la audiencia general el miércoles de ceniza

"Cuaresma, desconectarse del celular y conectarse al Evangelio"

"Apagar la televisión", recomendó al reflexionar sobre el desierto, lugar de soledad que conecta con Dios y con "otros desiertos": las personas solas, los pobres y los ancianos. Expresó su cercanía con los enfermos por el coronavirus y animó a frenarlo.
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Vivimos en un tiempo “contaminado” por demasiada violencia verbal, por palabras ofensivas y dañinas, “inundados de palabras vacías”, y en medio de este rumor “nos cuesta escuchar la voz del Señor”. La Cuaresma, en cambio, “es tiempo para apagar la televisión”, para “desconectarnos del celular y conectarnos al Evangelio”, es tiempo para entrar en el desierto con Jesús, porque “dialogar en silencio con el Señor nos devuelve la vida”. En el Miércoles de Ceniza el Papa Francisco dedicó su catequesis a reflexionar sobre el significado espiritual del desierto, llamando a todos a recorrer el camino cuaresmal a través de la oración, el ayuno y las obras de misericordia.

En medio del rumor de la mundanidad, el  Santo Padre constató la dificultad de escuchar la voz del Señor cuando, en cambio, necesitamos hablar con Dios “como el pan, más que el pan", porque “sólo ante Él salen a la luz las inclinaciones del corazón y caen los dobleces del alma”.

La reflexión del Papa de este miércoles se detuvo en las muchas cosas inútiles que rodean nuestras vidas, y en la carrera en la búsqueda de cosas que “parecen necesarias pero en realidad no lo son”. En su lugar, observó cuánto bien nos haría "deshacernos de tantas realidades superfluas, para redescubrir lo que importa, para reencontrar los rostros de los que están a nuestro lado”. Y el ejemplo de esto, señala, "nos lo da Jesús al ayunar":

"Ayunar es saber renunciar a las cosas vanas, a lo superfluo, para ir a lo esencial. Ayunar no es solamente para adelgazar, ayunar es ir precisamente a lo esencial, es buscar la belleza de una vida más simple", invitó.

El desierto, “lugar de soledad”, explicó el pontífice, nos conduce también a encontrar muchos otros “desiertos”: son las personas solas y abandonadas, los pobres y los ancianos que están a nuestro lado y que viven en el silencio, "marginalizados y descartados". El desierto cuaresmal, afirmó el Papa, “es un viaje de caridad hacia los más débiles”.

"El desierto nos conduce a aquellos que, silenciados, piden en silencio nuestra ayuda", expresó.

En el inicio del tiempo de Cuaresma el Papa Francisco hizo presente que “en el desierto se abre el camino que nos lleva de la muerte a la vida”. Y es por eso que invitó a entrar en el desierto "con coraje", porque saldremos de Él "saboreando la Pascua, la potencia del amor de Dios que renueva la vida":

"Que el Señor nos ayude a entrar en el desierto cuaresmal, que lo sepamos recorrer a través de la oración, el ayuno y las obras de misericordia, para que podamos gustar la Pascua, la fuerza del amor de Dios que hace florecer los desiertos de nuestra vida", deseó.

Durante sus saludos a los fieles en los distintos idiomas, dirigiéndose a los peregrinos de lengua árabe, el Sumo Pontífice tuvo palabras en particular hacia aquellos provenientes de Irak, a quienes quiso expresar su cercanía y oración: “Ustedes están en un campo de batalla, ustedes sufren una guerra de un lado y del otro. Rezo por ustedes y por la paz en su País, que tenía programado visitar este año. Rezo por ustedes”.

Finalmente, en la conclusión de la audiencia, manifestó su "cercanía a los enfermos a causa del coronavirus, a los trabajadores de salud que cuidan de los enfermos, a las autoridades civiles y a todos los que se están empeñando para asistir a los pacientes y detener el contagio".

La audiencia general se celebró en la plaza de San Pedro, donde se congregaron muchas menos personas que otros miércoles y algunos fieles llevaban mascarilla. Como en otras ocasiones, el Papa no dudó en besar a los niños y saludar cuando se bajó del papamóvil.


Fuente: Vatican News  / EFE