesgar sus vidas en busca de la supervivencia?", señaló.
León XIV sostenía que la dignidad humana "exige canales legales y seguros, rescate y asistencia, cooperación genuina contra los traficantes, protección efectiva para las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra".
La Iglesia no puede ignorar estas aguas, ni ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana. Los discípulos de Jesús no pueden desestimar el clamor de quienes gritan en la oscuridad de la noche.
No acostumbrarnos al dolor de los migrantes
El Papa habló del "derecho a no tener que emigrar", invitando a las comunidades católicas a adoptar una actitud proactiva y permanente de acogida a los migrantes, que "no puede ser algo secundario ni delegado únicamente a unos pocos voluntarios".
"Que la historia no tenga que acusarnos de haber transformado el dolor de quienes sufren en algo común en nuestras costas", concluyó.
Este encuentro con las organizaciones anfitrionas marcó el inicio de la visita, la primera de un Papa a las Islas Canarias.
"No basta con gestionar las llegadas, distribuir cifras, reforzar las fronteras o lamentar las muertes cuando ya se han producido", advirtió el pontífice.
León XIV honró a las víctimas de las rutas marítimas del Atlántico con una corona de flores, guardó un minuto de silencio y bendijo una cruz de madera hecha con los restos de un barco naufragado.
El Papa concluye este viernes su viaje de siete días a España en la isla de Tenerife, donde visitará un centro de acogida especializado y presidirá una celebración litúrgica final.
Fuente: AICA y VN