Martes 16.06.2026

La recomendación ante la polarización

El Papa: Las relaciones humanas como antídoto contra la guerra

León XIV subrayó la importancia de la doctrina social de la Iglesia. Frente a las divisiones de la sociedad contemporánea, el Papa invita a promover un diálogo basado en la verdad para fortalecer la humanidad común.
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La búsqueda de la verdad, la libertad entendida como relación y el diálogo: estas son las tres reflexiones propuestas por León XIV a los miembros de la Fundación Centesimus Annus Pro Pontifice, recibidos en audiencia el sábado por la mañana en la Sala Clementina. Alrededor de cuatrocientas personas estuvieron presentes, entre ellas quienes participaron en la Asamblea General de la Fundación.

En medio de las divisiones del mundo, comienza a perfilarse una nueva esperanza para una humanidad común. En su discurso, el Papa evocó la reciente encíclica Magnifica Humanitas para destacar la importancia de la doctrina social de la Iglesia en la sociedad contemporánea. Se trata de un tema «particularmente querido para mí», explicó, porque «constituye una parte esencial de la misión de la Iglesia en el mundo». A partir de su encíclica, el Papa extrajo algunas orientaciones, comenzando con una reflexión sobre «la humanidad común»:

«Vivimos en una época marcada por las guerras y una polarización creciente, así como por divisiones culturales y sociales. Sin embargo, en el corazón de esta fragilidad nace una nueva esperanza. Aunque las divisiones parecen intensificarse, emerge un denominador común que nos une a todos de manera innegable: nuestra humanidad compartida».

Frente a la adversidad, la humanidad está llamada a replantearse una cuestión fundamental: ¿qué camino debe elegir como «comunidad humana»? Se trata, explica el Papa, de una pregunta crucial:

 «Estas preguntas manifiestan claramente la búsqueda de la verdad por parte de la humanidad y hacen surgir un deseo de algo más, una sed de Dios y de un sentido duradero».

En el corazón del ser humano, continúa el Sumo Pontífice, también reside el deseo de libertad, no entendida como «la capacidad de hacer lo que uno quiere» ni como una forma de absolutismo, sino más bien como una «dimensión relacional», un «don de sí mismo y una apertura a los demás».

Este tipo de libertad, subraya el Papa, remite a la *Ciudad de Dios* descrita por San Agustín de Hipona: «fundada en el amor a Dios hasta la entrega de sí mismo y en el desarrollo de las relaciones», esta libertad «hace verdaderamente posible la construcción de una civilización del amor».

«Desde esta perspectiva, podemos descubrir que lo que se oculta detrás de la crisis de las democracias contemporáneas y del debilitamiento del multilateralismo es, en realidad, una crisis antropológica que surge de un olvido ampliamente extendido del Creador».

A pesar de todo, el Papa anima a no ceder al desaliento, sino a levantar una barrera contra la deshumanización mediante «una suma de pequeñas y perseverantes fidelidades» y, sobre todo, practicando un diálogo «basado en la verdad que reconoce y valora la humanidad común de cada persona».

Mantener presente la dignidad innata de cada ser humano permite superar el egoísmo y los intereses particulares en favor del bien común.

«Esa misma dignidad ofrece también el marco dentro del cual podemos hablar de un pluralismo sano, que reconoce la riqueza de las contribuciones de personas de distintos orígenes y conduce a una convivencia pacífica».

La audiencia con el Sucesor de Pedro puso fin a dos momentos clave de la actividad reciente de la Fundación Centesimus Annus Pro Pontifice: la Asamblea General, celebrada el 28 de mayo en Roma bajo el tema *«El pensamiento social católico frente a los desafíos de la libertad y el pluralismo en una economía y una sociedad desordenadas. Renovar la visión de Centesimus Annus»*, y la conferencia internacional celebrada el 29 de mayo en el Vaticano, titulada *«Un mundo fragmentado en busca de espiritualidad: libertad y pluralismo a través de la doctrina social de la Iglesia»*.

Fuente: VN