Viernes 16.10.2026

Audiencia general en Plaza San Pedro

El Papa destaca el “renacimiento” de fe en Francia tras su viaje

Como es tradición al volver, León XIV dedicó la catequesis de este miércoles a su visita al país galo y a la sede de la Unesco. Destacó la Vigilia con los jóvenes y el creciente número de jóvenes y adultos que piden el Bautismo como signo de esperanza.
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De París a Lourdes, pasando por Metz, y con una visita a la sede de la Unesco, León XIV volvió durante la audiencia general de este 30 de septiembre sobre los momentos más destacados de su viaje apostólico a Francia. De regreso en el Vaticano, leo pontífice describió su quinto viaje apostólico como "un gran don" para él mismo y para el pueblo de Dios.

Ante miles de fieles reunidos en la plaza de San Pedro, expresó primero su agradecimiento a quienes lo recibieron, a las autoridades civiles y religiosas, y también a los numerosos franceses que acudieron a su encuentro. 

El sucesor de Pedro reunió las reflexiones e impresiones "todavía muy vivas" de esta visita pastoral en torno a un único gran símbolo: la catedral de Notre-Dame de París, devastada por un incendio en 2019 y ahora restaurada. "Precisamente Notre-Dame, con el drama que vivió, puede iluminar simbólicamente todo este viaje apostólico, ofreciendo una clave de lectura que resumiría en una palabra: renacimiento", sostuvo. 

Para el Papa, la restauración del edificio ha sido la prueba de que "es posible la colaboración entre la Iglesia, el Estado, las instituciones públicas y la sociedad civil". Subrayó además la movilización de donantes, profesionales y artesanos, y consideró que esta "sinergia al servicio del bien común" debería inspirar a las instituciones y a los responsables políticos, sociales y económicos. Y el criterio fundamental sobre el que basar esta colaboración es "la dignidad de la persona humana".

Notre-Dame es también "la imagen de la Iglesia hecha de piedras vivas, del pueblo santo de Dios", dijo el Santo Padre, que estableció un paralelismo entre la celebración de las vísperas en la catedral y la vigilia de jóvenes que se celebró esa misma noche en el gran Stade de France, en París.

Son "dos lugares completamente distintos, y sin embargo dos acontecimientos complementarios, casi unidos espiritualmente", señaló. En Notre-Dame estaban, enumeró, los sacerdotes, los diáconos, las personas consagradas y los agentes pastorales. En el estadio, en cambio, miles de jóvenes franceses reunidos para cantar, rezar, pero también para escuchar en silencio.

"La Iglesia no está hecha de piedras ni de hormigón, sino de personas que aman a Jesucristo porque han sido amadas por Él", añadió. Por eso había dicho a los jóvenes presentes en el estadio: "¡Ustedes son los santos de Francia!".

León XIV explicó después que esta vigilia con la nueva generación francesa, "nueva no solo por su edad" sino también por "la libertad de su corazón y de su fe", es un "gran signo de esperanza". El otro signo de esperanza visible, a juicio del Papa, se encuentra en la Casa Bakhita, un hogar de acogida para diversas personas en dificultad, que representa "uno de los muchos lugares, frutos del Evangelio, donde se trabaja cada día para servir con amor la dignidad de la persona humana".

El obispo de Roma destacó también que, en la Iglesia de Francia, un "signo de renacimiento" "perdura desde hace algunos años": el aumento del número de jóvenes y adultos que piden el bautismo. Para él, es una "hermosa 'sorpresa' de Dios".

Para el Papa, estos nuevos itinerarios de fe constituyen una señal importante de vitalidad espiritual en un país marcado por una fuerte secularización. 

El punto culminante de la visita a París fue, según León XIV, la misa celebrada en la plaza de la Concordia. Allí, sostuvo, "el signo del renacimiento se manifestó de manera sorprendente".

En el momento de la comunión, "todos pudieron acercarse a la Eucaristía, distribuida por todas partes", continuó. Y añadió: "Esta es la verdadera reconstrucción, la restauración de la Iglesia que solo Dios puede realizar, por intercesión de la Virgen María".

En Lourdes, detalló el Sumo Pontífice, "el Señor, por la solicitud maternal de la Virgen María, dirige a todos, peregrinos y sobre todo enfermos en su cuerpo y en su espíritu, un mensaje de esperanza y de renacimiento". Puesto que "toda vida humana, sea cual sea su condición, incluso en la mayor fragilidad, conserva su dignidad inviolable y merece ser cuidada, acompañada y aliviada en sus sufrimientos con compasión humana y con los medios que ofrece la ciencia", Lourdes representa para el mundo entero un "santuario de la civilización del amor".

Al referirse a su encuentro con algunas personas víctimas de abusos, el Papa afirmó que les pidió su ayuda para transmitir a otras víctimas su voluntad, y la de toda la Iglesia, de "escucharlas y acompañarlas en su camino hacia la sanación, reconociendo el sufrimiento causado en sus vidas y trabajando por la prevención de los abusos".

Al detenerse en la tercera y última etapa de su viaje apostólico, la ciudad de Metz, situada en una región de Francia y de Europa herida por la Segunda Guerra Mundial, el Papa amplió su reflexión a la historia europea. Recordó en particular la figura de Robert Schuman, uno de los principales inspiradores de la unificación europea.

"La Europa contemporánea nació precisamente como un proyecto de paz tras los estragos de la guerra", señaló, y estableció un paralelismo con la catedral de París: "Se puede decir que lo que ocurrió en Notre-Dame de París con el incendio ocurrió en Europa con la Segunda Guerra Mundial". 

El Papa recordó también los principios de "democracia, solidaridad y fraternidad entre los pueblos" que acompañaron la construcción europea y subrayó la importancia de sus raíces cristianas. "Todavía hoy, insistió, es sobre estos fundamentos y gracias a esta 'savia' vital como el proyecto europeo puede renovarse, en un mundo mucho más globalizado, donde el diálogo interreligioso reviste un papel de primera importancia". 

Por eso, indicó, en Metz se reunió con representantes de distintas tradiciones religiosas, que leyeron y firmaron en su presencia el "Llamamiento de Metz" a favor del diálogo al servicio de la dignidad y de la paz.

Para resumir su quinto viaje apostólico, León XIV volvió sobre el lema de su visita a Francia: "Para que el mundo tenga vida", tomado del Evangelio según san Juan. "Que estas palabras inspiren ahora nuestra oración, pidiendo a Dios que este acontecimiento de gracia dé frutos abundantes y duraderos", concluyó.

 

Fuente: AICA y VN