Ante 40.000 personas en Presov (Eslovaquia)

El Papa pide que cristianismo no se transforme en un "símbolo político"

Fue durante la misa en rito bizantino el día en que la Iglesia celebra la Exaltación de la Cruz. Reclamó que no sea un signo de importancia religiosa y social. "El que tiene la cruz en el corazón y no solo en el cuello no ve a nadie como enemigo", dijo.
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El papa Francisco pidió hoy desde Eslovaquia que el cristianismo no se transforme en "un símbolo político" en su tercer día de actividades en el país como parte de una gira que también incluyó Budapest y en la que el pontífice muestra su rechazó a la instrumentación de la religión por parte de algunos líderes centroeuropeos conservadores.

"No reduzcamos la cruz a un objeto de devoción, mucho menos a un símbolo político, a un signo de importancia religiosa y social", pidió hoy el pontífice al celebrar en Presov, en el este del país, la Divina Liturgia con el rito bizantino, una celebración típica de una de las ramas del catolicismo más presentes a nivel local, precisamente en el día en que el catolicismo celebra la Exaltación de la Cruz.

Una de las particularidades de la misa celebrada según el rito bizantino es que la comunión se recibe tanto con el pan como con el vino. La forma de distribuir la comunión es, por eso, muy distinta al rito latino. El sacerdote traslada la comunión en un cáliz y, con una cucharilla, introduce el pan en la boca de cada fiel.

Dada la actual situación de pandemia causada por el COVID 19, esa forma de comulgar planteaba un problema, pues podría facilitar el contagio del coronavirus.

Para evitarlo, los organizadores de la visita papal han dispuesto 25 mil cucharillas para que cada fiel reciba la comunión con una cucharilla distinta y evitar así riesgos de contagios.

La visita del Papa a Eslovaquia para una gira de cuatro días tras haber estado menos de siete horas en Budapest, es vista como un fuerte apoyo a la mandataria Zuzana Caputova, una abogada ambientalista opuesta a los líderes conservadores cristianos de la región como el húngaro Viktor Orban.

Tanto Orban como su aliado italiano Matteo Salvini, otro referente de la derecha continental, se muestran a menudo con crucifijos y cruces como forma de ratificar su creencia en las "raíces cristianas" europeas, que manipulan para justificar sus posturas antiinmigrantes y homofóbicas.

"El testigo que tiene la cruz en el corazón y no solamente en el cuello no ve a nadie como enemigo, sino que ve a todos como hermanos y hermanas por los que Jesús ha dado la vida", agregó hoy el pontífice.

En ese marco, el reclamo de este martes se lee en continuidad con la crítica que Jorge Bergoglio hizo ayer en Eslovaquia contra "las manipulaciones que instrumentalizan la religión".

Durante la celebración de este martes con más de 40.0000 personas en la explanada del palacio deportivo comunal, el Papa recordó además a los "mártires" perseguidos durante la época del régimen comunista en el país.

"Pienso en los mártires, que testimoniaron el amor de Cristo en tiempos muy difíciles de esta nación, cuando todo aconsejaba callar, resguardarse, no profesar la fe. Pero no podían dejar de dar testimonio. ¡Cuántas personas generosas aquí en Eslovaquia sufrieron y murieron a causa del nombre de Jesús!", lamentó el Papa.

Cerca de 117.000 católicos profesan el rito bizantino en Presov, la tercera ciudad del país, a la que el entonces Papa Juan Pablo II consideró en 1995 durante su visita como un lugar de encuentro "entre Oriente y Occidente".

"El este de Eslovaquia es una zona geográfica en la que coexisten desde hace siglos los católicos de rito latino y bizantino y en la que, avanzando hacia el este, en dirección a Ucrania, la presencia del cristianismo ortodoxo es también muy fuerte", explicó en diálogo con la prensa que acompaña al papa en el viaje el sacerdote Marko Durlák, sacerdote de la archieparquía greco-católica de Presov, encargado del aspecto litúrgico de la celebración del rito bizantino.

La Iglesia católica de rito latino, o greco-católica, fue prohibida en la entonces Checoslovaquia en 1950 y pudo reiniciar su actividad recién en 1968, en los años posteriores a la denominada "Primavera de Praga".

Para la celebración en Presov, uno de los eventos multitudinarios de la gira eslovaca, el Gobierno dispuso en una primera etapa el acceso exclusivo a personas vacunadas, aunque luego lo amplió también a las recuperadas de coronavirus o con un test negativo, los mismos requisitos vigentes en Italia para obtener el denominado "pase verde".

Las personas recuperadas o con un test negativo, indicó a Télam el director de comunicación de la visita a Presov Lubos Pavlisinovic, tuvieron asignado un sector especial y separado de las ya inmunizadas.

La celebración de Presov fue la primera actividad de una jornada en la que Francisco también visitará un barrio gitano y se reunirá con jóvenes eslavos en la ciudad de Kosice, la segunda más grande del país.

Homilía del Santo Padre en Presov

En su homilía, el Papa reflexionó sobre la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, que la Iglesia celebra hoy y pidió no reducir la cruz “a un objeto de devoción, mucho menos a un símbolo político, a un signo de importancia religiosa y social” y aseguró que “la cruz es como un libro que para conocerlo es necesario abrir y leer”.

El pontífice comentó, en concreto, el episodio evangélico en el que San Juan se sitúa al pie de la Cruz. “Contempla a Jesús, ya muerto, colgado del madero, y escribe: ‘El que lo vio da testimonio’”. Es decir, “san Juan ve y da testimonio”.

“Ante todo está el ver. Pero, ¿qué ha visto Juan al pie de la cruz?”, se preguntó el Papa. “Ciertamente lo que han visto los demás: Jesús, inocente y bueno, muere brutalmente entre dos malhechores”.

“Una de las tantas injusticias, uno de los tantos sacrificios cruentos que no cambian la historia, la enésima demostración de que el curso de los acontecimientos en el mundo no se modifica: a los buenos se los quita del medio y los malvados vencen y prosperan. A los ojos del mundo la cruz es un fracaso”.

El Papa advirtió que “también nosotros corremos el riesgo de detenernos ante esta primera mirada, superficial, de no aceptar la lógica de la cruz; de no aceptar que Dios nos salve dejando que se desate sobre sí el mal del mundo”.

“No aceptar, sino sólo con palabras, al Dios débil y crucificado, es soñar con un Dios fuerte y triunfante. Es una gran tentación”.

En ese sentido, “cuántas veces aspiramos a un cristianismo de vencedores, a un cristianismo triunfador que tenga relevancia e importancia, que reciba gloria y honor. Pero un cristianismo sin cruz es mundano y se vuelve estéril”.

San Juan, en cambio, “vio en la cruz la obra de Dios. Reconoció en Cristo crucificado la gloria de Dios. Vio que Él, a pesar de las apariencias, no era un fracasado, sino que era Dios que voluntariamente se ofrecía por todos los hombres”.

Cristo “hubiera podido conservar la vida, hubiera podido mantenerse a distancia de nuestra historia más miserable y cruda. En cambio, quiso entrar dentro, ahondar en ella. Por eso eligió el camino más difícil: la cruz”.

El Papa recordó que “algunos santos han enseñado que la cruz es como un libro que, para conocerlo, es necesario abrir y leer. No basta adquirir un libro, darle un vistazo y colocarlo en un lugar visible de la casa. Lo mismo vale para la cruz: está pintada o esculpida en cada rincón de nuestras iglesias”.

Señaló que “son incontables los crucifijos: en el cuello, en casa, en el auto, en el bolsillo. Pero no sirve de nada si no nos detenemos a mirar al Crucificado y no le abrimos el corazón, si no nos dejamos sorprender por sus llagas abiertas por nosotros, si el corazón no se llena de conmoción y no lloramos delante del Dios herido de amor por nosotros”.

“No reduzcamos la cruz a un objeto de devoción, mucho menos a un símbolo político, a un signo de importancia religiosa y social”, insistió el Santo Padre.

Tras contemplar al Crucificado, surge la necesidad de dar testimonio. “Pienso en los mártires, que testimoniaron el amor de Cristo en tiempos muy difíciles de esta nación, cuando todo aconsejaba callar, resguardarse, no profesar la fe”.

El Papa aseguró que “también en nuestro tiempo, en el que no faltan ocasiones para dar testimonio. Aquí, gracias a Dios, no hay quien persiga a los cristianos como en tantas otras partes del mundo. Pero el testimonio puede ser socavado por la mundanidad o la mediocridad”.

En cambio, “el testigo que tiene la cruz en el corazón y no solamente en el cuello no ve a nadie como enemigo, sino que ve a todos como hermanos y hermanas por los que Jesús ha dado la vida”.

“El testigo de la cruz no recuerda los agravios del pasado y no se lamenta del presente. El testigo de la cruz no usa los caminos del engaño y del poder mundano, no quiere imponerse a sí mismo y a los suyos, sino dar la propia vida por los demás. No busca los propios beneficios para después mostrarse devoto, esta sería una religión del doblez, no el testimonio del Dios crucificado”.

Más bien, “el testigo de la cruz persigue una sola estrategia, la del Maestro, que es el amor humilde. No espera triunfos aquí abajo, porque sabe que el amor de Cristo es fecundo en lo cotidiano y hace nuevas todas las cosas desde dentro, como semilla caída en tierra, que muere y da fruto”.

“Con Juan, en el Calvario, estaba la Santa Madre de Dios. Nadie como ella vio abierto el libro de la cruz y lo testimonió por medio del amor humilde. Por su intercesión, pidamos la gracia de convertir la mirada del corazón al Crucificado. Entonces nuestra fe podrá florecer en plenitud, entonces los frutos de nuestro testimonio madurarán”, concluyó su homilía el Papa Francisco.


Fuente: Telam / ACI