El Papa propone cinco 'pasos más' a dar juntos en las familias cristianas

Tras escuchar testimonios de realidades familiares diversas, y a partir de ellos, el Papa exhortó a fomentar el matrimonio, a abrazar la cruz del sufrimiento, a avanzar en el perdón, a trabajar por la acogida y a lograr el ideal de la fraternidad.
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El Papa Francisco inauguró este miércoles el X Encuentro Mundial de las Familias, que hasta el domingo se celebra en Roma, escuchando testimonios de distintas realidades familiares y proponiendo, a partir de esas situaciones, cinco pasos “para dar juntos” como familias y como cristianos.

El pontífice exhortó a las familias a dejarse transformar por el Señor, a "vivir con la mirada puesta en el Cielo" afrontando los trabajos y las alegrías de la vida "mirando siempre hacia arriba desde el techo", como decían a sus hijos los beatos María y Luigi Beltrame Quattrocchi.

Francisco se dirigió a las familias presentes en el Aula Pablo VI, entre ellas una de la atormentada Ucrania, y a las dispersas en todas las regiones del planeta, pidiendo que la Iglesia sea para las familias, como el buen samaritano, que se les acerca, les ayuda a seguir su camino y a dar “un paso más”, aunque sea pequeño.

El Papa alentó a todas las familias del mundo, diciéndoles que partan de su situación real, y desde “allí, caminar juntos, juntos como esposos, juntos en su familia, juntos con las demás familias, juntos con la Iglesia”. E indicó estos "pasos adicionales" que deben darse juntos.

Ante una pareja, Luigi y Serena, que no encontraron “una comunidad que nos sostuviera afectuosamente por lo que somos”, el Papa subrayó que “esto nos debe hacer reflexionar”. “Debemos convertirnos y caminar como Iglesia, para que nuestras diócesis y parroquias sean cada vez más comunidades que sostienen a todos con los brazos abiertos”.

“Podemos decir que cuando un hombre y una mujer se enamoran, Dios les ofrece un regalo: el matrimonio”, aseguró, y agregó: “Un don maravilloso, que tiene en sí mismo el poder del amor divino: fuerte, duradero, fiel, capaz de recuperarse después de cada fracaso o fragilidad”. Asimismo, recordó que “el matrimonio no es una formalidad que hay que cumplir”, sino que “uno se casa porque quiere fundar el matrimonio en el amor de Cristo, que es sólido como una roca”.

“La familia no es un hermoso ideal, inalcanzable en la realidad”, prosiguió el Papa. “Dios garantiza su presencia en el matrimonio y en la familia, no solo en el día de la boda sino durante toda la vida. Y Él los sostiene cada día en su camino”.

Otro matrimonio había hablado de la muerte de su hija, Chiara. “Han dado testimonio de que la dura cruz de la enfermedad y de la muerte de Chiara no ha destruido a la familia ni ha eliminado la serenidad y la paz de sus corazones”.

“En el corazón de Chiara entró también la verdad de la cruz como don de sí misma, con una vida entregada a su familia, a la Iglesia y al mundo entero”, afirmó Francisco. “Siempre necesitamos tener grandes ejemplos que nos estimulen. Que Chiara nos sirva de inspiración en nuestro camino de santidad, y que el Señor sostenga y haga fecunda cada cruz que las familias tienen que cargar”.

Paul y Germaine, por su parte, se refirieron a una gran crisis que vivieron en su matrimonio. “Todos nosotros hemos revivido la experiencia de dolor que se experimenta frente a situaciones similares de familias divididas”, señaló el pontífice, y profundizó: “Ver a una familia que se rompe es un drama que no puede dejarnos indiferentes. La sonrisa de los cónyuges desaparece, los hijos están confundidos, la serenidad de todos se desvanece. Y la mayoría de las veces no se sabe qué hacer”. Sin embargo, su historia transmite esperanza porque “justo en el momento más oscuro de la crisis, el Señor respondió al deseo más profundo de su corazón y salvó su matrimonio”.

“Incluso en medio de la tempestad, Dios ve lo que hay en el corazón“, sostuvo el Papa. “El perdón cura todas las heridas, es un don que brota de la gracia con la que Cristo colma a la pareja y a toda la familia cuando lo dejamos actuar, cuando recurrimos a Él”, añadió.

Iryna y Sofía dieron, a su turno, voz a tantas personas cuyas vidas se han visto afectadas por la guerra en Ucrania. Por su parte, Pietro y Erika las recibieron. “En la familia se vive una dinámica de acogida, porque sobre todo los esposos se han acogido el uno al otro, como se lo dijeron mutuamente el día del matrimonio: ‘Yo te recibo a ti’. Y después, trayendo hijos al mundo, han acogido la vida de nuevas criaturas”.

“Mientras que en los contextos anónimos se suele rechazar al que es más débil”, apuntó Francisco, en las familias, en cambio, “es natural acogerlo: un hijo con discapacidad, una persona anciana que necesita cuidados, un pariente en dificultad que no tiene a nadie. Esto da esperanza. Las familias son lugares de acogida y qué problema sería si faltaran. Una sociedad sin familias acogedoras se volvería fría e invivible”.

Por último, Zakia contó su historia junto a Luca, fallecido, y quienes no compartían credo. “En su familia se expresa el ideal de la fraternidad. Además de ser marido y mujer, ustedes han vivido como hermanos en humanidad, como hermanos en experiencias religiosas diversas, como hermanos en el compromiso social”, explicó el Papa.

“También esta es una escuela que se aprende en familia. Viviendo junto al que es diferente a mí, en la familia se aprende a ser hermanos y hermanas. Se aprende a superar divisiones, prejuicios, cerrazones y a construir juntos algo grande y hermoso, partiendo de lo que nos une. Ejemplos vividos de fraternidad, como el de Luca y Zakia, nos dan esperanza y nos hacen mirar con más confianza a nuestro mundo desgarrado por divisiones y enemistades”, concluyó.

Fuente: Agencias