FORMACION

El Papa que llegó a los jóvenes

Por: María Montero

Para los estudiantes en Ciencias Sagradas del Instituto Nuestra Señora de las Nieves del barrio de Liniers, la figura de Juan Pablo II sigue teniendo una gran influencia en las nuevas generaciones. Su aporte a la resignificación del papado y de la santidad.
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A lo largo de su papado, Juan Pablo II llenó de vitalidad a la Iglesia, convocó a los jóvenes a ser protagonistas de su tiempo e influyó, como ninguno de sus antecesores, en la formación religiosa de varias generaciones. Aun en aquellos que sin haberlo  conocido en sus viajes a la Argentina por su juventud, sienten la necesidad de
llevar la vida del evangelio a todo el mundo. 
Hoy muchos de ellos se están formando en la carrera de Ciencias Sagradas del Instituto  Nuestra Señora de las Nieves, del barrio porteño de Liniers. Rondan los veintipico y   perciben el impacto de su figura en la propia vida y que potencia la formación religiosa  de las nuevas generaciones. 
“Los jóvenes somos cuestionadores de la autoridad -admite Fernando- y la palabra Papa sonaba a alguien lejano, que no tenía mucho que ver con nuestra realidad. Con Juan Pablo II, cambió. El se hizo alguien igual a nosotros”. Para Alejandro, tuvieron mucho que ver en ello las Jornadas de la Juventud. “Eran una  forma de atraer a los jóvenes a los valores cristianos, fue serio y claro para indicar hacia dónde iba la Iglesia y a mi me marcó, especialmente, en cómo les hablaba y el espacio  que les daba”. Damián agrega: “No se quedó detrás de un escritorio, sino que salió a la vida enseñando que el mensaje de Jesús se pone en práctica en lo cotidiano”. 
Otra enseñanza vital que rescatan es la del llamado a la santidad. Para Alejandro, Juan  Pablo lo mostró tan claramente con su testimonio que lo hizo deseable para todos. “Los jóvenes siempre se plantean ideales y él marcó un ideal de vida concreto que conduce a lasantidad en  el día a día”, dice. Marianela cree que hay que resignificar la palabra santidad “porque nos imaginamos algo tan inalcanzable que se torna imposible y sin embargo es un llamado para todos”. En esta época que parece que ser santo es una utopía, Damián asegura que “ver cómo vivió su vida, hace más cercana la idea de santidad”. Cualquiera puede verse reflejado en él, agrega Fernando, “desde el tipo que va a laburar todos los días, el joven que va al colegio, el deportista, el  anciano, porque él fue todo eso”. Más que quienes les enseñan con palabras, aseguran que los jóvenes siguen a aquellos a los que puedan imitar. “Es que estamos acostumbrados a ver a los santos en las estampitas – agrega Damián- y los jóvenes quieren personas de carne y hueso, que les muestre que es posible vivir la  fe en lo cotidiano”. 
Tal vez porque hoy la vejez es sinónimo de decadencia o algo que hay que disimular  con cirugías, todos los estudiantes se mostraron impresionados por las apariciones de Juan Pablo II antes de morir. 
“Fue un Papa que revalorizó la ancianidad -señala Alejandro-, una persona que a pesar de sus dificultades motrices podía ser joven”. Para Marianela, la expresión de su rostro y sus últimos gestos mostraban a Cristo. “Recuerdo verlo en televisión ya muy enfermo, con mucha limitación física, festejando con los brazos levantados. Nuestra tarea –dicees seguir transmitiendo su alegría, esas ganas de vivir que tuvo hasta su muerte”. Durante sus 27 años de papado, el pontífice llegado de Polonia también supo dejar un fuerte legado misional. Fueron fundamentales los signos de sus 104 viajes apostólicos fuera de Roma que, según Fernando, imprimieron en los jóvenes la seguridad de que se puede llegar al otro manteniendo el diálogo, buscando la unión y la paz. Amado y respetado por todos, aún por aquellos que no compartían sus ideas o su fe, coinciden en que la beatificación de Juan Pablo II fue “un mimo de Dios, como si nos dijera, ‘esta vida tiene sentido’ e hizo que hoy muchos jóvenes deseemos y soñemos alcanzar eso”.