YA RECIBIO VARIOS ENCARGOS DEL PONTIFICE

El pintor elegido por Francisco

Por: María Montero

Se trata del argentino Gustavo Masó, el que llevó a la tela el abrazo por la paz que se dieron en 2014 el Papa, el rabino Abraham Skorka y el islámico Omar Abboud. Ahora trabaja sobre la Ultima Cena.
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En coincidencia con el aniversario del histórico abrazo del Papa con sus amigos, el rabino Abraham Skorka y el dirigente musulmán Omar Abboud, frente al Muro de los Lamentos en mayo de 2014, se presentó, meses atrás, en el Museo del Bicentenario de Buenos Aires, la obra “Atravesar lo invisible”, del artista argentino Gustavo Masó, quién estableció, sin proponérselo, un vínculo con Francisco. El primer contacto de Masó con el pontífice argentino surgió en agosto de 2013, a través del proyecto Conexión Intrauterina, que tiene como modelo a Gustavo Cerati, pero que está relacionado con la gestación de su hijo, Luca, que luego de perderse en el útero de su madre reapareció repentinamente unos días después, sin que los médicos pudieran explicarlo.

“Por vía de esta obra me escriben desde el Vaticano, para pedirme dos cuadros sobre la santificación de Juan XXIII y de Juan Pablo II”, explica Masó. Entonces, acordó con
el Papa, una obra interreligiosa por la paz. “Claro que todavía no había ocurrido el gesto del abrazo -seña- la Masó-, que para mí fue un disparador que me llevó a querer amplificar ese mensaje de paz”. La pintura en forma de cerradura, muestra los rostros de los tres líderes religiosos con las Escrituras Sagradas, intervenidas por cada uno con la palabra Paz. Francisco escribió en español sobre la Biblia, Skorka en hebreo sobre la Torá, y Abboud en árabe sobre una filmina transparente apoyada sobre El Corán, debido a que el Islam pro- híbe escribir sobre ese libro.

“La imagen es surrealista –advierte Masó- y refleja el lado invisible del abrazo, en la que se ven puentes que los unen, lupas que representan la expansión y espejos
que dan la idea de introspección, donde a través del otro uno puede encontrarse con uno mismo”.

El artista interpreta el formato de cerradura “como nuestra forma de actuar, que se transforma en una llave que puede conducirnos hacia diferentes lugares, uno es la paz. Y ese espacio de armonía, que se encuentra dentro nuestro -dice- puede ser abierto sólo por nosotros, que somos nuestra propia llave”. La obra fue expuesta en el Teatro Colón, acompañando un simposio del Instituto de Diálogo Interreligioso, en el marco de los conciertos realizados por Daniel Barenboim. Próximo a encontrarse por tercera vez con Francisco, Gustavo Masó trabaja en otro proyecto avalado por el Papa: la representación de la Última Cena.