Misa en el santuario de Sastin, Eslovenia

El Papa se despide con un llamado a los cristianos a ser más solidarios

"No se trata de ser hostiles al mundo, sino signos de contradicción en el mundo", planteó, y exhortó a ser "tejedores de diálogo allí donde las posiciones se endurecen". Finaliza la visita con un baño de masas ante 50.000 personas y buen estado de salud.
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El papa Francisco pidió este miércoles cristianos abiertos al diálogo y a la solidaridad al celebrar la última misa de su gira de cuatro días por Eslovaquia ante casi 50.000 fieles.

"No se trata de ser hostiles al mundo, sino signos de contradicción en el mundo", planteó el pontífice ante la multitud que participó de la misa celebrada en el santuario de Sastin, a 70 kilómetros de la capital Bratislava.

En su homilía, el Papa pidió así "cristianos que saben mostrar con su vida la belleza del Evangelio, que son tejedores de diálogo allí donde las posiciones se endurecen, que hacen resplandecer la vida fraterna allí donde a menudo en la sociedad hay división y hostilidad, que difunden el buen perfume de la acogida y de la solidaridad allí donde los egoísmos personales y colectivos predominan con frecuencia, que protegen y cuidan la vida donde reinan lógicas de muerte".

Puso el ejemplo de María la Dolorosa que, "al pie de la cruz" donde moría su hijo, "no escapa, no intenta salvarse a sí misma, no usa artificios humanos y anestésicos espirituales para huir del dolor".

Y que este gesto invita a los católicos a "la compasión" con "el que está herido, el que sufre y el que está obligado a cargar cruces pesadas sobre sus hombros".

El pedido de un cristianismo abierto al diálogo y la acogida de inmigrantes fue una constante de la visita del Papa, en medio de las tensiones entre el Vaticano y algunos líderes cristianos conservadores del centro de Europa, como el húngaro Viktor Orban, que se amparan en la religión para justificar sus mensajes xenófobos.

La misa de este miércoles, día feriado en Eslovaquia por la denominada "Virgen Dolorosa" a la que está dedicada el santuario, es la última actividad del pontífice en el país, al que llegó el domingo tras un breve paso por Budapest.

En su homilía, el Papa pidió a los cerca de 50.000 fieles presentes que calcularon los organizadores "una fe que no se queda en lo abstracto, sino que penetra en la carne y nos hace solidarios con quien pasa necesidad".

El arzobispo de Bratislava, Stanislav Zvolenský, en su saludo de despedida al pontífice remarcó: "Gracias santidad, por habernos recordado que nos tenemos que ocupar de los pobres, que no podemos ignorar los que se han quedado atrás y necesitan nuestro ayuda".

Tras la misa, el Papa retornará desde Bratislava hacia Roma a las 13.45, donde aterrizará en el aeropuerto Ciampino a las 15.30 locales (10.30 de Argentina).

El Papa mostró un buen estado de salud


Así, Francisco se despidió de Eslovaquia tras un viaje intenso en el que se le ha visto en forma tras su reciente operación y en el que han regresado, tras la pandemia, los baños de multitudes durante sus visitas internacionales.

El papa, de 84 años, disipó todas las dudas sobre su estado de salud tras la operación de colon de julio pasado y por la que tuvo que estar ingresado diez días, ya que se ha mostrado en forma, sin dar señales de cansancio, como en otros viajes internacionales, durante la intensa visita que emprendió el pasado domingo en Budapest y Eslovaquia.

Esta visita ha servido también al pontífice para reencontrarse con las multitudes de fieles y subirse al papamóvil para estar entre ellos, algo que no hacía desde que comenzó la pandemia, cuando se suspendieron sus viajes apostólicos y audiencias generales en la plaza de San Pedro.

Las horas subido al vehículo de pie son un gran esfuerzo para el pontífice argentino, que sufre de dolorosas ciáticas, pero que siempre ha disfrutado de estar entre la gente.

Aunque uno de los discursos al clero de Hungría prefirió pronunciarlo sentado -"Porque ya no tengo 15 años" comentó-, el resto los ha hecho en pie, a pesar de tener la posibilidad de sentarse, como hizo durante el encuentro con los jóvenes o en su visita al barrio gitano de Lunik IX en Kosice.

Solo en un par de ocasiones, antes de la reunión con el primer ministro, Viktor Orban, y en el palacio presidencial eslovaco utilizó un pequeño coche eléctrico para no caminar demasiado.

En Eslovaquia, donde la situación sanitaria no es buena, con ciudades en zona roja y naranja, se registraron varias reuniones multitudinarias con el papa. En un primer momento sólo se permitió el acceso a los actos a las personas vacunadas, pero finalmente se abrió a los no vacunados con la necesidad de presentar una prueba negativa al coronavirus, ya que no se habían registrados muchos fieles.

En Eslovaquia sólo el 40,5 por ciento de la población mayor de 12 años está vacunada con la pauta completa.


Fuente: Telam / EFE