El recuerdo del dolor del pueblo judío

Por: Daniel Goldman

Tres semanas de duelo. En estos días, la comunidad hebrea rememora algunos hechos trágicos de su historia.
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Una etapa de tres semanas de duelo se posa sobre el calendario hebreo en esta época del año. Este período se denomina “Bein Hametzarim”-”Entre los estrechos”, y va desde el día 17 de Tamuz (que coincide en el 2021 con el 27 de junio), hasta el día 9 de Av (que concuerda con el domingo 18 de julio).

Originalmente la observancia de estos tiempos de desconsuelo conmemoran el ciclo que transcurrió entre el primer quiebre de los muros de Jerusalén en el 586 a.e.c., acción perpetrada por las tropas babilónicas bajo el mando del rey Nabucodonosor, hasta la destrucción del Primer Templo de Jerusalén, símbolo del comienzo del exilio y la dispersión.

La antigua literatura bíblica revelada en el libro de Lamentaciones, cuya autoría se le atribuye al profeta Jeremías, da cuenta del alcance del tormento en la Sagrada Ciudad y el inconmensurable dolor que padecieron sus habitantes. Cada palabra de este dramático texto, compuesto por 5 poemas que toman la figura de la urbe como si fuese una princesa abandonada y castigada, reviste la catástrofe de seres desplazados y abandonados en un desfiladero, y a la suerte de un abismo de desconsuelo y aflicción.

Las leyes rituales que se observan durante esta etapa representan el tiempo de penuria y sufrimiento. Entre las varias costumbres se destacan la prohibición de las bodas y otros festejos, así como la abstención del afeitado y el corte de cabello. Estas proscripciones van aumentando con vigor en los últimos 9 días, en donde, por ejemplo, la ingesta de carne y vino (símbolos de regocijo) están vedados. La intensidad del duelo llega finalmente en el día 9 de Av, en el que además de la destrucción del Sagrado Templo también se recuerdan otras desgracias, que incluyen la expulsión de los judíos de España en 1492, el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 y la deportación en masa de los judíos del Gueto de Varsovia al Campo de Exterminio de Treblinka en 1942. Entre las múltiples tragedias que se cernieron en esta fecha, los avatares de los tiempos que se legitiman, hacen que este año coincida con el 27 aniversario del vandálico atentado a la AMIA. Hoy, como antaño, los familiares en los exilios de la incerteza siguen clamando por justicia.

En general, la historia que se recuerda suele ser la de las hazañas. En cambio, la saga del dolor ocupa en el pueblo judío un lugar indeleble, en el que la memoria simboliza una interpelación ética que se enlaza con un cuestionamiento teológico profundo y que adquiere un peso determinante en la identidad colectiva. Paradójicamente ese dolor orienta la cultura y afianza una fe que apuesta a una época de igualdad y libertad. En este sentido, la tristeza del duelo que se plasma en la dimensión temporal y que se complementa con la vivencia comunitaria, ofrece un contenido que llena un universo simbólico, en donde lo quebrado vuelve a unirse y lo perdido vuelve a recuperarse. Ello otorga un significado de misión que estimula la esperanza.