INICIATIVA DE SCHOLAS OCCURRENTES EN MAR DEL PLATA

El surf como tabla de inclusión de los jóvenes

Por: María Montero

El proyecto “Escuela de mar y playa”, que suma al deporte el arte, busca que los adolescentes descubran su potencial.
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Pleno mediodía. Todavía hace frío a pesar de que la primavera ya está avanzada. El día es claro, el viento sopla suave y el sol radiante hace que la espuma de las olas refleje un brillo plateado. La playa está vacía durante la semana, salvo por un grupo de chicos que corren hacia el mar con tablas de surf. Llegan en una combi desde los barrios alejados del sur de Mar del Plata. Hasta hace un tiempo alguno de ellos, incluso, no conocía el mar. Hoy, a través del proyecto “Escuela de mar y playa”, un espacio pensado para la inclusión de los jóvenes a través del surf, el juego y el arte, comparten sus sentimientos y aprenden a conocerse y valorarse.

La propuesta es una de las tantas iniciativas de la fundación pontificia Scholas Occurrentes para generar experiencias educativas que transformen la vida de los jóvenes de todo el mundo. El origen de esta escuela tuvo lugar en Mozambique en 2018 y a principios de este año llegó a la costa atlántica. Primero, en la playa Acantilados, de Mar del Plata, y ahora, en el parador del hotel 5 del Complejo de Chapadmalal.

Durante tres meses unos 25 chicos entre 13 y 17 años se reúnen de lunes a viernes de 13.30 a 16.30 a aprender a surfear, pero también literatura, expresión corporal, teatro, música y actividades que tienen que ver con el surf fuera del agua, como el clima, los vientos y las mareas.

Cada mes reciben, además, alguna visita de expertos, como la que realizó una bióloga marina para hablar sobre la fauna oceánica y cómo afecta al ecosistema. En otra oportunidad, un equipo de literatura trabajó sobre poesía, y también se desarrolló un taller de títeres. “La idea es que los chicos salgan conociéndose a sí mismos, porque en la escuela o en el barrio nadie pregunta quién sos o qué te gusta, no hay tiempo para mostrarse”, dice Malena Becco, una de las coordinadoras. Y agrega: “El objetivo principal es que descubran quienes son alejados del rendimiento porque aquí no hay exámenes. Ellos mismos se van descubriendo en las cosas que les gusta que puede ser el cine, leer, surfear o pintar”.

“Esta propuesta se conecta además con la encíclica Laudato Si’ y con otros proyectos de Scholas –refiere Matías Antón, otro de los coordinadores- y también con la pasión que significa tener un proyecto, una vida con sentido. En mi caso –continúa-, si bien soy licenciado en Administración de Empresas, mi pasión es el surf. Fui a trabajar y a surfear con los chicos de Mozambique, ahora la idea es expandirla para que haya un intercambio con otros países”

En el acto de cierre de la última camada, muchos jóvenes dieron testimonio de cómo habían cambiado sus vidas en tan poco tiempo. “Me cuesta ponerlo en palabras –dijo una de las participantes- pero me ayudaron a superar un montón de inseguridades, ahora soy yo, me dieron mucha confianza, mucha paz y mucha libertad. A más de uno le sirvió para alejarse de problemas o del barrio o las drogas y esto es algo único que me gustaría que siguiera toda la vida”.

“Ahora veo las cosas de otra manera –describió otra-, nunca me había tomado el tiempo de ver y encontrar la belleza en lo cotidiano”. Uno de los chicos agregó: “Es una forma de abrirse al mundo, cuando uno es cerrado frente a otros pibes que no conoces y ellos también se abren, es como formar una familia”. “Es que el surf es terapéutico –opina Matías- solo se necesita una tabla, conocer el mar y te abre la cabeza en muchos aspectos”.

Para entenderlo, tal vez la mejor síntesis entre este deporte y la vida sea la que estableció otro de los jóvenes participantes: “Una vez que encontrás el equilibrio y todo fluye, uno quiere que la ola siga, pero esos pequeños momentos uno los disfruta muchísimo”.

El ciclo de esta camada de participantes acaba de finalizar, pero la Escuela ya está inscribiendo para el que comienza este mes. La convocatoria la hacen los mismos chicos que hicieron la experiencia y quieren que sus amigos y familiares puedan vivir lo mismo. Por su parte, Malena invita a los alumnos de las escuelas donde trabaja en los barrios humildes de Mar del Plata, al igual que el padre Santiago Arriola –también surfista que conoce bien la barriada. Y hasta se suman los surfistas de la ciudad a través de sus redes sociales. La idea es que –parafraseando al Papa Francisco- ningún chico se quede sin la oportunidad de descubrir su propia identidad en el encuentro con otros.